La IA, el desempleo, la macroeconomía y la democracia. ¿Otra señal de que debemos revisar el concepto de eficiencia económica?

Por el Dr. Román Alberto Uez, Abogado, Magíster en Derecho Administrativo, Magíster en Tecnología, Políticas y Culturas, y Diplomado Experto en Derecho de la Inteligencia Artificial (Universidad Católica de Murcia e INEAF)

spot_img

Un escritor se debe a sus lectores. Hace unos días, un amigo que recibe mis artículos por la cadena de difusión de WhatsApp por la que los distribuyo me pidió que escribiera sobre este tema. Para mí es imposible explicar los fenómenos tecnológicos, económicos, políticos y sociales que hoy están ocurriendo en textos cortos. La complejidad del mundo actual necesita ser explicada con profundidad, sencillez y simpleza, para que, sin importar el nivel educativo del lector, pueda comprender los fenómenos descritos. Esa es mi pasión: hacer explicable lo complejo para todos. Mi lucha es contra la asimetría de la información, que es el arma que están usando para quitarnos nuestro dinero, nuestra libertad y nuestro poder de agencia.

Aquí vamos de nuevo, para este lector con el que compartimos café y amistad.

La IA: Toda tecnología tiene un diseño que emana del Poder

Lo primero que debemos entender es que la IA es un fenómeno tecnológico, pero también, y, sobre todo, eminentemente político. Como bien dice Feenberg, las tecnologías son diseñadas por el poder para cumplir los objetivos que éste persigue.[1] El diseño de la tecnología viene del poder. El diseño de una IA es un acto de poder tecnológico y político no democrático, ya que todo el poder de decisión sobre su diseño y los objetivos que tiene en mira cumplir, está concentrado en el poder corporativo, que no es electo por la ciudadanía.

Por sus efectos en la sociedad, la IA debería ser democrática, transparente, auditable, explicable, responsable, con intervención institucional y regulación, que respete todos los principios republicanos y derechos humanos fundamentales. El diseño de una IA que solo tenga en vista la eficiencia económica y la acumulación de poder es un acto antidemocrático que destruye la economía, la democracia, la comunidad y la epistemología que sustentan el funcionamiento de la sociedad entera.

Publicidad

¿Por qué es tan importante que se cumplan estos principios en el diseño de la IA y las tecnologías digitales? Porque el diseño es realizado por corporaciones privadas que solo tienen como fin el cumplir objetivos privados, y la afectación que estas tecnologías tienen en la sociedad es de tal magnitud que destruyen el interés público, la comunidad, la comunicación, la economía, la democracia, la forma de relacionarnos, todo lo necesario para tener una democracia ilustrada con ciudadanos saludables y educados, republicana, con una economía sostenible y equitativa que conserve un medio ambiente saludable.

La “Trampa de los Despidos de la IA”: la eficiencia que destruye la demandaNo existe capitalismo sin consumo

Veamos lo que pasa con el empleo. Dos economistas demostraron matemáticamente que la IA, si continúa con su actual implementación, destruirá la economía. Investigadores de Wharton y la Universidad de Boston publicaron un artículo titulado “The AI Layoff Trap”.[2] Mapearon el fin del juego económico de la transición a la IA y exponen un defecto fatal en el capitalismo financiero-tecnológico, llegando a las siguientes conclusiones.

Cuando una empresa reemplaza a un trabajador con IA, captura el 100% de los ahorros salariales, lo que es una ganancia corporativa privada exclusiva, pero el trabajador desplazado también es un consumidor. Cuando pierde su empleo, deja de consumir y eso tiene un impacto brutal en la macroeconomía. No hay capitalismo sin consumo.

La empresa obtiene todos los ahorros en salarios, pero la pérdida de la demanda del consumidor se distribuye por toda la economía. Lo más nefasto es que los incentivos están programados para que todos corran desesperadamente hacia la automatización para hacerse más competitivos. Si hay 20 competidores en un mercado, un CEO solo absorbe 1/20 de los daños económicos que sus despidos acaban de crear. Por lo tanto, cada CEO racional tiene un incentivo matemático para automatizar lo más rápido posible. Pueden ver literalmente el precipicio acercándose y, aun así, pisan el acelerador.

Se desata un dilema del prisionero inevitable. Si no automatizás, tus competidores lo harán y te aplastarán en precio. No solo daña a los trabajadores, destruye también las empresas. La economía queda atrapada en una carrera armamentística de automatización. Las empresas despiden a su fuerza laboral para mantenerse competitivas, hasta que toda la base de consumidores queda completamente vaciada.

