Durante 2026, bancos, fintechs y emisores de Latinoamérica concentraron sus esfuerzos en escalar productos, ampliar operaciones y responder a mercados cada vez más exigentes. En ese proceso, tomó mayor relevancia la necesidad de contar con infraestructura flexible, capaz de acompañar la evolución del negocio sin requerir una transformación tecnológica con cada nuevo producto o mercado.
En esa lectura, la madurez del ecosistema elevó las expectativas de los usuarios, que dan por sentados pagos seguros, inmediatos y simples. Para los emisores, la diferenciación se vincula cada vez más con datos en tiempo real, personalización de productos, desarrollo de nuevas opciones de crédito y capacidad de adaptación a condiciones locales.
Pedro Blanco Pinto, Head of Business Development para Latinoamérica de Paymentology, sintetizó el cambio de foco del año: “La atención pasó de concentrarse en el lanzamiento de productos a enfocarse en cómo escalarlos”, dijo Pedro Blanco Pinto, Head of Business Development para Latinoamérica de Paymentology.
Pagos multirriel y plataformas flexibles
La primera tendencia identificada fue la consolidación de un ecosistema de pagos multirriel. Las tarjetas mantuvieron su relevancia, mientras que transferencias en tiempo real, pagos cuenta a cuenta, billeteras digitales y tokenización convivieron con una oferta más diversa. También creció el interés por modelos vinculados con activos digitales y stablecoins. Esta diversificación llevó a los emisores a buscar mayor capacidad para integrar mecanismos y seleccionar los más adecuados para cada producto y mercado, en una región con distintos ritmos de adopción tecnológica y condiciones operativas por país.
La segunda tendencia fue la flexibilidad tecnológica como prioridad. La expansión de productos y operaciones dejó en evidencia limitaciones de plataformas que requerían cambios estructurales para incorporar nuevas funcionalidades. En ese marco, las arquitecturas cloud adquirieron relevancia por su capacidad para escalar servicios sobre una misma base tecnológica, aunque su aprovechamiento depende de la integración de sistemas y de la adaptación a requerimientos locales. Para instituciones con planes de expansión regional, esa flexibilidad permite crecer sobre una infraestructura común y reducir el desarrollo de soluciones independientes para cada mercado.
Datos, crédito e inteligencia artificial
El tercer eje fue la integración entre pagos, datos y crédito. La información transaccional ganó relevancia para comprender hábitos de los clientes y diseñar productos acordes con sus necesidades. Entre las aplicaciones destacadas se ubicaron líneas de crédito personalizadas, compras a cuotas y otros modelos de financiamiento. Esta evolución reforzó la necesidad de conectar datos de pagos con evaluación de riesgo y gestión del crédito, con oportunidades para ajustar ofertas al comportamiento de los usuarios y desarrollar productos más específicos.
La cuarta tendencia fue el avance de la inteligencia artificial en la operación de pagos, con aplicaciones en prevención del fraude, automatización y análisis del comportamiento transaccional. También ganó atención su potencial para respaldar decisiones en tiempo real y ejecutar acciones dentro de los sistemas de pagos, lo que puso el foco en integrar datos y modelos en procesos operativos con controles que preserven seguridad y consistencia.
En paralelo, durante 2026 los bancos tradicionales aceleraron la modernización de sus servicios, mientras que las fintechs y los bancos digitales afrontaron mayores exigencias de escala, rentabilidad y resiliencia. Los primeros conservaron ventajas asociadas con su base de clientes y capacidad de fondeo, y los segundos se destacaron por flexibilidad tecnológica y especialización. “Los bancos están acelerando su modernización, mientras que las fintechs necesitan demostrar escala y rentabilidad”, explicó Blanco Pinto.












