El negocio de los chips de IA: quién vende, quién financia… y quién asume el riesgo

Una operación de 63.000 millones de dólares para equipar a Anthropic muestra cómo la expansión de la inteligencia artificial está transformando también el negocio del crédito.
Por Norberto Luongo, para Revista MERCADO

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El fin de semana se acababa y Hock Tan tenía un problema de considerable magnitud. Para ser más precisos: 63.000 millones de dólares.

El director ejecutivo de Broadcom llevaba meses trabajando en una operación destinada a proporcionar a Anthropic —la empresa creadora de Claude— los chips que necesita para expandir su capacidad de inteligencia artificial. El momento era delicado: Anthropic se preparaba para presentar la documentación de su esperada salida a bolsa, y sus socios querían cerrar el acuerdo.

Pero, en la recta final, algunos de los bancos que debían aportar una parte esencial del dinero comenzaron a dudar.

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Las tasas de interés habían subido, la exposición del sector financiero a la inteligencia artificial crecía a gran velocidad, y varios de los prestamistas consideraban que las condiciones ofrecidas ya no compensaban suficientemente los riesgos.

Según The Wall Street Journal, Tan intervino personalmente durante ese fin de semana. Hubo febriles conversaciones de última hora con ejecutivos bancarios y concesiones muy claras: intereses más altos y mayor protección para los prestamistas frente a un eventual incumplimiento de Anthropic.

El acuerdo se cerró. Pero la tensión de las negociaciones dejó una señal para el mercado: Wall Street sigue dispuesta a financiar la carrera de la IA, aunque ahora exige más a cambio de su compromiso.

La carrera por desarrollar inteligencia artificial necesita algo más que talento, algoritmos y usuarios. Necesita enormes cantidades de chips, centros de datos, electricidad y, sobre todo, capital.

El mecanismo financiero utilizado no es una novedad. Lo que llama la atención es su escala y la pregunta que plantea: ¿quién soportará las pérdidas si las expectativas de crecimiento de la IA no se cumplen?

Una compra, un alquiler y una garantía

La operación funciona, en esencia, de la siguiente manera.

Una sociedad creada específicamente para este proyecto recibirá financiación de Bank of America, Citibank, Morgan Stanley y Blackstone. Con ese dinero comprará aceleradores de inteligencia artificial y equipos de red de Broadcom, y después los alquilará a Anthropic. Si, se los alquilará. Por su parte, los pagos de ese alquiler servirán para devolver los préstamos.

Para Anthropic, el arreglo facilita el acceso a una capacidad informática extraordinaria sin tener que comprar todos los equipos de entrada. Para los prestamistas, representa la oportunidad de obtener intereses sobre una infraestructura que responde a una demanda en rápido crecimiento.

Para Broadcom, el beneficio más evidente es la venta de sus equipos. Pero su papel va más allá del de un proveedor tradicional: según The Wall Street Journal, la compañía también ofreció garantías para respaldar parte de la financiación y ayudar a convencer a los bancos de que participaran.

Eso significa que Broadcom no se limita a esperar a que su cliente encuentre el dinero. También contribuye a que la operación sea financiable y, al hacerlo, asume parte del riesgo si las cosas no salen como se espera.

Sobre el papel, cada participante obtiene algo que desea. Anthropic necesita una enorme capacidad de procesamiento para entrenar y operar sus modelos. Esa capacidad depende, entre otras cosas, de chips especializados cuyo costo se cuenta en miles de millones de dólares. Gracias a este acuerdo, gana un acceso privilegiado a esos chips.

Broadcom se asegura una venta extraordinaria de sus productos.

Los bancos y fondos encuentran una oportunidad para financiar infraestructura vinculada con uno de los sectores de mayor crecimiento.

Pero hay una condición: que los pagos futuros lleguen como se espera y que el valor de los equipos ayude a respaldar la deuda.

Por qué interviene una sociedad intermediaria

Una pregunta razonable es por qué Anthropic no alquila directamente los chips a Broadcom.

Una operación así no es imposible, pero alguien tendría que financiar el costo inicial de los equipos. Si Broadcom los conservara y alquilara por su cuenta, podría tener que destinar una suma considerable exclusivamente a este propósito durante años, mientras cobra los alquileres.

La sociedad intermediaria permite recurrir al capital de bancos y fondos para comprar los equipos. El proveedor obtiene una venta, Anthropic accede a la capacidad de cómputo, y los financistas reciben los pagos asociados al acuerdo.

Sin embargo, la presencia de un intermediario no elimina el riesgo: lo que hace es distribuirlo. Pero esa distribución no es uniforme.

Los prestamistas no solo deben considerar la capacidad de Anthropic para cumplir sus pagos. También deben evaluar cuánto valdrán esos chips dentro de algunos años, en una industria donde nuevas generaciones de tecnología pueden dejar atrás a las anteriores casi a la velocidad de un rayo.