El resultado, según el propio modelo, es que “las empresas automatizan su camino hacia una productividad ilimitada y una demanda cero” (Falk & Tsoukalas, 2026).[2]

Los investigadores probaron matemáticamente cada solución popular. ¿Ingreso Básico Universal? Falla. Eleva el nivel de vida, pero no cambia el incentivo corporativo para recortar empleos. ¿Reconversión? Falla. ¿Equidad para trabajadores? Falla. El artículo demuestra que más competencia hace que el colapso ocurra más rápido, y una IA “mejor” hace que el daño sea más profundoMás eficiencia equivale a menos tejido social y economía saludable. ¿Por qué? Este efecto se produce porque el diseño persigue únicamente fines deseados por las corporaciones o sea rentabilidad y productividad, no por la ciudadanía.

Lo único que matemáticamente detiene el colapso es un impuesto a la automatización dirigido, obligando a las empresas a pagar por el poder adquisitivo que destruyen antes de automatizar el empleo. Esto es un cambio regulatorio en los incentivos, aunque, como bien advierto, si viene de la mano de una mayor carga impositiva puede que no actúe de la manera prevista por los investigadores y tenga efectos no deseados. Predecir el futuro es una tarea casi imposible; tratar de imaginar cómo los Estados invertirán este nuevo impuesto y cómo reaccionarán los trabajadores a esta nueva realidad subsidiada es casi imposible.

Aquí tenemos un claro ejemplo de cómo la “eficiencia económica” a nivel de cada firma individual se torna social y macroeconómicamente ineficiente.

La necesidad de una IA democrática: por qué la sociedad necesita que, con el mayor debate posible, todos participemos en la elección de los objetivos que perseguirá la IA en su implementación.

Lo que sigue es una tesis propia, de carácter filosófico y político, no un hallazgo empírico: la distingo del hallazgo de la sección anterior porque el grado de evidencia que las respalda es distinto.

El centro del problema está en el diseño de la IA y en su implementación económica, donde el único y principal objetivo tenido en miras por el diseño es el ahorro de costos para aumentar la rentabilidad y la productividad de las empresas. En este tipo de diseño, la “eficiencia” del sistema solo trae beneficios a las corporaciones porque ellos son quienes los eligen, programan e implementan, generando que una tecnología de tremendo poder innovador y de cambio económico-social, solo los beneficie a ellos. Esa conducta es un acto antidemocrático y antirrepublicano cuyo efecto es privatizar el debate y la realización del bien público, que pasa identificarse con perseguir sus intereses privados.

Sin embargo, el buen funcionamiento de la sociedad en su conjunto, el bien común, muchas veces se alcanza mediante conductas que, desde el punto de vista económico corporativo sesgado por la rentabilidad y productividad, pueden ser tildadas de “ineficientes”. La democracia, la república, los derechos humanos, la comunidad, la comunicación y el debate público necesitan cierta “ineficiencia” —tiempo, deliberación, redundancia y recursos gastados sin el criterio de inversión-retorno, porque a veces la flor más bella florece en el desierto más árido— para funcionar. Una sociedad crece cuando logra generar los recursos humanos más saludables, educados, informados y con fuertes convicciones de valores ético-morales sobre el valor de sostener su comunidad con equidad, solidaridad y justicia, porque saben que ellas son las parteras de las nuevas generaciones que mantendrán la prosperidad del conjunto.

