La creciente complejidad de los entornos tecnológicos empezó a reconfigurar el trabajo cotidiano de los equipos de IT en Buenos Aires, en paralelo a una mayor adopción de inteligencia artificial (IA) para tareas operativas. En un encuentro de la industria, especialistas analizaron el impacto de esta combinación sobre la gestión de incidentes, cambios y fallas en tiempo real.
La expansión de modelos como la nube, DevOps y las arquitecturas distribuidas elevó la presión sobre las áreas de tecnología, que deben sostener un ritmo constante de respuesta. En ese escenario, la administración de sistemas se volvió más exigente por la cantidad de componentes, interdependencias y modificaciones que conviven en un mismo entorno.
Los datos citados en el encuentro apuntaron en esa dirección. Según el Informe BMC State of Gen AI and Agentic AI 2024 y el Informe de Investigación de AIOps de Forbes 2024, el 94% de los profesionales de IT ya incorpora inteligencia artificial en su estrategia. En paralelo, el 75% considera que sus entornos son hoy más complejos de gestionar que hace cinco años.
A esa complejidad se suma un factor operativo asociado a la dinámica de los sistemas. Una parte significativa de los incidentes operativos está vinculada a los cambios constantes, lo que obliga a los equipos a monitorear modificaciones, actualizaciones y ajustes que pueden derivar en fallas o alertas. El resultado es una carga diaria sostenida sobre recursos técnicos que, en muchos casos, quedan concentrados en tareas de operación.
En ese marco, la automatización aparece como una vía para redistribuir esfuerzos dentro de las áreas de IT. “Buena parte del talento técnico sigue concentrado en tareas operativas que podrían ser abordadas de otra manera”, dijo Antonio Monti, Área VP de NOLA y SOLA de BMC Hellix en América Latina. El directivo agregó que el avance de la IA permite automatizar procesos como la detección de incidentes, el análisis de causa raíz o la gestión de alertas, con foco en reducir la carga operativa sobre los equipos.
La incorporación de estas capacidades abre la posibilidad de un cambio de enfoque en la gestión tecnológica: pasar de esquemas centrados en la resolución de urgencias a modelos más orientados a la anticipación y la mejora continua. En términos operativos, ese giro implica utilizar la IA no solo para reaccionar ante eventos, sino también para mejorar la capacidad de monitoreo y respuesta.
A medida que estas herramientas evolucionan, también se plantea un cambio de rol para las áreas de tecnología dentro de las organizaciones. En lugar de limitarse a funciones de soporte, comienzan a tener un rol más activo en la estrategia de negocio, como habilitadoras de eficiencia y continuidad operativa, con la IA integrada como parte central de la gestión tecnológica.












