El sistema de franquicias gana lugar como opción de inversión entre futbolistas que buscan organizar su etapa posterior a la actividad profesional, en un contexto donde el retiro suele llegar temprano y el ingreso puede cortarse de manera abrupta. La carrera de élite dura entre ocho y 11 años y finaliza, en promedio, entre los 31 y los 35, con un impacto que excede al jugador porque, en muchos casos, el sueldo sostiene a un grupo familiar entero.
Ese esquema familiar suele construirse alrededor de la carrera: mudanzas por transferencias, cambios de escuela y acompañamiento de padres y hermanos. La mayoría llega a esa “fecha de vencimiento” sin un plan, y la planificación de una segunda etapa aparece como un desafío recurrente.
Un relevamiento citado en este marco es la encuesta Mind the Gap, realizada por investigadores de la Universidad de Bruselas para FIFPro entre 282 jugadores y jugadoras de 33 países. El estudio mostró que un 54% no recibió asistencia para planificar su segunda carrera; además, para un 46% el final llegó de manera inesperada —por una lesión u otra razón— y solo un 33% dijo sentirse con confianza sobre esa etapa.
Del inmueble al negocio operado
Históricamente, el destino del ahorro del futbolista se concentró en el “ladrillo”: departamentos para alquiler, lotes o participaciones en desarrollos inmobiliarios. Ese camino sigue vigente, pero dejó de ser el único, y en los últimos años creció de manera sostenida un segundo destino: la franquicia.
La diferencia entre ambas alternativas no se vincula con el monto, sino con el trabajo requerido. Mientras el inmueble puede generar renta sin operación cotidiana, un local exige apertura y gestión diaria. Por eso, en la mayoría de los casos, el jugador aporta el capital y la decisión, y la operación queda en manos de la familia —la pareja, un hermano o el padre— mientras el deportista continúa entrenando o jugando en el exterior.
En ese esquema, la franquicia aporta una marca probada, procesos escritos, proveedores y capacitación, lo que reduce la necesidad de “inventar” un negocio desde cero y ordena la tarea de operar un formato ya replicado en distintos puntos del país. Un caso reciente mencionado es el de Carlos Quintana, ex defensor de Rosario Central, que abrió una franquicia de la panadería y cafetería Heroica en Palermo.
Qué cambió en las consultas
Marcelo Bernardini, socio fundador de Franquicias Que Crecen, describió un cambio en el perfil de quienes se acercan: “Hoy vienen ellos a la oficina (…) para entender el negocio, los números”, dijo Bernardini. También remarcó un corrimiento en el momento de consulta: “Están armando el segundo tiempo mientras todavía juegan el primero”, afirmó.












