jueves, 28 de mayo de 2026

    Jubilaciones en la picota

    En Brasil, jubilarse joven está
    de moda. Naturalmente, el país sufre las consecuencias. La edad promedio
    típica ronda los 49 años y algunos trabajadores no necesitan cumplir
    con requisitos de edad mínima para recibir las pensiones que otorga el
    estado. La expectativa de vida en Brasil es de 66 años y aumenta rápidamente.

    Los funcionarios públicos (hay más de 4,9 millones en actividad
    en estos momentos) se llevan la mejor tajada. Se jubilan con un haber igual
    a 100% o más del último salario percibido. El presidente de Brasil,
    Fernando Henrique Cardoso, suele referirse a estos jubilados como "vagabundos
    en un país de pobres".

    Cardoso y su ministro de Seguridad Social, Waldeck Ornelas, están decididos
    a liberarse de estos vagabundos antes de que Brasil caiga en la bancarrota.
    La brecha que existe entre las erogaciones por jubilaciones y la recaudación
    fiscal alcanzará la sorprendente cifra de 24.500 millones de reales este
    año (equivalentes a alrededor de 3% del PBI), frente a los 19.000 millones
    de 1997. El año próximo la cifra podría ser superior. Con
    un seguro social con estos niveles de déficit, la estabilidad financiera
    que Brasil consiguió durante el mandato de Cardoso corre peligro.

    Cardoso posiblemente presente un proyecto de ley en el congreso que estipule
    una edad mínima para jubilarse de 60 años para los hombres y de
    55 años para las mujeres que ingresen a partir de ese momento a la fuerza
    laboral. La población ya activa se jubilará a los 53 años
    (hombres) o a los 48 años (mujeres).

    ¿Privatizar por otras vías?

    Estas reformas recortarían el déficit de seguridad social considerablemente
    e incluso comenzarían a generar un superávit después del
    2005. Pero lo que es aún más importante, los funcionarios públicos
    que ganan más de 1.200 reales por mes percibirán un haber jubilatorio
    estatal inferior a 100% de su sueldo final. Los funcionarios que más
    cobran se jubilarán con un haber igual a 70% de su última remuneración.
    Las jubilaciones para los trabajadores del sector privado también se
    limitarían a 1.200 reales por mes.

    Esta es una manera de privatizar el sistema de previsión social: los
    brasileños que quieran gozar de un buen nivel de vida al jubilarse deberán
    invertir en fondos de pensión privados.

    "Nuestro objetivo", comenta Ornelas, "es estimular los ahorros
    en el ámbito nacional y democratizar los mercados de capital". Los
    colaboradores de Ornelas señalan que los activos que administran los
    fondos privados de pensión podrían superar 20% del PBI en 10 años,
    en tanto que el nivel actual es de 12% (alrededor de US$ 90.000 millones).

    En cierto sentido, Cardoso es responsable de la crisis del sistema de previsión
    social: al estabilizar la moneda brasileña en 1994, derrotó la
    hiperinflación y, de repente, los brasileños descubrieron que
    el seguro social podía proporcionarles un buen nivel de vida.

    Las reformas auguran buenas oportunidades para muchos sectores de la economía
    brasileña. Carlos Kawall, economista jefe del Citibank en San Pablo,
    señala que el dinero fresco de los fondos de pensión privados
    se volcará a las acciones y a los bonos corporativos, que prácticamente
    no existen en Brasil actualmente. Esto, a la vez, reducirá el control
    estatal de los mercados de capital y le dará a los empresarios brasileños
    mayor acceso a capital. Dice Kawall: "La reforma del sistema de previsión
    social es fundamental para subsanar la falta de financiamiento local a largo
    plazo".

    © Forbes Global / MERCADO

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