Como cierre de un año verdaderamente intenso, estos ya no
tan enfants pero siempre terribles consiguieron una nueva
distinción, esta vez con una pieza gráfica que desnuda
su latente feminismo.
Ramiro Agulla y Carlos Baccetti tienen una fuerte historia de amor
con Londres (a tal punto, que fueron a casarse con un socio
internacional, Frank Lowe, casi tan emblemático como el Big
Ben). El enamoramiento con el Festival que tiene su sede a orillas
del Támesis comenzó cuando dos ediciones atrás,
con una agencia que recién gateaba, se alzaron con tres
primeros premios y el Grand Prize de gráfica con un aviso de
Topper.
“Desde ese momento”, apunta Baccetti, “creemos que es uno de los
certámenes más honestos del mundo: le dieron el premio
mayor a una agencia nueva, argentina, que no formaba parte de ninguna
cadena, motivos todos ellos por los que nos podrían haber
dejado afuera sin que a nadie se le moviera un pelo”. Agulla ratifica
esa sensación: “Debe ser uno de los pocos festivales
vírgenes que quedan, donde no hay manejos políticos ni
nada por el estilo”.
En materia de distinciones internacionales 1997 fue un año
extraño para la agencia. Comenzó en enero con una buena
cosecha de medallas en Nueva York y luego siguió un largo
impasse: tanto los Clio como los Leones de Cannes les fueron esta vez
esquivos. Por fin, cerrando el período, llegó esta
estatuilla que obtuvieron con una pieza gráfica, “Los
ángeles de Charlie”, realizada para la revista &emdash;hoy
discontinuada&emdash; Mujeres y Cía. Fue el último de
una serie que arrancó con una propuesta provocativa:
atribuirle a Dios sexo femenino, y siguió con comunicaciones
basadas en el concepto de mujeres audaces, que rompían
códigos y esquemas.
Puestos frente al interrogante de si ellos mismos se consideran
feministas, dudan, se miran y concluyen que no, que sólo creen
que hombres y mujeres deben tener los mismos derechos y obligaciones.
Una vez dicho esto, se ríen ante la hipótesis de que
quizá sean feministas no asumidos. Baccetti abunda sobre la
cuestión y reconoce que con esta campaña se propusieron
salir del estereotipo de la mujer sin autonomía: “La mujer se
subestima ella misma primero, y luego es subestimada desde los
productos de comunicación. Hoy en día trabaja, estudia,
se interesa por todos los temas, no sólo por los chismes, la
moda y las recetas de cocina. Creo que a este target apuntaba la
revista, y nosotros intentamos reflejar esa propuesta”.
Agulla señala que “la mujer está obligada a cambiar,
pero de algún modo también está educada para lo
viejo; necesita otra clase de referentes actuales, acordes con su
situación real”.
Ambos asumen que trabajar la comunicación de un medio es
algo muy atractivo, y en este caso resultó particularmente
divertido. La campaña, cuentan, fue muy comentada en el
exterior, pero suponen que este premio de Londres no es casual: “Se
trata de un lugar muy permeable para este tipo de propuesta”,
señala Baccetti. Además, coinciden en que el Festival
tiene como una suerte de elegancia adicional que se la da la propia
ciudad, donde &emdash;sostienen&emdash;, “aunque no es el
único lugar, se cocina la mejor publicidad del mundo”.
