Hace cinco años que Édouard Philippe prepara una candidatura presidencial. Pero la naturaleza de esa candidatura está cambiando. El dirigente que inicialmente parecía destinado a administrar la herencia moderada de Emmanuel Macron intenta ahora algo más ambicioso: reunir bajo una misma candidatura al centro y a una parte sustancial de la derecha francesa.
No resulta preciso clasificarlo simplemente como un candidato de derecha. Philippe fue Primer Ministro de Macron entre 2017 y 2020, creó Horizons en 2021 y pertenece al bloque que gobernó Francia durante buena parte de la última década. Pero tampoco proviene históricamente del centro: militó durante años en la derecha republicana y fue políticamente cercano a Alain Juppé.
Esa doble pertenencia, que podía parecer una debilidad, constituye ahora el centro de su estrategia. Philippe busca convertirse en el punto de encuentro entre los antiguos votantes macronistas y la derecha moderada que no quiere acompañar al Rassemblement National (RN).
Del centro a la unión de la derecha y el centro
El movimiento quedó expuesto durante los últimos meses. Philippe comenzó a definir su candidatura como una operación de “reunión de la derecha y del centro” y a presentar ese espacio como una familia política que comparte principios básicos: economía de mercado, pertenencia a la Unión Europea, defensa del Estado de derecho y una concepción reformista del Estado.
Su propuesta va más allá de una alianza electoral. Ha planteado incluso la posibilidad de construir después de las presidenciales una nueva organización o confederación política capaz de presentar candidatos comunes en las elecciones legislativas y sostener un acuerdo de mayoría.
Es un cambio importante respecto de la primera etapa de su candidatura. Cuando Mercado analizó su trayectoria, Philippe aparecía fundamentalmente como la apuesta a que el centro todavía podía constituir un espacio autónomo de gobierno. Ahora intenta ampliar esa frontera. El objetivo no consiste solamente en heredar una parte del macronismo, sino en reorganizar el sistema político que quedará después de Macron.
La razón es principalmente electoral.
Una ventaja que depende de sus competidores
Las últimas encuestas muestran hasta qué punto la fragmentación constituye el principal problema de Philippe.
Una medición reciente de Ipsos/BVA ubica a Marine Le Pen entre 34% y 36% de las intenciones de voto para la primera vuelta. Philippe aparece como el candidato moderado con mayores posibilidades de disputar el segundo lugar, pero su resultado cambia significativamente según quiénes compitan dentro de su propio espacio.
Cuando Gabriel Attal también se presenta, Philippe obtiene 14,5%, frente a 15% de Jean-Luc Mélenchon y 7,5% de Attal. En esa configuración quedaría fuera de la segunda vuelta.
Sin Attal, la situación cambia. Philippe alcanza alrededor de 19%, Mélenchon queda cuatro puntos detrás y Bruno Retailleau, de Los Republicanos, obtiene 7,5%. El antiguo Primer Ministro pasaría entonces a la segunda vuelta como principal adversario de Le Pen.
No se trata de un fenómeno aislado. Otras mediciones también muestran a Philippe generalmente por encima de Attal y Retailleau dentro de ese espacio.
La candidatura, por lo tanto, tiene una particularidad: su principal reserva de votos no parece encontrarse fuera de su espacio político, sino dentro de él.
Attal, el competidor más peligroso
Gabriel Attal representa el problema inmediato. También fue Primer Ministro de Macron y dirige Renaissance, por lo que disputa una parte considerable del mismo electorado.
Los dos dirigentes mantienen estrategias diferentes. Attal intenta preservar la lógica original del macronismo: superar la división tradicional entre izquierda y derecha y atraer simultáneamente sectores moderados de ambos campos. Philippe parece haber llegado a otra conclusión: considera que la recomposición debe construirse principalmente desde una alianza entre el centro y la derecha reformista.
En términos económicos, sin embargo, las diferencias son menores. Ambos han defendido la reducción de impuestos a la producción, una flexibilización de determinadas regulaciones, reformas del seguro de desempleo y políticas destinadas a aumentar la cantidad de horas trabajadas.
