– Electrónica –
EL AÑO DE LA TELEVISION.
Las estadísticas de la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (AFARTE) son concluyentes con respecto al producto de mayor demanda del sector: los televisores de color.
Mientras que en 1990 se fabricaron 285.200 aparatos, el año pasado se llegó a 550.000 unidades, con un incremento nada despreciable de 93%. Tal vez el mayor de todo el sector industrial.
Ese crecimiento no fue casual ni espontáneo. Roberto J.Russo, director de AFARTE, explica que la reactivación que se produjo a partir de abril de 1991 se debió a dos factores básicos: “La disminución de opciones financieras y la simultánea reaparición del crédito a costos razonables hicieron que la
demanda reprimida eclosionara de la forma en que lo hizo”.
Pero también hubo esfuerzos muy serios por parte del gobierno y de los empresarios. El acuerdo que las dos partes firmaron en mayo del año pasado hizo posible la eliminación de los impuestos internos. Al mismo tiempo, los fabricantes bajaron sus precios a los minoristas en 33 %. Sin embargo, estas disminuciones de costos no se reflejaron de inmediato al público debido a la presión de la oferta insatisfecha.
Uno de los problemas que se presentó fue la demora del sector proveedor en normalizar sus plazos de entrega, desarticulados por la recesión. Pedro Waisman, de Aurora Grundig, cree que ése es un obstáculo ya superado y que el panorama mejorará en 1992. “La tendencia es de crecimiento, y se mantendrá mientras persista la estabilidad económica y se ofrezcan créditos con menores tasas de interés, tanto por parte de los bancos como de los comercios y las tarjetas de crédito. Este año, la producción de televisores puede llegar a superar en 50% a la de 1991, y se batiría el récord de 600.000 aparatos registrado en 1986. Esto significa alcanzar unas 800.000 unidades en 1992. Pero hay un factor que preocupa y es la necesidad de que la Aduana mejore sus controles para evitar que lo que antes entraba de contrabando ahora lo haga de la mano de la subfacturación y el dumping”, argumenta.
Para este sector hay mucho en juego durante el período de vacaciones que va de enero a marzo. Si son ciertos los cálculos que indican que 2.300.000 argentinos irán de vacaciones al exterior y 30% de ellos decidirá traer un equipo electrónico de contrabando o subfacturado, el Tesoro dejará de recaudar cerca de US$ 100 millones (equivalentes a la mitad del superavit fiscal de un mes). Y la industria local verá esfumarse las oportunidades de ventas de 690.000 equipos.
– Celulosa y papel –
VENTAJAS COMPETITIVAS.
El consumo aparente (producción, más importaciones, menos exportaciones) de papeles, cartones y cartulinas del año pasado fue de 1.049.360 toneladas, lo que representó un aumento de 26% con respecto a 1990. “Pero la parte del león -aclaró Roberto Iglesias, gerente de la Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel- se la llevó la importación, que creció en 280%, mientras que las ventas de la industria local sólo aumentaron 12% y las exportaciones cayeron en 73%.
La alta correlación entre el crecimiento del Producto Bruto Interno y el consumo de papel se confirmó en 1991, y sobre la base de esa experiencia se puede estimar que las perspectivas para 1992 son buenas en cuanto a la demanda, que tal vez registre una nueva expansión de 20%. Pero la gran incógnita es qué sucederá con la producción frente a la agresividad de la importación. Para Esteban Takacs, presidente de la entidad, el problema no radica en falta de calidad o en costos de la producción local, sino en un complejo cuadro internacional.
En valores constantes, la tonelada de pasta celulósica, que costaba algo más de US$ 800 a principios de 1990, bajó a US$ 780 el año pasado y en los últimos meses se colocó en US$ 550. La recesión del principal país consumidor de papel -Estados Unidos- sumada a un escaso crecimiento en el resto de los países industrializados, y a la entrada en operaciones de nuevas plantas, tiró los precios abajo.
“La consecuencia de todo esto es que hay excedentes en todo el mundo, pero para la Argentina la situación es más delicada, porque la industria brasileña, que atraviesa una crisis económica excepcional, vuelca todo el excedente posible para pasar el mal momento y hace caja de cualquier manera. Es por ello que en su momento pedimos la cláusula de salvaguarda del convenio del
Mercosur”, explica Takacs.
Sin embargo, el dirigente del sector afirma que la Argentina tiene la ventaja comparativa natural de un rápido crecimiento de los árboles y menores costos frente a conocidos productores como Canadá y los países nórdicos. “Pero para crecer necesitamos más bosques, ya que la superficie plantada cubre unas 690.000 a 700.000 hectáreas y difícilmente se lleguen a forestar 20.000 hectáreas por año, lo que es muy poco. Por eso estamos gestionando un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo por US$ 200 millones.
