El Centro de Estudios en Ciberentornos y Sociedad Digital presentó en julio de 2026 el informe “Infraestructura crítica y ciberpoder: el nuevo mapa de influencia internacional”, una investigación enfocada en cómo el desarrollo tecnológico y el control de la infraestructura digital modifican el equilibrio de poder entre países.
El trabajo plantea que la infraestructura crítica internacional dejó de ser un asunto circunscripto al ámbito técnico para incorporarse a la agenda geopolítica. En esa definición, incluye plataformas digitales, centros de datos, servicios en la nube y cables submarinos. El informe sostiene que la planificación y el desarrollo de estos activos respaldan una parte relevante de la actividad económica, financiera y gubernamental a escala global, y que su disponibilidad y control inciden cada vez más en la capacidad de influencia de los Estados.
En ese marco, Patricio Degiorgis, director ejecutivo del Centro de Estudios en Ciberentornos y Sociedad Digital, afirmó: “Hoy el poder también se mide por la capacidad de desarrollar, administrar y proteger infraestructura digital”. En la misma línea, agregó: “Comprender quién controla esos recursos es clave para entender cómo se está reconfigurando el escenario internacional”.
El análisis identifica la consolidación de dos grandes polos tecnológicos. Por un lado, Estados Unidos mantiene una posición dominante en plataformas digitales, software, infraestructura de datos y servicios en la nube. Por el otro, China ganó protagonismo a partir de su expansión en la manufactura tecnológica y en las cadenas globales de suministro, especialmente desde su incorporación a la Organización Mundial del Comercio. Como resultado, el informe ubica a buena parte de los países con distintos niveles de dependencia tecnológica respecto de ambas potencias.
Detrás de ese esquema bipolar, el trabajo coloca a Rusia, definida como una ciberpotencia con capacidad para disputar las reglas del orden digital internacional, aunque con menor peso en infraestructura tecnológica. A la vez, menciona un grupo de países con influencia en sectores específicos: Reino Unido, Australia, Países Bajos, Corea del Sur, Vietnam, Francia e Irán.
Otro eje es el rol de las grandes empresas tecnológicas en la disputa por el control del ecosistema digital. El informe enumera a Google, Microsoft, Amazon y Meta, junto con Alibaba, Tencent y ByteDance, como compañías que administran plataformas, infraestructura y grandes volúmenes de datos esenciales para el funcionamiento de gobiernos, empresas y economías, lo que les otorga un nivel de influencia creciente dentro del escenario internacional.
En esa perspectiva, Ludmila Gonzalez Cerulli, fellowship desde Atlanta y encargada del Observatorio en Geopolítica Tecnológica, sostuvo: “La competencia ya no se limita a los Estados”.
El informe concluye que la capacidad de un país para ejercer influencia ya no depende únicamente de su fortaleza económica o militar, y que la inversión en innovación, investigación, infraestructura crítica, talento y gobernanza de los datos será uno de los factores que marcarán la diferencia en los próximos años; en ese escenario, la soberanía tecnológica y el desarrollo de capacidades propias aparecen como elementos centrales para reducir la dependencia y fortalecer la competitividad de los países.












