La Fundación Tejido Urbano publicó un informe sobre alquileres e inquilinos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) que dimensiona el peso del mercado locativo y su impacto socioeconómico. Con estimaciones basadas en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del cuarto trimestre de 2025 y la Encuesta Anual de Hogares (EAH) 2025, el documento ubica entre 425.000 y 500.000 los hogares que viven en viviendas alquiladas, lo que implica que más de un millón de personas residen bajo ese régimen.
Las dos fuentes estadísticas muestran resultados consistentes respecto de la extensión del alquiler. La EPH estima que el 33,8% de los hogares porteños son inquilinos, mientras que la EAH eleva esa proporción al 36,2%. En términos demográficos, el tamaño promedio de los hogares inquilinos se mantiene cercano al del total de la Ciudad: según la EPH, ambos registran aproximadamente 2,4 integrantes por hogar; la EAH marca una diferencia mínima, con 2,2 personas entre los inquilinos frente a 2,3 en el total. El informe interpreta que las brechas entre propietarios e inquilinos se explican principalmente por condiciones económicas y patrimoniales.
Uno de los ejes del trabajo es la denominada “pobreza invisible”, a partir de un ejercicio que descuenta el monto del alquiler estimado del ingreso total familiar para calcular el ingreso disponible y reclasificar la estratificación. En ese esquema, 233.284 personas de hogares inquilinos modifican su nivel de estratificación, el equivalente a cerca del 8% de la población de la ciudad y cerca de un cuarto de la población inquilina. En términos agregados, la indigencia se expandiría del 1,9% al 6,9% y la pobreza aumentaría del 7% al 9,7%. “La pobreza ‘tradicional’ subestima la fragilidad”, sostiene el informe.
El documento también releva cambios en las trayectorias residenciales. En 2005, la transición del alquiler a la propiedad ocurría mayormente entre los 30 y 35 años; en 2025, el punto de equilibrio entre propietarios e inquilinos se alcanza entre los 40 y 44, y la propiedad comienza a predominar a partir de los 45 años. “El alquiler dejó de ser una etapa breve… para convertirse en una modalidad habitacional que acompaña buena parte de la vida adulta”, afirma el trabajo.
En precios, el informe identifica una etapa de mayor estabilidad: entre junio de 2025 y junio de 2026 los alquileres aumentaron 27,5%, por debajo de la inflación general del período (31%). A junio de 2026, el alquiler promedio estimado fue de $509.850 para un monoambiente de 30 m², $781.021 para un dos ambientes de 43 m² y $1.189.651 para un tres ambientes de 70 m². En paralelo, el salario real permanece aproximadamente un 23% por debajo de diciembre de 2016.
La accesibilidad también aparece condicionada por la “barrera de entrada” al mercado: para un dos ambientes con alquiler promedio de $781.021, el desembolso inicial mínimo por depósito y adelanto suma $1.562.042; al incorporar un seguro de caución calculado sobre alquiler y expensas estimadas en torno a $200.000, el costo de ingreso se ubica entre $2.974.712 y $3.327.880, sin contemplar mudanza ni otros gastos. En ese marco, el informe concluye: “La accesibilidad habitacional continúa siendo un problema… más por la fragilidad económica de los hogares urbanos”.












