AfD arrasa con 44% en Alemania y pone contra las cuerdas al sistema político

Alternativa para Alemania obtuvo 43,8% de los votos en Sajonia-Anhalt y dejó a la CDU a más de 26 puntos. El resultado lleva a Alemania a una discusión que ya atraviesa a Francia y otros países europeos: qué ocurre cuando una fuerza situada fuera de los acuerdos tradicionales se convierte en la primera opción electoral.

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Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo 43,8% de los votos en las elecciones de Sajonia-Anhalt, más del doble de su resultado de 2021, y consiguió su mejor desempeño electoral desde su fundación. La CDU, el partido del canciller Friedrich Merz, quedó segunda con 17,2%. La diferencia entre ambas fuerzas superó los 26 puntos.

El resultado no entrega automáticamente el gobierno regional a la derecha radical. Quedó por debajo de la mayoría absoluta y necesitará apoyos de otros legisladores para alcanzar el Ejecutivo. Pero la dimensión del triunfo modifica el problema político que Alemania enfrenta desde hace años.

Hasta ahora, la discusión giraba alrededor de cuánto podía crecer AfD. Después de Sajonia-Anhalt aparece otra pregunta: cómo se organiza un sistema político cuando una fuerza que permanece fuera de las coaliciones posibles se aproxima, en algunas regiones, a la mitad del electorado.

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El límite de la estrategia alemana

Alemania desarrolló una de las barreras políticas más estrictas de Europa frente a la extrema derecha. La denominada Brandmauer —literalmente, muro cortafuegos— supone que los partidos tradicionales no forman gobiernos ni acuerdan mayorías con esa fuerza.

La estrategia resulta relativamente sencilla cuando el partido excluido representa 10% o 15% de los votos. La aritmética cambia cuando alcanza 43,8% y deja a su principal competidor a más de 26 puntos.

En Sajonia-Anhalt, esa dificultad dejó de ser teórica. Ulrich Siegmund, candidato de AfD a encabezar el gobierno regional, anunció que buscará una mayoría entre otras fracciones y legisladores individuales. El BSW, que consiguió 5,3%, anticipó que podría abstenerse en una eventual tercera votación para elegir al jefe del gobierno regional.

La CDU mantiene su negativa a cooperar. Merz volvió a descartar cualquier acuerdo después de las elecciones. La derrota resulta particularmente significativa porque los democristianos habían encabezado todos los gobiernos de Sajonia-Anhalt desde 2002.

La paradoja de las coaliciones

El problema excede la posibilidad inmediata de formar gobierno.

Como Mercado viene observando en Francia y otros sistemas políticos europeos, el crecimiento de fuerzas situadas fuera de los acuerdos tradicionales obliga a construir coaliciones cada vez más amplias entre partidos con diferencias ideológicas importantes.

Conservadores, socialdemócratas, liberales, verdes o fuerzas de izquierda pueden terminar compartiendo gobiernos o acuerdos parlamentarios pese a sus diferencias. Esa convergencia resuelve la formación de mayorías, pero genera una consecuencia política: permite a la fuerza excluida presentarse como la principal alternativa al resto del sistema.

Sajonia-Anhalt lleva esa contradicción a una escala inédita en la Alemania de posguerra. La diferencia no fue marginal: la primera fuerza recibió más de dos veces y media los votos obtenidos por la CDU.

De Francia a Alemania

El fenómeno tiene paralelos con Francia, aunque los sistemas políticos y las fuerzas involucradas son diferentes.

Durante años, el denominado frente republicano francés permitió concentrar votos de partidos distintos para impedir triunfos del entonces Frente Nacional y, posteriormente, de Reagrupamiento Nacional. El crecimiento electoral de la fuerza asociada a Marine Le Pen hizo progresivamente más difícil reproducir ese mecanismo.

El problema es aritmético, pero también político. Cuanto mayor es una fuerza situada en los extremos, más heterogéneas deben ser las alianzas de sus adversarios para construir mayorías. Y esas alianzas pueden alimentar el argumento de que las diferencias entre los partidos tradicionales se han reducido.

Francia reaccionó rápidamente al resultado alemán. El ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, advirtió sobre la normalización de las ideas extremistas, mientras dirigentes de distintas fuerzas francesas interpretaron la elección como una señal que excede las fronteras alemanas.