También hay planes en el sector industrial. No se trata de construir nuevas plantas, sino de encarar una reconversión. Esto significa dar de baja el equipamiento obsoleto, equivalente a unas 200.000 toneladas anuales de producción, e instalar nuevos equipos con un volumen similar de capacidad.
Con este propósito se gestionará un crédito del Banco Mundial por US$ 248 millones.
– Petroquímica –
CUESTION DE PRECIO.
Este año traerá grandes novedades al campo de la petroquímica. En 1991 hubo un vuelco -que se acentuará en 1992- hacia el mercado interno y un repliegue de la exportación. La mayoría de las firmas reconocen que desde el segundo semestre de 1991 hay una mayor demanda local que ha permitido disminuir sustancialmente la capacidad ociosa y mejorar la productividad. El repunte de
las ventas para 1992 alcanzaría a 15% con respecto al año pasado.
La declinación de las exportaciones no es un fenómeno reciente, y obedece, en gran parte, a la brutal caída de las cotizaciones internacionales. La industria exportó por valor de US$ 386 millones en 1988, para bajar a US$ 376 millones en 1989 y US$ 339 millones en 1990. Los voceros del sector estiman que en 1992 se mantendrán los niveles registrados el año pasado: alrededor de US$ 300 millones.
Un acontecimiento para celebrar será la próxima inauguración de Petroken, un joint venture entre Ipako (51 %) y Shell (49%) para fabricar 120.000 toneladas anuales de poliestireno. La inversión en la planta de Ensenada será de US$ 200 millones.
Como arrastre de 1991 quedó en pie para los próximos meses la búsqueda de una salida a la insólita situación generada por dos acciones judiciales: la demanda de Petroquímica Bahía Blanca a sus empresas satélites -Indupa, Polisur, ICI- por la falta de pago del etileno, y la contrademanda de esas
compañías por la imposición de precios que consideran exageradamente elevados.
Pero en 1992 la atención se concentrará en un tema fundamental para el sector: la privatización de las petroquímicas Mosconi y Bahía Blanca, principales productoras de aromáticos y de olefinas, respectivamente. Estas materias primas abastecen a docenas de otras empresas de la industria, lo que implica que el control de su fabricación permite “administrar” cuotas de producción y fijar precios.
Rubén Puentedura, Ernesto Orlando y Alejandro de Achával, directivos de la Cámara Argentina de Petroquímica, señalan que el sector pelea mano a mano con la importación, ya que la protección arancelaria varía entre 5% y 13%, con preferencias para Brasil, en el marco del tratado del Mercosur.
Los puntos más sensibles con la industria local son las extraordinarias diferencias de los costos de la energía eléctrica, gas natural, servicios de comunicaciones, cargas impositivas y salarios.
Orlando advierte que la petroquímica es una industria que necesita superar 80% de la capacidad de planta y los márgenes de ganancia unitarios son pequeños, lo que exige una alta rotación de ventas.
Es por ello que debe ajustar los costos al máximo y cualquier distorsión en este sentido descoloca a la actividad.
Para Achával, la búsqueda de la eficiencia se concretará también a través de complementaciones industriales entre diversas empresas y por medio de fusiones o absorciones.
– Siderurgia –
SE DOBLA, PERO NO SE ROMPE.
Este año la siderurgia consolidará un notable aumento de la productividad, continuando un proceso que se inició en 1991. Cinco o seis años atrás se necesitaban 25 horas-hombre para producir una tonelada de acero en la Argentina. El índice se sitúa ahora entre 9 y 10 horas-hombre.
Una parte de tan sorprendente resultado se debe al aumento de la capacidad de producción de Siderca, en Campana. Sin embargo, el fenómeno es en gran medida consecuencia de las reducciones de personal en SOMISA y Acindar. Cerca de 9.000 operarios perdieron sus puestos de trabajo.
La reactivación del mercado interno permitiría que la producción de 1992 registre un incremento de 12% en comparación con el año pasado. Las 3.100.000 toneladas de ese período podrían crecer a 3.500.000 en los próximos doce meses. Frente a la expansión de otros sectores, esta cifra puede parecer modesta, pero para las empresas que muestran en sus balances las huellas del derrumbe productivo, es toda una fiesta. De una producción de 3.883.000 toneladas en 1989 se pasó a 3.636.000 en 1990 y a 3.100.000 el año pasado. En conjunto, la caída fue de 25%.
Estamos entusiasmados con las posibilidades que se han abierto con el actual plan económico -afirmó Javier Tizado, de Siderca y Propulsora Siderúrgica- y en esta carrera sólo les pedimos a las autoridades soportar el mismo peso que llevan nuestros competidores del exterior para estar en igualdad de condiciones. Con aranceles de 5 a 13% competimos con el mundo.” Lo que sucede, señaló, es que las tarifas de electricidad y gas de la Argentina son superiores, por ejemplo, a las de Brasil o Estados Unidos. Por otra parte, el costo laboral no salarial está entre los tres más altos del mundo y es tres veces superior al de Japón o Corea.
