domingo, 31 de mayo de 2026

    Alfred Marshall

    Desde la publicación de sus Principios, en 1890, fue tan grande su influencia en el liberalismo anglosajón que sin duda colocó las bases más sólidas del pensamiento liberal. Sucesor de Arnold Toynbee en Cambridge y maestro, entre otros muchos, de John Maynard Keynes, sostenía que el objeto predominante de la economía es contribuir a la solución de los problemas sociales.

    Estudió la economía sobre la base de mercados, precios, impuestos, distribución del ingreso, demografía, organización industrial, oferta y demanda, salud pública, costos, monopolios, la tierra y todas sus respectivas interacciones, correlacionando todo, no como una verdad concreta, sino como un mecanismo para llegar a la verdad. Según Keynes, Marshall llegó a la economía a través de la ética, del generoso deseo de aliviar a las masas. Joseph Schumpeter dijo de él que no deseaba asustar a la gente común y ambicionaba ser leído por hombres de negocios. En sus Memorials describe su

    método: 1) Usar la matemática; 2) Emplearla hasta lograr resultados; 3) Traducir todo al lenguaje común; 4) Ilustrar todo con ejemplos de la vida real; 5) Quemar la matemática; 6) Si se tuvo éxito en la cuarta, quemar la tercera.

    Como influyó decisivamente en la génesis de la econometría moderna, no la usaba para divulgar sus conclusiones, sino que apelaba casi a recursos de novelista. Su creencia en la complejidad de las ciencias del hombre y la inexactitud de sus leyes -que según él no eran más que tendencias manifiestas- le hacía afirmar que la seguridad principal del economista debe residir en la imaginación disciplinada, precaución y reserva, dado lo limitado de su saber; ya que todas las doctrinas científicas son hipotéticas, en economía las condiciones implícitas deben subrayarse.

    Marshall fue el primero en demostrar que la competencia perfecta no siempre maximiza la producción: la variación de rendimientos crecientes y decrecientes altera las variables; fundó la teoría de la competencia imperfecta, el concepto de elasticidad de demanda y los efectos de los impuestos sobre los precios, la demanda y el nivel de ingreso. Probó que hay relación directa entre nivel de ingreso y duración de vida y estado de salud. Describió, igualmente, los distintos efectos de los precios e impuestos sobre distintos niveles remunerativos.

    Hacia 1890, Gran Bretaña tenía tan profundas desigualdades que ya Benjamin Disraeli había escrito Sibila o las dos naciones, una dura crítica al estado social proferida por un primer ministro, como si existieran dos naciones en un solo territorio. En tal ambiente de encono político, una tremenda obra de ciencia económica como la de Marshall, técnicamente inobjetable, innovadora, creadora, con problemas correlacionados de una magnitud inédita y llena de soluciones alternativas cuya modernidad sigue sorprendiendo un siglo después, pasó a ser “el libro”, el texto obligado en todas la universidades británicas y muchas norteamericanas y alemanas.

    Vista la impopularidad de los economistas en la época, Marshall dijo: “Algunos patronos y políticos, al defender privilegios de clase, vieron muy conveniente basarse en la autoridad de la economía y a menudo se califican a sí mismos de economistas. Aun en 1890, dicho título fue adoptado por quienes se oponían a que se gaste con generosidad en la educación de las masas, a pesar de que los economistas sostienen que dicho gasto es una verdadera economía y oponerse al mismo es un error y un mal negocio desde el punto de vista nacional”.

    “El derecho de propiedad como tal nunca fue venerado por las mentes privilegiadas que fundaron la ciencia económica, pero su autoridad fue falsamente invocada por algunos de los que quisieron llevar este derecho a límites extremos y antisociales.” Acerca del capitalismo salvaje de la Revolución Industrial, Marshall no lo consideró un bien, dados los abusos que personas hábiles pero incultas cometieron con su nuevo poder; fue, dijo, el mal menor, una economía de guerra para poder resistir a Napoleón, dentro del orden existente en la época.

    Consideró que las luchas entre trusts para conquistar grandes mercados con grandes maniobras de Bolsa eran ajenas a la economía, parte de la lucha por el poder. Los mercados existen si hay paridades de ventajas y reservas entre los contendores, sostenía; si hay mucha desventaja de un sector no hay mercado de trabajo, dada la falta de poderes del sector oferta. La modernidad de Marshall es tan real que sus contenidos superan técnica, cualitativa y éticamente a mucha actualidad.