jueves, 14 de mayo de 2026

    Récord en primas: us$ 3.600 millones

    Tras el récord de US$ 3.600 millones pronosticado
    para este año en el sector seguros, es probable que en
    1993 el volumen total de las primas registre un nuevo e importante
    impulso, debido al carácter ahora obligatorio del seguro
    de responsabilidad civil para automotores. Se calcula que la mitad
    de los vehículos que circulan en el país carecen
    de todo tipo de cobertura. Por lo tanto, la nueva norma agregaría
    al mercado US$ 900 millones anuales.


    Sobre la base de estos datos, los cálculos
    de los analistas del sector elevan a US$ 4.700 el valor total
    de las primas para 1993. De confirmarse esta cifra, la Argentina
    se colocaría, con 40% de la producción total sudamericana
    de seguros, en un nivel similar al de Brasil. (En lo que respecta
    a México el volumen actual de su mercado asegurador es
    inferior al de Argentina: en 1992 rondó, según cifras
    oficiales, US$ 2.700 millones.)


    Las estimaciones de los especialistas trasuntan optimismo.
    Tal es el caso del estudio Arthur Andersen, que recientemente
    pronosticó que dentro de un quinquenio el volumen total
    de las primas se ubicará entre US$ 5.500 y US$ 6.000 anuales.
    Evidentemente, este cálculo toma en cuenta la gravitación
    que tendrá en el mercado la sanción del nuevo régimen
    de Fondos de Pensión, que


    impondrá a cada afiliado la obligación
    de contar con seguro de vida.





    EXTRAÑOS EN EL PARAISO.



    Paradójicamente, en medio de este panorama
    de alentador crecimiento, la situación general de las empresas
    del sector es preocupante. Debido a los problemas financieros
    que soportan muchas de ellas, se entabló una competencia
    salvaje, reflejada en el valor de las primas, que en muchos casos


    no alcanzan a cubrir las relaciones técnicas.


    Las dificultades del sector son reconocidas por Roberto
    A. Blanco, titular del Movimiento Asegurador Privado (MAP), que
    nuclea a La Buenos Aires, Seguros del Interior, Patagonia, Interamericana,
    Iguazú, Central del Plata, San Lorenzo y el Grupo Juncal.
    Blanco sostiene que, a pesar del mayor volumen de los negocios,
    el mercado se desenvuelve sin rentabilidad. Esta situación
    obliga a las compañías a un ajuste permanente de
    sus estructuras administrativas y pone sobre el tapete la urgente
    necesidad de reducir drásticamente las comisiones por adquisición
    de los negocios.


    Los problemas de caja son de tal magnitud que, ante
    la alternativa de desaparecer, algunas compañías
    (entre 30 y 40) optaron por una variante extremadamente riesgosa:
    no contratan reaseguros o lo hacen en una medida muy inferior
    a lo que su cartera, liquidez financiera y patrimonio harían
    aconsejable.


    No todos los analistas consideran que la causa de
    esta peligrosa conducta provenga de problemas financieros. Sostienen
    que muchas empresas no se reaseguran por los altos costos de la
    operación, vigentes tras las abultadas pérdidas
    (más de US$ 3.300 millones) que soportaron las principales


    reaseguradoras del mundo en el último ejercicio.


    La carencia de una adecuada cobertura por parte de
    algunas compañías fue reconocida por el presidente
    de la Superintendencia de Seguros, Alberto Fernández, quien
    señaló ante MERCADO que muchas empresas retienen
    riesgos de escasa siniestralidad sin reasegurarlos, comprometiendo
    de esa


    forma su solvencia patrimonial. Esta política
    se hizo mucho más evidente en el rubro incendios.