La disputa es entonces tanto política como programática: se trata de determinar quién puede representar con mayor eficacia a un electorado que teme quedar eliminado de la segunda vuelta.
Los dos ex primeros ministros han dejado abierta la posibilidad de que, antes de la elección, el peor ubicado termine cediendo. Pero ninguno tiene incentivos para hacerlo todavía. Philippe rechaza además la idea de unas primarias tradicionales porque considera que ese mecanismo obliga a enfatizar las diferencias dentro de un espacio que pretende reunificar.
La competencia con la derecha tradicional
Bruno Retailleau plantea otro desafío. El dirigente de Los Republicanos representa una derecha más conservadora que Philippe y necesita demostrar que la candidatura presidencial puede regresar al partido que ocupó el Elíseo con Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy.
Philippe apuesta precisamente a lo contrario: considera que una parte de esa estructura puede incorporarse a su candidatura.
Horizons ya reúne a numerosos dirigentes provenientes de la antigua UMP y de Los Republicanos. En los últimos meses se sumaron además apoyos procedentes de diferentes sectores del bloque moderado. Nathalie Kosciusko-Morizet, antigua ministra y figura histórica de la derecha republicana, fue uno de los respaldos utilizados para mostrar esa capacidad de ampliación.
Su primer gran acto de campaña, realizado en París en julio ante unas 5.000 personas según los organizadores, mostró esa composición. Allí confluyeron dirigentes de Horizons, antiguos integrantes de Los Republicanos, representantes del MoDem y figuras procedentes del macronismo.
Philippe intenta demostrar que esa combinación puede reproducirse entre los votantes.
La ventaja de haber empezado antes
El otro activo sigue siendo el tiempo.
Nacido en Rouen en 1970, Philippe fue Primer Ministro entre 2017 y 2020 y gobierna Le Havre desde 2010. En marzo volvió a ganar la elección municipal de la ciudad con 47,7% de los votos, un resultado que le permitió conservar una base electoral propia antes de iniciar la etapa decisiva de la campaña presidencial.
También construyó con anticipación la estructura partidaria. Horizons nació en octubre de 2021 y cuenta con alrededor de 40.000 afiliados. La organización fue diseñada desde el comienzo para sobrevivir al final del mandato de Macron y proporcionar a Philippe una plataforma nacional propia.
Ese trabajo territorial explica parte de su estrategia actual. Philippe sostiene que el espacio político que pretende representar no puede heredarse: debe construirse.
La definición contiene además una toma de distancia respecto de Macron. Philippe necesita parte de los votantes que respaldaron al actual Presidente, pero no puede presentarse simplemente como su sucesor. Después de diez años de macronismo, la continuidad pura difícilmente pueda funcionar como programa presidencial.
El problema sigue siendo Marine Le Pen
Toda esta competencia ocurre mientras el RN conserva una ventaja muy amplia.
Las mediciones recientes colocan a Marine Le Pen por encima del 33% y, en algunos escenarios, cerca del 36%. Ningún candidato del resto del sistema político se aproxima individualmente a esos números.
Eso modifica la lógica de la elección. Para Philippe, Attal y Retailleau, la primera vuelta puede transformarse antes que nada en una carrera por determinar quién evita la dispersión suficiente para ocupar el segundo lugar.
En ese contexto, Philippe posee hoy una ventaja concreta: es el candidato del centro y la derecha moderada que obtiene mejores resultados cuando ese electorado se concentra detrás de un solo nombre.
Pero esa fortaleza contiene también su principal vulnerabilidad. Con alrededor de 19% puede disputar cómodamente el acceso a la segunda vuelta. Con 14,5%, producto de la fragmentación del mismo espacio, puede quedar eliminado.
La candidatura que durante años se construyó alrededor de la paciencia entra así en una etapa diferente. Philippe ya creó un partido, conservó su territorio electoral y consiguió instalarse como presidenciable. Ahora necesita realizar una operación más compleja: convencer a dirigentes y votantes de que la unión de la derecha moderada y el centro no es solamente su estrategia para llegar al Elíseo, sino la condición para que ese espacio llegue siquiera a la segunda vuelta.