La siderurgia argentina recibió recientemente otra mala noticia: las importaciones de materia prima, como el mineral de hierro o el carbón de coke, que no estaban afectadas por gravámenes, tendrán que pagar ahora un arancel de 5%.
– Construcción –
DESPUES DE TOCAR FONDO.
A fines de la década de 1970 la industria de la construcción empleaba a casi un millón de personas.
Las nuevas edificaciones y las ampliaciones sumaban entre 3.000.000 y 4.000.000 de metros cuadrados por año. También se construían caminos que sumaban 3.600.000 kilómetros lineales. El consumo de acero era de 130 kilogramos por habitante. Todas esas cifras deben dividirse por dos o por tres para llegar a los indicadores de la actividad de 1990 y 1991.
Sin embargo, para Alberto Shebar, vicepresidente de la Unión Argentina de la Construcción (UAC), la situación tocó fondo en 1990, cuando la actividad sólo empleaba a 100.000 personas.
Estimamos que la reactivación comenzó el año pasado y que a fines de 1991 ya se empleaba a 200.000 personas”, aseguró. “La reactivación ha sido muy fuerte y repentinamente nos encontramos con que hay escasez de mano de obra en general, pero en lo que hace a las especialidades la situación es dramática.
Las perspectivas para este año son prometedoras y tal vez las de 1993 resulten excepcionales. Shebar estima que, ante el elevado volumen de depósitos en los bancos, el crédito volverá a ser abundante y barato. Pero en el caso de la construcción de viviendas se necesita financiación a largo plazo, no
menor de diez años. “Confío en que esas líneas aparecerán con el tiempo. Los primeros intentos, pero para los sectores de muy altos ingresos, se comenzaron a ver el año pasado. No sería extraño que el proceso se profundizara en 1992.
Roberto Sammartino, presidente de la UAC, afirma que la única forma de aumentar el ingreso de la comunidad es recuperar el alto nivel de inversión. “Pero, a diferencia de lo que sucedió hace unos años, ahora no sólo debemos volver a invertir en el país, sino que nos tenemos que preocupar por la productividad de esas inversiones. Los operadores privados pueden aplicar hoy su esfuerzo a una variedad de áreas que son prioritarias para el crecimiento del país y que serán potenciadas por la eficiencia de la gestión gerencial, la productividad, la tecnología y la innovación.
– Alimentación –
BUENAS NOTICIAS.
Precios libres, buenas cosechas, insumos cada vez más baratos, libertad cambiaria. Tal vez la agroalimentación sea el sector que más se afiance en el logro de rentabilidad en 1992. En algunos casos se esperan sorpresas para los próximos meses. Una de las fuentes de buenas noticias puede ser el complejo agroindustrial exportador oleaginoso. Mientras que en el ciclo agrícola anterior
(1990/91) llegó a exportar US$ 3.126 millones y las primeras estimaciones para 1991/92 apuntaban a una merma, todo cambió en un par de meses.
Es que, así como se ha registrado una caída en los precios de las exportaciones industriales, últimamente han aumentado las cotizaciones de los productos agrícolas primarios e industrializados. En el caso de la Argentina, el repunte alcanza al trigo y al maíz, pero también a los granos, harinas, aceites y subproductos de la soja, girasol, lino, maní y algodón.
Si bien hubo una reducción del área sembrada con soja, que apenas llegó a 4.500.000 hectáreas, el rendimiento sería muy bueno y la cosecha podría estirarse hasta 11.200.000 toneladas. El ingreso de este complejo comienza a ser estimado en US$ 3.400 millones para 1992, lo que equivale a un alza de 9%.
En la principal organización empresaria del sector, Copal, predomina la impresión de que 1992 será un buen año. “Tenemos la materia prima, sabemos hacer los productos, contamos con muy buena tecnología y nuestros precios son excelentes si hay juego limpio”, afirma Luis A. Spanggemberch. La referencia a los precios alude a la tremenda presión que provocan en los mercados internacionales los subsidios agrícolas de los Estados Unidos y de la Comunidad Europea.
“Durante este año no habrá grandes inversiones en la construcción de nuevas plantas -explicó Adolfo Rastellino- pero se mejorará la productividad de los diferentes ciclos de manufacturas. Habrá incorporación de maquinaria nueva que reemplazará equipos obsoletos.
Sin embargo, los problemas surgirán de la infraestructura y de los servicios. Por lo menos así piensa el presidente de la entidad, Alberto Alvarez Gaiani. “Hacen falta más y mejores caminos porque los que existen están muy deteriorados. Y casi con seguridad habrá escasez de energía eléctrica. Pero
quizá lo más urgente es que de una vez por todas haya un enfoque integral para el problema que generan las rigideces de la leyes laborales, los abusos de los llamados accidentes del trabajo y del sistema previsional.
