viernes, 29 de mayo de 2026

    Trabajar con un genérico

    El ´97 fue un año lleno de emociones para este creativo tan
    humilde como talentoso: se alzó con tres Leones en Cannes y
    con la estatuilla londinense, ésta por el aviso de un
    genérico que había que reposicionar.

     

    Fernando Fernández reconoce, entre risas, que no se ha
    transformado en un adicto a los premios, “aunque me encantan”.

    “Fue un año muy bueno para la agencia y estoy especialmente
    contento porque las piezas que ganaron alguna distinción a
    mí me gustan mucho; entonces, el premio es como algo que viene
    a confirmar esa sensación.” Los Leones de Cannes para los
    avisos gráficos de La Estrella y la estatuilla londinense para
    el comercial de televisión de Plasticola parecen
    ratificarlo.

    Fernández también admite que su nivel de
    autoexigencia es muy alto, tanto para trabajar como para inscribir
    piezas en los festivales: “Sólo enviamos las que consideramos
    que tienen dignidad para competir a nivel internacional, aunque, en
    realidad, si uno no pudo trabajar creativamente para un cliente,
    más allá de no poder participar en un concurso, lo
    más grave es que la agencia no está funcionando como su
    filosofía lo indica”.

    En el caso de Plasticola las dificultades no fueron pocas. “Fue
    toda una experiencia trabajar con un genérico, y la
    conclusión que saco es que esa calificación es tan
    buena como peligrosa, porque cuando se deja de serlo cambia el target
    y muchas veces el cliente piensa que sigue siéndolo. Nosotros
    hicimos una investigación de tres meses, y los resultados
    asustaron bastante por el enorme avance de la competencia. Hubo que
    armar el brief con dos targets, uno primario, dirigido a los chicos,
    y otro secundario constituido por las madres y maestras. Esto, por el
    silencio comunicacional que había tenido la marca durante
    tantos años, en los que su original target primario
    pasó a ser adulto; así que en la película, si
    bien el protagonismo y la decisión están en el chico,
    también están presentes las madres y maestras.”

    Precisamente una maestra, joven y bonita, llora en su escritorio;
    interrogada por su pequeño alumno, le explica que se acaba de
    separar de su marido. El chico, entonces, vuelve con lo que cree es
    la solución: un frasquito de Plasticola, que, supone, puede
    unir cualquier cosa. Satisfecho, pasa por otra aula y ve a otra
    docente, ésta mayor y muy voluminosa, que también llora
    amargamente; sin preguntar nada, se va y vuelve corriendo con un
    enorme envase del mismo adhesivo. “Es un comercial que tiene ternura
    pero también un toque de humor”, dice Fernández; “no
    necesitábamos que mandara la historia, sino el chico, su
    inocencia y su ilusión”.

    Pese a que asegura que lo más importante del ´97
    ocurrió hace un par de meses &emdash;el nacimiento de su hija
    Micaela&emdash;, admite que el premio de Londres lo hace muy feliz:
    “Primero porque respeto mucho ese festival, pero además porque
    habría sido fantástico que la cigüeña que
    me trajo hubiese bajado en Londres; de las ciudades que conozco, para
    mí es la ciudad, sobre todo en esta actividad. En verdad, yo
    siempre digo que he visto dos ciudades: Londres y Quilmes. Como me
    estoy por ir a vivir a Quilmes, elijo Londres para trabajar”.



     

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