El poder genera en los individuos que lo poseen el terrible miedo de perderlo; toda su psique y autoestima gira sobre el hecho de mantener la posesión del poder. Creen que si lo pierden no tendrán ni reconocimiento ni afecto de los demás. A ello debemos sumar que, salvo excepciones que confirman hipótesis, la opulencia que trae aparejada la situación de poder, los vuelve individuos refractarios al esfuerzo, intolerantes a los procesos, a la espera, sin capacidad de resistir el sufrimiento. Se entregan a todas las formas de hedonismo posibles, porque el placer corporal o de consumo ilimitado es lo único que calma la sensación de vacío y ansiedad que colma sus vidas. La negatividad en todos los aspectos de la vida es nuestra mejor maestra para el crecimiento; ella moldea nuestra personalidad e intelecto, nutriéndolo de resiliencia y experiencia, dando sentido, dignidad y valor a la vida. La falta de contacto con la negatividad genera que, salvo contadas excepciones, los poderosos sean los menos preparados y empáticos para ejercer el poder. Por ello, sus diseños de tecnologías tienen como objetivos primordiales lograr la conservación de su poder, sin que para ello se tenga en cuenta sus aptitudes, intelectualidad y valores éticos. Mediante diseños tecnológicos que concentran la información, generen criterios de verdad únicos con pretensión de ser indiscutibles, para que, mediante la toma de decisiones basada en la asimetría de la información, el proceso de acumulación de poder y rentabilidad se perpetúe en ellos y sus descendientes. Este bucle de retroalimentación de diseño-tecnología-poder-rentabilidad estanca las sociedades, civilizaciones e imperios hasta hacerlos explotar fruto de la decadencia. La época increíble que nos toca vivir, donde estamos presenciando el colapso de la hegemonía global de EE.UU. y el nacimiento de un nuevo orden mundial de la mano de China, muestra este fenómeno a la perfección. ¿El capitalismo con autoritarismo chino generó mejores recursos humanos que la pseudodemocracia de EE.UU. y por ello va camino a ser el nuevo poder hegemónico mundial? Si la respuesta a este interrogante es si, la democracia está en problemas graves, gracias a las corporaciones tecnológicas.

Un amigo muy cercano tiene una frase muy gráfica: “El capitalismo es un juego de canicas, donde está todo permitido, salvo quedarse con todas las canicas, porque si eso pasa el juego acabó”. La IA quiere tomar todas las canicas: todos los conocimientos, información y arte; todas las ganancias; todo el poder; todas las profesiones y empleos; todo privado, sin cuidar el bien común, o sea, la sociedad toda. Este diseño destruye toda la trama social, económica y política que genera los recursos humanos que mantienen la sociedad funcionando, el medio ambiente más o menos cuidado.

La “ineficiencia” entendida como evitar que los más ricos y poderosos se queden con todos los recursos, conocimientos, información, arte, profesiones y empleos vía las máquinas, es necesaria para conservar una sociedad, democracia, república, economía y medio ambiente saludables.  La eficiencia no debería medirse únicamente en términos de rentabilidad, acumulación de poder o velocidad para llegar a soluciones: es un concepto que debe incorporar un sentido social, epistemológico, humano y ambiental.  Todas las decisiones de diseño tecnológico deberían tener como fin un uso de la tecnología y los recursos orientado a lograr formar seres humanos saludables, educados, informados, resilientes, esforzados y con fuertes valores éticos comunitarios. Cada ser humano que formamos con esas cualidades es una esperanza de lograr un mundo mejor, no importa donde nazca o a que clase social pertenezca.

Generar sociedades que generen un Einstein, Newton, Mozart, Picaso, Maldacena o Rabinovich es una función social irrenunciable, que se realiza de manera misteriosa, pero parte de la fórmula para hacerlo depende de la ineficacia en el sentido propuesto. Ellos valen cada uno más que un Mercado Libre o un Amazon.

El costo de la eficiencia mal entendida: el caso de Facebook y el genocidio rohingya

Cuando surgieron las redes sociales como Facebook, sus algoritmos fueron instruidos para buscar la máxima implicación de los usuarios, con el fin de tener su atención cautiva el mayor tiempo posible. Los estudios demostraron que las noticias falsas, con contenido violento y morboso, lograban con gran “eficiencia” ese fin.

Con el objetivo de la eficiencia y la rentabilidad, Meta terminó siendo cómplice del genocidio de una minoría. A partir de agosto de 2017, las fuerzas de seguridad de Myanmar lanzaron una campaña sistemática de violencia contra la minoría musulmana rohingya en el estado de Rakhine —ejecuciones, violaciones masivas y quema de aldeas—, tras décadas de discriminación estatal previa. Más de 700.000 personas huyeron hacia Bangladesh.[5] En 2022, EE.UU. calificó formalmente esa campaña como genocidio[4]. La Misión de Investigación de la ONU concluyó que las redes sociales, y en particular Facebook, jugaron un rol “significativo”, incluso “determinante”, en las atrocidades, en un país donde, en palabras de la propia misión, “Facebook es Internet”.[3]

