jueves, 28 de mayo de 2026

    Setenta pantallas y ninguna flor

    Durante los primeros años
    de esta década, cuando su penetración en el área metropolitana
    rozaba apenas 5%, el cable maduraba como un medio sin publicidad. La falta de
    tandas resultaba entonces fácilmente explicable porque, después
    de todo, era una clase particular de televisión que se financiaba a través
    del aporte mensual del público.

    La escena cambió a partir de la explosión de suscripciones que
    convirtió a la Argentina en uno de los tres países con más
    conexiones per cápita. Las agencias de publicidad advirtieron la repentina
    migración de las audiencias y comenzaron a incluir al cable en sus pautas.
    Así se abrió un nuevo negocio para operadores de redes y productores
    de contenidos, que ahora quieren más.

    “Los anunciantes no le están dando al cable un volumen de inversión
    proporcional a sus espectadores: estamos ante un medio subvaluado”, acusa Harvey
    Ganot, responsable del negocio publicitario mundial de las señales MTV
    y Nickelodeon.

    El argumento es sencillo: mientras el cable representa 30% del encendido total,
    concentra menos de 10% de la inversión publicitaria en televisión,
    incluso después de haber duplicado su volumen de facturación en
    cinco años. En la Argentina, el cable cuenta con 5,2 millones de suscriptores
    y está presente en 58% de los hogares.

    “A pesar de todo eso, por ahora estamos recibiendo lo que sobra del resto de
    las pautas”, se lamenta Víctor Pezzi, director de ventas de publicidad
    de Cablevisión.

    Los reproches apuntan a las agencias. “Es un sector conservador”, diagnostica
    Ganot. “No creo que ellas, que concentran en todo el mundo el grueso del dinero
    que se gasta en publicidad, puedan ser consideradas agentes de cambio. Sobre
    todo por la presión de los clientes, que si ven que llevan a cabo algo
    realmente audaz o radical van a desconfiar de la suerte de su dinero.”

    Para el gerente de Marketing de Multicanal, Horacio Calvo, las agencias no
    son proclives a la planificación en cable. Y afirma que utilizan el medio
    sólo cuando el cliente lo pide, “porque el gran negocio está en
    la televisión abierta, no en las tarifas bajas del cable”.

    En Cablevisión, la queja se repite. Según Pezzi, “a comisiones
    menores y mayor trabajo en la planificación resulta casi natural que
    opten por la televisión abierta, aunque no sea la mejor inversión”.

    Las microaudiencias

    “Probablemente estemos usando el cable menos de lo que le corresponde aunque,
    con seguridad, tampoco merece tanta inversión como dicen las señales”,
    dispara Mirta Osinaga, directora de medios de Young & Rubicam. Y recuerda
    que ATC, con cinco veces más rating que la señal de cable
    de mayor audiencia, también atraviesa dificultades muy serias de comercialización.

    En su opinión, toda la gama de productos masivos tiene problemas para
    ingresar a una pauta de televisión paga, porque el cable aún no
    ofrece contenidos que atraigan a la mujer más que los programas de aire.
    “Sabemos que con los canales de música llegamos a los adolescentes o
    que con las 24 horas de deportes captamos a los hombres, pero no encontramos
    nada que verdaderamente entusiasme a las mujeres”, explica Osinaga.

    El problema central del cable, de todas maneras, es su prodigalidad. “La televisión
    abierta reparte su 70% de encendido en cinco opciones; el cable diluye su share
    en 65 señales”, explica el director de Medios de Graffiti DMB&B,
    Guillermo Tafet. “Justamente su fortaleza ­es decir, la agudeza con que
    segmenta­ le impide dar una cobertura sustancial o ser apto para un lanzamiento
    de producto”, argumenta.

    Esta licuación en microaudiencias lleva a que, por ejemplo, los 100
    puntos de rating que se pueden lograr con cinco avisos en televisión
    de aire, demanden 1.700 inserciones en una señal de rating medio.

    Y, según parece, las mediciones no son el fuerte de esta actividad.
    Según Calvo, la carencia de números confiables es uno de los factores
    que en mayor medida conspiran contra la inversión en cable.

    Por ahora, la utilización del people meter como herramienta de
    relevamiento de audiencias se limita a Capital Federal, Gran Buenos Aires y
    Rosario (esta última sólo medida por Ibope).

    El resto queda sin medir, puesto que resulta demasiado engorroso registrar
    el zapping a lo largo de 65 canales con un cuadernillo. “Por una cuestión
    de costos, aún no podemos cubrir todo el país con people meter;
    el mercado no lo pagaría”, explica el gerente comercial de Ibope, Carlos
    Esteves.

    Horacio Rival, gerente general de Mercados & Tendencias, acepta que hay
    escasez de datos en el interior, pero advierte que “muchas agencias no pautan
    en cable porque no tienen la menor idea acerca de qué está pasando
    ahí”.

    Rechaza, con vehemencia, el argumento de que no se puede pautar en el cable
    porque faltan datos: “lo que pasa es que, para programar ahí, hay que
    trabajar más y comprar más información”.

    La costumbre de globalizar

    Hay más problemas para los directores de medios. Por un lado, las señales
    con mayor audiencia, como HBO Olé, Cinecanal o Cinemax no tienen espacios
    publicitarios. Por otro, en algunos canales la ubicación de la tanda,
    dicen, elimina cualquier interés comercial: “si mandan la tanda antes
    o después de la película, anunciar ahí es tirar el dinero,
    porque nadie la va a ver”.

