Seis de cada diez empresarios consideran que el crecimiento
del mercado constituye la principal motivación para invertir,
mientras que 57% señala que todo depende de la confianza
en el plan de estabilidad. A su vez, 54% manifiesta que la presencia
de productos importados y la competencia de
nuevas marcas son los principales factores estimulantes
de sus inversiones.
Los costos de la mano de obra, la energía
y el crédito aparecen, a los ojos de los empresarios, como
las principales barreras para la inversión en la Argentina.
Estas conclusiones surgieron de una encuesta diseñada
y procesada por MERCADO, destinada a indagar en las razones y
reparos de quienes en estos momentos invierten en la Argentina.
La investigación se realizó sobre la base de cien
empresas industriales y de servicios que contestaron un cuestionario
del tipo multiple choice, en el que las respuestas no necesariamente
deben sumar 100%, ya que no son excluyentes.
Según 71% de los empresarios, el principal
objetivo de la inversión es aumentar la calidad de sus
productos o servicios, mientras que 51% contestó que la
meta es bajar los costos de producción.
La financiación bancaria de los proyectos
a largo plazo es considerada riesgosa y la mayoría trata
de eludirla. Así surge del análisis de las respuestas,
ya que 70% informó que el grueso de las inversiones saldrá
de las utilidades retenidas.
TELEFONOS A LA CABEZA.
La principal inversión prevista para 1993
está en manos de Telecom, con un presupuesto de US$ 771
millones necesario para instalar 445.500 líneas telefónicas.
Su colega, Telefónica de Argentina, la seguirá en
el ranking, con un desembolso previsto de US$ 670 millones. El
objetivo es instalar 594.000 líneas.
Para tener una idea de la magnitud de las inversiones
en el sector de la telefonía, vale la pena recordar que
durante este año finalizaron las dos iniciativas más
importantes del último quinquenio: Petroken, un joint venture
entre Ipako y Shell para producir 100.000 toneladas anuales de
polipropileno en Ensenada, con un monto final de US$ 200 millones,
y la planta de Transax, que
requirió US$ 250 millones para construir 300.000
cajas de cambio por año. El mayor antecedente de la última
década es la planta de Siderca, construida por el grupo
Techint en Campana, para la fabricación de tubos de aceros
sin costura, con un costo total de US$ 610 millones.
La industria automotriz, un sector que no participa
en el proceso de privatización y cuenta con un régimen
especial de protección, espera invertir US$ 708 millones
en los próximos dos años. Las empresas involucradas
en este cálculo son Sevel, Autolatina, Ciadea (ex Renault),
Mercedes Benz,
Scania e Iveco. La mitad de ese monto será
desembolsada por la líder, Sevel.
En el rubro agroindustrial, se destacan Cargill y
Minetti, que han decidido construir sendos puertos, en Ingeniero
White (Bahía Blanca) y Ramallo, respectivamente. El monto
de la inversión de cada uno de ellos es de US$ 20 millones
y se busca captar la producción agrícola exportable
de una cuenca de
200 kilómetros.
ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA.
Impsa, la primera compañía privada
de América latina no sujeta a un monopolio regulador estatal
que ha construido, instalado y explota una red de comunicaciones,
ha invertido, luego de tres años de operaciones, US$ 50
millones y planea desembolsar otros US$ 14 millones en 1993 para
instalar
su tercera antena parabólica de conexión
satelital.
La estrategia de Acindar para 1993 y 1994 es continuar
en la senda de la inversión para bajar costos.
El proyecto más ambicioso es instalar en la
planta de Villa Constitución una máquina de colada
continua y un laminador en serie con un presupuesto de US$ 72
millones. Se invertirán, además, cerca de US$ 9,5
millones en dos trenes de laminación. También proyecta
la construcción de una nueva planta de caños por
US$ 15 millones. Con una larga lista de obras en el horizonte,
el
presupuesto del nuevo programa de inversiones que
comienza en 1993 asciende a poco más de US$ 100 millones.
La Corporación Interamericana de Inversiones,
afiliada al Banco Interamericano de Desarrollo, decidió
apoyar el desarrollo de un proyecto minero de envergadura, que
implica una inversión de US$ 65 millones. Se trata de una
iniciativa de la empresa Potasio Río Colorado, del grupo
TEA de Córdoba, y apunta a la explotación de una
reserva de potasio en la cuenca del río Colorado, en el
sur de Mendoza, para utilizarla como fertilizante; 90% de la producción
se destinará a la exportación, principalmente a
Brasil.
EL OJO DEL AMO.
A fines de mayo de este año capitales chilenos
se convirtieron en los principales accionistas de la Central Costanera,
generadora de energía eléctrica para la zona de
la Capital Federal y Gran Buenos Aires. Si bien la capacidad instalada
nominal era de 1.260.000 kilovatios, la realidad mostraba que
sólo estaban disponibles para el servicio
280.000 kilovatios, o sea menos de la cuarta parte. En esta primera
etapa se ratificaron las expectativas de rentabilidad de los inversionistas,
quienes luego de invertir US$ 10,7 millones este año, decidieron
programar nuevos desembolsos por US$ 180
millones, que comenzarán a principios de 1993.
El objetivo es repotenciar la central, una tarea que finalizará
a mediados de 1995.
A fines de marzo, el nuevo frigorífico de
Swift en Rosario comenzará a operar parcialmente y en junio
lo hará a full. Luego de una inversión de US$ 120
millones, la empresa construyó una nueva planta de 60.000
metros cuadrados, que equivale a la mitad de la que actualmente
está en operaciones y cuyos orígenes se remontan
a principios de siglo. Esta antigua estructura consta de varios
pisos, lo que le hace consumir demasiada energía y tiempo.
"Vamos a ganar 40% de productividad", afirma
su presidente, Carlos Oliva Funes, "ya que podremos contar
con un mayor volumen de faena, pero fundamentalmente un layout
moderno que agilizará las tareas, reducirá los tiempos
de cada proceso y ahorrará energía". Por otra
parte, el nuevo diseño de
la planta permitirá incorporar nuevos productos
a la oferta de la empresa y podría hacer aumentar la facturación
anual de los actuales US$ 180 millones a US$ 240 millones.
Edgardo A. Silveti.
