La certificación, otorgada por B Lab, reconoce a las compañías que cumplen criterios de desempeño social, ambiental y de gobernanza. A escala local, el estándar se articula en cinco pilares. En gobernanza, la compañía opera bajo el propósito de brindar salud a través de los alimentos cuidando el planeta, un marco implementado mediante su estrategia de sustentabilidad Danone Impact Journey y su estatus de Société à Mission.
En relación con sus empleados, impulsa políticas de bienestar y desarrollo profesional a través de esquemas de trabajo flexible, beneficios y programas de formación, diversidad e inclusión.
En las comunidades, y a través de Fundación Danone, la empresa registró en 2025 más de 700 horas de voluntariado. Mediante programas como “Familias Bien Nutridas” y “Entornos Saludables”, junto con alianzas con Banco de Alimentos y Conicet, entregó más de 3 millones de desayunos nutritivos. Las iniciativas de recupero de alimentos acumulan 73 millones de desayunos entregados desde 2002, lo que posiciona a Danone como uno de los principales donantes de productos lácteos del país. Desde 2011, además, la compañía desarrolla el Programa Recuperadores junto a Fundación Avina, una iniciativa de reciclaje inclusivo que acompaña a recuperadores urbanos de 56 cooperativas en 49 ciudades.
En el eje ambiental, la empresa mide su huella de carbono bajo estándares GHG Protocol y en línea con Science Based Targets initiative (SBTi); el 95% de su packaging en Argentina es reciclable y el 90% de la energía utilizada en sus operaciones proviene de fuentes renovables. En cuanto a clientes, trabaja en la mejora de la calidad nutricional de sus productos, la reducción de azúcar y el desarrollo de soluciones con impacto en la salud de consumidores y pacientes.
Meses antes, en junio, la compañía había presentado innovaciones en sus categorías centrales -lácteos y fórmulas infantiles-. Por un lado, lanzó Ser PRO+, el primer yogur del mercado local con 15 gramos de proteína por porción, sin sellos y con probióticos. Por otro lado, en el segmento de nutrición especializada, se apoyó en la investigación científica para desarrollar soluciones orientadas a pacientes con requerimientos clínicos específicos.
En ese marco, y frente a la baja diversidad alimentaria que suele registrarse entre los 12 y 24 meses de vida -con déficits de hierro, calcio, Omega 3 y vitaminas D y B9-, la compañía adaptó sus recetas y avanzó con nuevos desarrollos. Así surgieron productos como Fortini, de Nutricia Bagó, destinado a niños con bajo peso o dificultades alimentarias, y Ketoblend, formulado junto al INTI como parte de la terapia cetogénica indicada en casos de epilepsia farmacorresistente.












