jueves, 14 de mayo de 2026

    Quiénes, cuánto y para qué

    Seis de cada diez empresarios consideran que el crecimiento
    del mercado constituye la principal motivación para invertir,
    mientras que 57% señala que todo depende de la confianza
    en el plan de estabilidad. A su vez, 54% manifiesta que la presencia
    de productos importados y la competencia de


    nuevas marcas son los principales factores estimulantes
    de sus inversiones.


    Los costos de la mano de obra, la energía
    y el crédito aparecen, a los ojos de los empresarios, como
    las principales barreras para la inversión en la Argentina.


    Estas conclusiones surgieron de una encuesta diseñada
    y procesada por MERCADO, destinada a indagar en las razones y
    reparos de quienes en estos momentos invierten en la Argentina.
    La investigación se realizó sobre la base de cien
    empresas industriales y de servicios que contestaron un cuestionario
    del tipo multiple choice, en el que las respuestas no necesariamente
    deben sumar 100%, ya que no son excluyentes.


    Según 71% de los empresarios, el principal
    objetivo de la inversión es aumentar la calidad de sus
    productos o servicios, mientras que 51% contestó que la
    meta es bajar los costos de producción.


    La financiación bancaria de los proyectos
    a largo plazo es considerada riesgosa y la mayoría trata
    de eludirla. Así surge del análisis de las respuestas,
    ya que 70% informó que el grueso de las inversiones saldrá
    de las utilidades retenidas.



    TELEFONOS A LA CABEZA.



    La principal inversión prevista para 1993
    está en manos de Telecom, con un presupuesto de US$ 771
    millones necesario para instalar 445.500 líneas telefónicas.
    Su colega, Telefónica de Argentina, la seguirá en
    el ranking, con un desembolso previsto de US$ 670 millones. El
    objetivo es instalar 594.000 líneas.


    Para tener una idea de la magnitud de las inversiones
    en el sector de la telefonía, vale la pena recordar que
    durante este año finalizaron las dos iniciativas más
    importantes del último quinquenio: Petroken, un joint venture
    entre Ipako y Shell para producir 100.000 toneladas anuales de
    polipropileno en Ensenada, con un monto final de US$ 200 millones,
    y la planta de Transax, que


    requirió US$ 250 millones para construir 300.000
    cajas de cambio por año. El mayor antecedente de la última
    década es la planta de Siderca, construida por el grupo
    Techint en Campana, para la fabricación de tubos de aceros
    sin costura, con un costo total de US$ 610 millones.


    La industria automotriz, un sector que no participa
    en el proceso de privatización y cuenta con un régimen
    especial de protección, espera invertir US$ 708 millones
    en los próximos dos años. Las empresas involucradas
    en este cálculo son Sevel, Autolatina, Ciadea (ex Renault),
    Mercedes Benz,


    Scania e Iveco. La mitad de ese monto será
    desembolsada por la líder, Sevel.


    En el rubro agroindustrial, se destacan Cargill y
    Minetti, que han decidido construir sendos puertos, en Ingeniero
    White (Bahía Blanca) y Ramallo, respectivamente. El monto
    de la inversión de cada uno de ellos es de US$ 20 millones
    y se busca captar la producción agrícola exportable
    de una cuenca de


    200 kilómetros.



    ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA.



    Impsa, la primera compañía privada
    de América latina no sujeta a un monopolio regulador estatal
    que ha construido, instalado y explota una red de comunicaciones,
    ha invertido, luego de tres años de operaciones, US$ 50
    millones y planea desembolsar otros US$ 14 millones en 1993 para
    instalar


    su tercera antena parabólica de conexión
    satelital.


    La estrategia de Acindar para 1993 y 1994 es continuar
    en la senda de la inversión para bajar costos.


    El proyecto más ambicioso es instalar en la
    planta de Villa Constitución una máquina de colada
    continua y un laminador en serie con un presupuesto de US$ 72
    millones. Se invertirán, además, cerca de US$ 9,5
    millones en dos trenes de laminación. También proyecta
    la construcción de una nueva planta de caños por
    US$ 15 millones. Con una larga lista de obras en el horizonte,
    el


    presupuesto del nuevo programa de inversiones que
    comienza en 1993 asciende a poco más de US$ 100 millones.


    La Corporación Interamericana de Inversiones,
    afiliada al Banco Interamericano de Desarrollo, decidió
    apoyar el desarrollo de un proyecto minero de envergadura, que
    implica una inversión de US$ 65 millones. Se trata de una
    iniciativa de la empresa Potasio Río Colorado, del grupo
    TEA de Córdoba, y apunta a la explotación de una
    reserva de potasio en la cuenca del río Colorado, en el
    sur de Mendoza, para utilizarla como fertilizante; 90% de la producción
    se destinará a la exportación, principalmente a
    Brasil.



    EL OJO DEL AMO.



    A fines de mayo de este año capitales chilenos
    se convirtieron en los principales accionistas de la Central Costanera,
    generadora de energía eléctrica para la zona de
    la Capital Federal y Gran Buenos Aires. Si bien la capacidad instalada
    nominal era de 1.260.000 kilovatios, la realidad mostraba que


    sólo estaban disponibles para el servicio
    280.000 kilovatios, o sea menos de la cuarta parte. En esta primera
    etapa se ratificaron las expectativas de rentabilidad de los inversionistas,
    quienes luego de invertir US$ 10,7 millones este año, decidieron
    programar nuevos desembolsos por US$ 180


    millones, que comenzarán a principios de 1993.
    El objetivo es repotenciar la central, una tarea que finalizará
    a mediados de 1995.


    A fines de marzo, el nuevo frigorífico de
    Swift en Rosario comenzará a operar parcialmente y en junio
    lo hará a full. Luego de una inversión de US$ 120
    millones, la empresa construyó una nueva planta de 60.000
    metros cuadrados, que equivale a la mitad de la que actualmente
    está en operaciones y cuyos orígenes se remontan
    a principios de siglo. Esta antigua estructura consta de varios
    pisos, lo que le hace consumir demasiada energía y tiempo.


    "Vamos a ganar 40% de productividad", afirma
    su presidente, Carlos Oliva Funes, "ya que podremos contar
    con un mayor volumen de faena, pero fundamentalmente un layout
    moderno que agilizará las tareas, reducirá los tiempos
    de cada proceso y ahorrará energía". Por otra
    parte, el nuevo diseño de


    la planta permitirá incorporar nuevos productos
    a la oferta de la empresa y podría hacer aumentar la facturación
    anual de los actuales US$ 180 millones a US$ 240 millones.



    Edgardo A. Silveti.