    Cuentas
    chicas
      Inversión
    en cable*
    Participación
    del cable en
    la inversión
    total
    Participación
    en el total
    de televisión
    1993 53,0 2,2% 4,3%
    1994 45,6 1,6% 3,3%
    1995 61,5 2,3% 5,1%
    1996 75,4 2,6% 6,2%
    1997 110,2 3,5% 8,1%
    *En millones de pesos.
    Fuente: Asociación Argentina
    de Agencias de Publicidad.

    Otro inconveniente, no menor, para la economía de las agencias, estriba
    en que la compra de los principales anunciantes de cable es panregional. Es
    decir que se decide y se realiza desde Miami, pero recolectando porciones de
    los presupuestos de marketing de cada una de las distintas filiales latinoamericanas.

    Ganot señala que ésta es la tendencia y cita el ejemplo europeo,
    donde sólo 45% de la compra es local. El resto de la inversión
    ya rompió las amarras con la creatividad, lo que para las agencias puede
    resultar ruinoso.

    El otro sector perjudicado por el panregionalismo es el de los operadores de
    redes, que observan impotentes cómo favorece ante todo a las tandas que
    se reservan las señales.

    Acción directa

    De las 65 señales que ofrecen los principales sistemas de cable, no
    son más de 15 las que dejan espacios publicitarios para los operadores
    (por lo general, entre 1 y 3 minutos por hora).

    A pesar de que constituyen un volumen reducido, los operadores tienen igualmente
    problemas para atraer a la compra local. “Si la campaña es nacional,
    resulta preferible buscar señales que abarquen todo el país y
    no tener que pautar en 30 sistemas. Además, excepto en el caso de los
    más grandes, nunca tenemos la seguridad de que los operadores van a cumplir
    la pauta”, explican en las agencias.

    Los dueños de los espacios también aceptan culpas. Según
    Calvo, el desarrollo limitado de la publicidad en cable se debe a que tanto
    las señales como las empresas comercializadoras no han sido suficientemente
    proactivas en su venta. “Todavía tenemos que aprender a manejarnos en
    el mercado publicitario; tenemos que empezar a tomar a la publicidad como un
    producto en sí mismo y salir a vender”, dice.

    Salir a vender involucra, entre otras cosas, gambetear a las agencias
    “y cubrir su falta de interés” con una acción directa sobre las
    empresas. “Nosotros vamos a ir a ver a los 40 anunciantes más importantes
    del país para demostrarles que en las pautas no se está optimizando
    su inversión”, anuncia Calvo.

    En Cablevisión también confían en que el incremento de
    su negocio publicitario está en buena medida atado a la presión
    de los anunciantes. “En algún momento van a ir a ver a sus agencias y
    les dirán: Muchachos, hay un segmento importante, nada menos que 30%
    del encendido, al que no estoy llegando
    “, anticipa Pezzi.

    Fuga hacia adelante

    La tarifa cash del horario central de Multicanal o Cablevisión
    se sitúa entre $1,5 y 2 el segundo. “Estamos vendiendo televisión
    a valores de una de esas FM que andan por ahí”, ironiza Pezzi. Según
    sus cálculos, estos precios representan un costo por punto de rating
    20% inferior al que ofrece la televisión abierta.

    Para los responsables del cable del grupo Clarín tarifas tan bajas como
    las actuales constituyen un error comercial, porque horadan la calidad de los
    anunciantes y desalientan a las empresas de primera línea. “Se llega
    hasta el extremo de tener la pantalla cubierta con avisos que no son más
    que placa y locución”, protestan.

    En consecuencia, a despecho de un mercado reticente en demandar sus espacios,
    las redes proyectan elevar el precio de sus segundos. Multicanal, por ejemplo,
    se propuso para el mediano plazo que sus ventas publicitarias equivalgan a 8%
    de su facturación y no menos de 3%, como sucede hoy.

    En Cablevisión el porcentaje de ingresos por venta de espacios es similar
    aunque, sin señales propias, corre con desventaja para engordarlo. Tampoco
    tiene el apoyo de un canal de aire que, como el 13, incluya señales de
    cable en sus paquetes comerciales.

    Desde el rincón de las señales, el titular de las ventas mundiales
    de MTV también defiende el alza, aunque dentro de una postura mucho más
    radical: “hay que revisar el modelo general de negocios sobre el que se construyó
    la red de cable en la Argentina. Setenta canales es, sencillamente, demasiado,
    es más de lo que se ve por un precio mayor en Estados Unidos. Semejante
    competencia agravará la guerra de precios y en dos años no quedará
    nadie”.

    La receta para operadores y programadores, según Ganot, es identificar
    el valor de cada señal y no ser tímidos en exigir determinado
    precio por sus segundos. “En este momento, el miedo hace que ellos mismos sean
    sus peores enemigos”, indica.

    Puntos a favor

    El futuro, de todos modos, parece sonreírle al cable. Por un lado, la
    velocidad con que Cablevisión, Multicanal y Supercanal (del grupo mendocino
    Vila) avanzan sobre los sistemas menores, permite sospechar que finalmente crearán
    las redes nacionales que la televisión abierta no supo construir.

    Otro punto a favor es que, junto a la escala nacional, la digitalización
    de las redes les permitirá ofrecer split feeds; esto es, diferentes
    alternativas de programación y avisos a audiencias microsegmentadas.

    Diego Ardiaca

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