La comparación tiene además una dimensión temporal. Francia se dirige hacia una nueva elección presidencial con una derecha radical instalada desde hace años como una de las principales fuerzas nacionales. Alemania parecía conservar una resistencia electoral mayor. El resultado de Sajonia-Anhalt obliga a revisar esa diferencia, al menos en parte del este del país.

El problema de Merz

El resultado también golpea directamente al canciller Friedrich Merz.

En las elecciones federales de 2025, AfD había conseguido más de 20%. En Sajonia-Anhalt prácticamente duplicó ese registro. El este alemán constituye desde hace años su principal territorio electoral, por lo que trasladar mecánicamente el resultado regional al conjunto del país sería incorrecto.

Pero la magnitud de la diferencia cambia los incentivos dentro de la propia CDU.

El desafío para los democristianos ya no pasa solamente por definir con quién pueden acordar. También deben encontrar una estrategia capaz de recuperar electores sin adoptar una agenda que termine fortaleciendo a su principal competidor en el este.

Siegmund busca explotar esa tensión. Su estrategia no consiste únicamente en negociar con las conducciones partidarias: también pretende acercarse individualmente a legisladores conservadores y de otras fuerzas.

El problema para Merz tiene así dos dimensiones. Debe preservar la capacidad de construir mayorías y, al mismo tiempo, contener una pérdida de electores que empieza a modificar el mapa político de una parte del país.

Por qué importa para Europa

Alemania no es solamente otro caso dentro del desplazamiento político europeo. Es la mayor economía de la Unión Europea y uno de los dos pilares, junto con Francia, sobre los que se construyen buena parte de las decisiones comunitarias.

Defensa, asistencia a Ucrania, inmigración, política industrial, relación con Rusia, gasto militar y vínculo con Estados Unidos dependen en buena medida de las decisiones que se toman en Berlín.

La derecha radical alemana cuestiona varios componentes de ese consenso. Propone una política migratoria considerablemente más restrictiva, reclama modificar la relación con Rusia y se opone a aspectos centrales de la actual política hacia Ucrania y la integración europea.

Por eso, no necesita llegar a la Cancillería para empezar a condicionar la política nacional. Su crecimiento puede modificar las posiciones de la CDU, alterar las coaliciones posibles y elevar el costo político de determinadas decisiones del gobierno federal.

Ese mecanismo ya se observa en otros países europeos: fuerzas que permanecen fuera del Ejecutivo consiguen desplazar la agenda porque los partidos tradicionales intentan recuperar a sus votantes.

Una nueva etapa para la política alemana

Sajonia-Anhalt tampoco permite concluir que Alemania haya girado en bloque hacia la extrema derecha. Las diferencias entre el este y el oeste siguen siendo importantes y trasladar mecánicamente este resultado al conjunto del país sería incorrecto.

Pero el 43,8% marca un cambio de escala. Una fuerza que durante años fue tratada como un actor situado en los márgenes del sistema obtuvo ahora más de dos veces y media los votos de la CDU en un estado gobernado por los democristianos desde 2002.

La consecuencia no se limita a quién gobierne Sajonia-Anhalt. Cuando un partido se acerca a la mitad de los votos, empieza a modificar también las decisiones de quienes compiten contra él: qué alianzas construyen, qué políticas priorizan y hasta dónde están dispuestos a acercarse a sus posiciones para recuperar electores.

Ese efecto puede trasladarse a Berlín. Inmigración, defensa, Ucrania, relación con Rusia y política europea son algunas de las áreas en las que el crecimiento de la derecha radical puede aumentar la presión sobre el gobierno de Merz aun sin participar del Ejecutivo.

Y allí reside el cambio que deja esta elección. Alemania ya no enfrenta solamente el crecimiento de AfD. Empieza a enfrentar las consecuencias de ese crecimiento sobre su propio sistema de gobierno.

Sajonia-Anhalt puede ser una excepción regional o anticipar una transformación más amplia. Las próximas elecciones permitirán medirlo. Pero el 43,8% dejó una señal difícil de ignorar: en una parte de Alemania, la extrema derecha ya no disputa los márgenes. Disputa el centro del poder.

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