A ello se suma una preocupación más amplia: los bancos y otros inversores ya han comprometido grandes cantidades para financiar centros de datos, equipos y empresas relacionadas con la IA. Cuanto más dinero destinan al sector, más sensibles se vuelven a la posibilidad de que varios proyectos encuentren dificultades simultáneamente.

Por eso, según el Journal, algunas entidades pidieron mejores condiciones antes de comprometer el grueso de 42.000 millones de dólares en la operación. La respuesta incluyó tasas de interés más altas y garantías de Broadcom para proteger una gran parte de la financiación. Pero una porción importante de esa deuda —18.000 millones de dólares— no contarán con esa garantía, quedando expuesta a un nivel de riesgo más alto que el resto de los compromisos.

Una estructura financiera conocida, una cifra extraordinaria

La utilización de sociedades separadas y deuda respaldada por equipos no es nueva, ni siquiera en el mundo de la IA: CoreWeave, por ejemplo, informó que había reunido compromisos de deuda respaldada por activos por 12.900 millones de dólares hasta finales de 2024.

La singularidad que distingue a la operación de Anthropic es doble. Por un lado, su magnitud. Por el otro, el papel que Broadcom desempeñará en varios frentes a la vez. El fabricante vende los equipos, ayuda a conseguir financiación para que sean utilizados y respalda parte del riesgo ante los prestamistas.

Es una combinación que muestra hasta qué punto la expansión de la IA depende de alianzas entre empresas tecnológicas y financieras. También muestra que la línea que separa al proveedor, al cliente y al financista puede ser más delgada de lo que parece.

Esto no significa que el mercado haya dejado de creer en la IA. Significa, más modestamente, que incluso los proyectos ligados a sus empresas más conocidas deben convencer a los prestamistas de que el rendimiento justifica el riesgo.

El riesgo no termina cuando se venden los chips

Para un inversor en Broadcom, el anuncio tiene dos caras. Por un lado, ilustra la intensa demanda de sus productos. Por otro, invita a observar cuánto respaldo financiero debe aportar la empresa para facilitar esa demanda.

El riesgo puede aparecer por distintas vías, a saber: 1) Anthropic podría tener dificultades para cumplir sus compromisos de alquiler; 2) los chips podrían perder valor más rápidamente de lo previsto si nuevas generaciones de tecnología los dejan atrás; y 3) los bancos podrían encontrar menos compradores para la deuda que planean distribuir entre otros inversores.

El tamaño exacto del riesgo asumido por Broadcom depende de las condiciones de sus garantías, que no están suficientemente detalladas en la información hecha pública. Por eso, sería incorrecto tratar los 63.000 millones como una pérdida potencial directa para Broadcom. La cifra, por sí sola, tampoco permite calcular qué parte del riesgo ha sido efectivamente trasladada a terceros.

Para seguir la operación, los inversores necesitarán más información sobre el alcance de las garantías, los plazos de los alquileres, el costo de financiación y el valor que se espera recuperar de los equipos al final de su vida útil.

La pregunta de fondo: ¿quién financia a quién?

El acuerdo también se inserta en una tendencia que algunos críticos bautizaron como “financiación circular”, que genera una preocupación más que comprensible: si una compañía ayuda financieramente a un cliente que luego compra sus productos, resulta legítimo preguntarse cuánto del crecimiento depende de recursos aportados por empresas del mismo ecosistema.

En este caso, según informa el Journal, Broadcom y Google se han comprometido a proporcionar financiación a Anthropic, mientras la empresa de IA prevé gastar grandes sumas en capacidad informática vinculada con sus socios y proveedores.

Conviene aclarar que esta relación y la aplicación de esta ingeniería financiera no demuestran por sí solas que la demanda sea artificial, ni prueba la existencia de una burbuja. Los chips existen, la capacidad de cómputo se utiliza y las empresas pueden tener razones comerciales válidas para financiar a clientes estratégicos. Financiar a un cliente estratégico puede ser una decisión comercial razonable, y los equipos adquiridos tienen una función real.

El acuerdo quedó cerrado, y los 63.000 millones están comprometidos. Para Anthropic y Broadcom, es una muestra de que todavía existe capital dispuesto a respaldar proyectos de inteligencia artificial a gran escala.

Pero la negociación de último momento cuenta una segunda historia: los bancos no se retiraron; pidieron cobrar más y contar con mayor protección. En una industria acostumbrada a pensar en términos de expansión, los prestamistas están volviendo a una pregunta más antigua, menos espectacular, y que en definitiva es esencial para el mercado: ¿cuándo y en qué medida los ingresos obtenidos de los usuarios finales podrán sostener, por sí solos, esta cadena de inversiones y compromisos?

El acuerdo de Anthropic y Broadcom muestra una industria que todavía consigue movilizar capital a una escala excepcional. Pero a la vez muestra que ese capital ya no llega sin condiciones. A medida que aumentan las cifras, la atención del mercado se desplaza de la promesa de la inteligencia artificial hacia un interrogante mucho más tangible: quién cobrará si tiene éxito, y quién pagará si los cálculos fallan.

 

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