    Para evitar la proliferación de este tipo
    de políticas, la Superintendencia está intimando
    a esas empresas aseguradoras a que manifiesten en un plazo perentorio
    (dos días) con qué tipo de argumentos técnicos
    retienen semejantes riesgos. Si la contestación no resulta
    satisfactoria, intiman a la empresa a que proceda a reasegurarse,
    o bien que anule la póliza respectiva. Si la empresa no


    cumple con ninguno de estos requerimientos, la Superintendencia
    informa sobre la situación a los clientes, para que conozcan
    los riesgos que corren y actúen en consecuencia.





    LA CUESTION DE LA DEUDA.



    El estado de encarnizada competencia que ahora se
    observa en el sector podría durar todo el tiempo que el
    Inder demore en liquidar sus deudas con las compañías.
    En ese sentido, algunos observadores dicen que las correspondientes
    al run-off (originadas en liquidaciones de siniestros) se vienen


    abonando con cierta regularidad, aunque no con la
    suficiente transparencia que sería de desear.


    En cuanto a las deudas del Inder originadas en movimientos
    de caja, la situación es totalmente distinta. Estas deudas,
    que algunos analistas estiman superiores a US$ 300 millones, se
    originaron en los diferentes criterios sustentados por el Inder
    desde 1986, según actuara como deudor o acreedor.


    A través de recientes resoluciones, la institución
    intenta presionar a las empresas a que acepten valores que, según
    denuncian fuentes del sector, "en muchos casos no alcanzan
    a representar 15% de lo que correspondería si se actualizaran
    las cifras con las normas contables de uso corriente".


    Daniel R. Salazar, presidente de la Asociación
    Argentina de Compañías de Seguros, no se aventuró
    a avalar estas estimaciones, pero señaló que de
    la lectura de las resoluciones surge que el reconocimiento será
    notablemente inferior al que mencionó el titular de la
    Comisión Liquidadora del Inder, Oscar Chialvo: $ 220 millones.
    De esa cifra, 60% se abonaría en efectivo y el resto en
    bonos.


    Salazar agregó que, al margen de estas circunstancias,
    hay un hecho significativo: las compañías más
    beneficiadas serían las que en los últimos años
    soportaron mayores siniestros y, por lo tanto, las que le generaron
    mayores pérdidas al Inder.


    Diversos analistas consultados por MERCADO critican
    el procedimiento propuesto por el Inder debido a que, si las empresas
    no lo aceptan, no les queda otra alternativa que el proceso judicial,
    que en el mejor de los casos, insumirá tres o cuatro años.
    El Grupo Juncal, por ejemplo, inició su demanda en 1987
    y recién ahora el proceso entró en la etapa de las
    pruebas. Con este antecedente las empresas se encuentran en una
    grave encrucijada, pero ya habría criterio adoptado entre
    las más solventes (que no necesariamente son las más
    importantes por el monto de sus primas) de acudir a la vía
    judicial, para no ver cercenado su patrimonio en una cifra muy
    importante.


    La decisión que las compañías
    finalmente adopten es de fundamental importancia para el desenvolvimiento
    futuro del mercado.


    En su carácter de presidente de la Superintendencia
    de Seguros, Fernández considera que el problema está
    siendo magnificado por las empresas y que la diferencia entre
    los cálculos de las empresas y los del Inder radica en
    que el instituto reconoce las deudas desde octubre de 1988, mientras
    que las compañías inician sus estimaciones en 1985.


    Según Fernández, el criterio que intenta
    aplicar el organismo es razonable, dado que tanto en l986 cuanto
    en l987 y hasta octubre de 1988, las compañías abonaban
    las primas al Inder a los 180 días sin ninguna clase de
    indexación. Por lo tanto, agrega, si se beneficiaban al
    no hacer el reajuste, no pueden pedir ahora que se les reconozca
    deuda alguna en concepto de caja por ese período.


    Además, Fernández recuerda que las
    empresas ya habían acordado en 1990 que la actualización
    comenzaría a regir a partir de octubre de 1988, según
    lo estipulado en un acta firmada oportunamente con el interventor
    del Inder, Jorge Furlan.


