viernes, 29 de mayo de 2026

    “Uno de los certámenes más honestos “

    Como cierre de un año verdaderamente intenso, estos ya no
    tan enfants pero siempre terribles consiguieron una nueva
    distinción, esta vez con una pieza gráfica que desnuda
    su latente feminismo.

     

    Ramiro Agulla y Carlos Baccetti tienen una fuerte historia de amor
    con Londres (a tal punto, que fueron a casarse con un socio
    internacional, Frank Lowe, casi tan emblemático como el Big
    Ben). El enamoramiento con el Festival que tiene su sede a orillas
    del Támesis comenzó cuando dos ediciones atrás,
    con una agencia que recién gateaba, se alzaron con tres
    primeros premios y el Grand Prize de gráfica con un aviso de
    Topper.

    “Desde ese momento”, apunta Baccetti, “creemos que es uno de los
    certámenes más honestos del mundo: le dieron el premio
    mayor a una agencia nueva, argentina, que no formaba parte de ninguna
    cadena, motivos todos ellos por los que nos podrían haber
    dejado afuera sin que a nadie se le moviera un pelo”. Agulla ratifica
    esa sensación: “Debe ser uno de los pocos festivales
    vírgenes que quedan, donde no hay manejos políticos ni
    nada por el estilo”.

    En materia de distinciones internacionales 1997 fue un año
    extraño para la agencia. Comenzó en enero con una buena
    cosecha de medallas en Nueva York y luego siguió un largo
    impasse: tanto los Clio como los Leones de Cannes les fueron esta vez
    esquivos. Por fin, cerrando el período, llegó esta
    estatuilla que obtuvieron con una pieza gráfica, “Los
    ángeles de Charlie”, realizada para la revista &emdash;hoy
    discontinuada&emdash; Mujeres y Cía. Fue el último de
    una serie que arrancó con una propuesta provocativa:
    atribuirle a Dios sexo femenino, y siguió con comunicaciones
    basadas en el concepto de mujeres audaces, que rompían
    códigos y esquemas.

    Puestos frente al interrogante de si ellos mismos se consideran
    feministas, dudan, se miran y concluyen que no, que sólo creen
    que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y obligaciones.
    Una vez dicho esto, se ríen ante la hipótesis de que
    quizá sean feministas no asumidos. Baccetti abunda sobre la
    cuestión y reconoce que con esta campaña se propusieron
    salir del estereotipo de la mujer sin autonomía: “La mujer se
    subestima ella misma primero, y luego es subestimada desde los
    productos de comunicación. Hoy en día trabaja, estudia,
    se interesa por todos los temas, no sólo por los chismes, la
    moda y las recetas de cocina. Creo que a este target apuntaba la
    revista, y nosotros intentamos reflejar esa propuesta”.

    Agulla señala que “la mujer está obligada a cambiar,
    pero de algún modo también está educada para lo
    viejo; necesita otra clase de referentes actuales, acordes con su
    situación real”.

    Ambos asumen que trabajar la comunicación de un medio es
    algo muy atractivo, y en este caso resultó particularmente
    divertido. La campaña, cuentan, fue muy comentada en el
    exterior, pero suponen que este premio de Londres no es casual: “Se
    trata de un lugar muy permeable para este tipo de propuesta”,
    señala Baccetti. Además, coinciden en que el Festival
    tiene como una suerte de elegancia adicional que se la da la propia
    ciudad, donde &emdash;sostienen&emdash;, “aunque no es el
    único lugar, se cocina la mejor publicidad del mundo”.



     

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