Meta utiliza sistemas algorítmicos basados en la participación del usuario (“engagement”) para definir el feed de noticias, el ranking de contenidos, las recomendaciones y la visibilidad de grupos en Facebook. El modelo de negocio de la compañía depende de que los usuarios permanezcan el mayor tiempo posible en la plataforma para vender publicidad más segmentada. Según un informe de Amnistía Internacional basado en los “Facebook Papers” (documentos internos filtrados por la denunciante Frances Haugen), la exhibición de contenido difamatorio—incluido aquel que constituye incitación a la violencia, la hostilidad o la discriminación— es una forma eficaz de retener a los usuarios más tiempo en la plataforma, por lo cual la promoción y amplificación de ese tipo de contenido resulta funcional al modelo de negocio basado en la vigilancia y segmentación publicitaria.[5]
Según cifras citadas por Amnistía Internacional a partir de documentos internos de julio de 2019, Meta solo tomaba acción sobre aproximadamente el 2% del discurso de odio presente en la plataforma. La denuncia de Amnistía concluye que las prácticas de moderación de contenido de la empresa no lograron contener el volumen de contenido anti-rohingya amplificado algorítmicamente, y que Meta “contribuyó sustancialmente” a las violaciones de derechos humanos sufridas por esa comunidad.[5]
La evidencia disponible —proveniente de la ONU, de investigaciones periodísticas basadas en documentos internos filtrados, y de organizaciones de derechos humanos— converge en que Facebook operó como vector central de difusión del discurso de odio que precedió y acompañó al genocidio rohingya, y que su arquitectura basada en la maximización del engagement amplificó ese contenido de forma sistemática y conocida internamente desde años antes de la crisis de 2017.
Sin embargo, la vía judicial en EE.UU. no prosperó: en abril de 2026, un panel del Noveno Circuito de Apelaciones confirmó el rechazo de la demanda colectiva contra Meta (Doe v. Meta), sosteniendo que la Sección 230 de la Communications Decency Act protege de reclamos cuando se traten como  editora o emisora de contenido producido por terceros.[6] Vale la pena matizar el alcance de ese fallo: dentro del mismo panel, el juez Ryan Nelson escribió una opinión concurrente cuestionando que la jurisprudencia del propio circuito haya “sobre-interpretado” el alcance de la Sección 230, ampliándolo más allá de lo que el texto original de la norma habría previstoEs decir: la inmunidad legal de Meta es, hoy, más una consecuencia de cómo se ha interpretado una ley de 1996 que un veredicto sobre los hechos o la responsabilidad moral de la compañía.  La responsabilidad, por lo tanto, permanece establecida en el plano de las investigaciones fácticas y de derechos humanos, pero no en el plano judicial-corporativo.

Conclusión: una llamada a la acción

Por la eficiencia y la rentabilidad, una corporación ya fue señalada por organismos internacionales como cómplice de un genocidio. ¿Vamos a permitir que ese mismo tipo de diseño algorítmico no democrático, ahora aplicado a la sustitución masiva de trabajo humano, vacíe la demanda que sostiene a la propia economía?
Esta vez, el experimento algorítmico no democrático basado en la pura rentabilidad abarca a toda la humanidad. La evidencia de que puede fracasar y dañar el tejido social está ante nuestros ojos, respaldada ya no solo por la intuición, sino por modelos económicos formales y por informes de organismos independientes. ¿Vas a seguir indiferente?

BIBLIOGRAFÍA

[1] Feenberg, A. (1999). Questioning Technology. Routledge. Véase también el resumen de su teoría crítica de la tecnología en https://philpapers.org/rec/FEESRT
[2] Falk, B. H. y Tsoukalas, G. (2026). The AI Layoff Trap. The Wharton School Research Paper / arXiv:2603.20617. https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=6448898
[3] Naciones Unidas, Independent International Fact-Finding Mission on Myanmar (2018). Declaraciones de Marzuki Darusman sobre el rol “determinante” de Facebook. https://www.aljazeera.com/news/2018/3/13/un-facebook-had-a-role-in-rohingya-genocide
[4] U.S. Department of State (21 de marzo de 2022). Genocide, Crimes Against Humanity, and Ethnic Cleansing of Rohingya in Burma (determinación del secretario Antony Blinken). https://2021-2025.state.gov/burma-genocide/
[5] Amnistía Internacional (29 de septiembre de 2022). The Social Atrocity: Meta and the right to remedy for the Rohingya. https://www.amnesty.org/en/documents/asa16/5933/2022/en/
[6] Corte de Apelaciones del Noveno Circuito de EE. UU. (28 de abril de 2026). Doe 1 v. Meta Platforms, Inc., No. 24-1672. Opinión del panel y concurrencia del juez R. Nelson sobre el alcance de la Sección 230 de la Communications Decency Act. https://cdn.ca9.uscourts.gov/datastore/opinions/2026/04/28/24-1672.pdf
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

CONTENIDO RELACIONADO