    También hay diferencias con respecto a los
    importes adeudados con posterioridad a octubre de l988.


    El Inder sólo les reconoce a las empresas
    70% de lo solicitado. En esta negociación, el instituto
    toma en cuenta que, si las compañías no aceptan,
    no les queda otra alternativa que la vía judicial, en cuyo
    caso los gastos no bajarían de 20% de lo solicitado. Desde
    esta óptica, con la propuesta del Inder las empresas sólo
    se verían perjudicadas en 10%.





    VISPERAS DEL CAMBIO.



    Pese a estos problemas, los analistas consideran
    que la evolución futura del sector puede considerarse razonablemente
    buena, aunque Blanco admite que ello dependerá de la suerte
    final del plan de convertibilidad. "Está demostrado
    que el gran enemigo de las compañías aseguradoras
    es la inflación", señala. El titular del MAP
    lanzó, además, un tiro por elevación a la
    Superintendencia de


    Seguros, al afirmar que ese organismo, siguiendo
    el ejemplo de España, debería otorgar un plazo mucho
    más flexible para que las compañías ajusten
    su patrimonio a las nuevas normas dictadas por la institución.
    De no ser así, agrega, muchas empresas estarán obligadas
    a desaparecer, pero no lo


    harán por su ineficiencia, sino como consecuencia
    de las circunstancias políticas y económicas por
    las que atravesaron el país y el Inder.


    Por su parte, Salazar sostiene que la estabilidad
    debería brindar un gran impulso a todos los rubros relacionados
    con el seguro de vida. Esto posibilitaría "restablecer
    una masa muy significativa de inversiones en el mercado local,
    que hoy se canalizan hacia el exterior, generando una fuga


    importante de divisas, que contribuyen a engrosar
    fondos de inversiones en las plazas más importantes del
    mundo".


    Aunque Salazar reconoció que no existen cifras
    oficiales que cuantifiquen los seguros que se derivan al exterior,
    adelantó que estudios privados serios los sitúan
    en más de US$ 200 millones.


    Salazar también advierte grandes posibilidades
    de expansión en el seguro de salud, que hasta ahora, debido
    al exceso de regulaciones, soportaba los problemas derivados de
    la falta de flexibilidad para operar en nuevos negocios y mercados.
    Cuando se desregule el sector salud de las obras sociales, el


    auge de esta actividad puede ser espectacular, sentenció.


    Para todo esto es fundamental la consolidación
    de la estabilidad y que se restaure la confianza en la institución
    aseguradora nacional. Si este último requisito no se cumple,
    el mercado puede estar totalmente desregulado, pero los argentinos
    seguirán contratando sus pólizas en el exterior.


    Algunos analistas opinan que, debido a la desregulación,
    muchas empresas quedarán en el camino durante el año
    próximo. Fernández, sin embargo, considera que la
    depuración no será tan traumática. Las compañías,
    señala, conocen de antemano el horizonte de proyección.
    Por lo tanto, cada directivo estará en condiciones de adecuar
    el volumen de negocios a su propio respaldo


    patrimonial.


    Muchas empresas ya se están preparando para
    el gran cambio. Uno de los ejemplos más interesantes es
    el de la cooperativa Bernardino Rivadavia que, según las
    versiones, acaba de asociarse con Bamerindum, de Brasil, creando
    entre ambas una nueva empresa binacional, que competirá
    en ambos mercados, sin interferir en la actividad que realiza
    cada una en su país.


    Esta, según Fernández, sería
    la dirección correcta; "los empresarios nacionales
    deben comprender que el mercado de los próximos años
    es el del Mercosur. No sólo deben prepararse para extender
    sus negocios a ese ámbito, sino también para hacer
    frente en el mercado interno a la competencia internacional de
    primer nivel".


    En ese sentido Fernández sostuvo que ya son
    varias las compañías internacionales que están
    observando detenidamente el mercado local.