La expansión de los vehículos eléctricos en el transporte público, las flotas corporativas y el parque automotor instaló una pregunta operativa: si las ciudades y las redes están en condiciones de abastecer esa nueva demanda. En Argentina, entre enero y agosto de 2026 se patentaron 5.166 vehículos 100% eléctricos, casi diez veces más que los 526 registrados en el mismo período del año anterior, según datos de ACARA/SIOMAA.

Ese crecimiento, todavía sobre una porción reducida del mercado, traslada el foco desde la incorporación de unidades hacia la infraestructura necesaria para cargarlas. El desafío no se limita a sumar equipos: cada punto de carga exige analizar potencia disponible, características de la instalación, demanda, tiempos de permanencia y tipo de operación, con el objetivo de acompañar el avance de la electromovilidad sin sobredimensionar recursos ni comprometer el sistema eléctrico.

En esa línea, Diego Delfino, gerente técnico de MEHCCO, planteó que la respuesta no pasa simplemente por instalar más cargadores. El enfoque apunta a dimensionar la red a partir de la operación real: cómo se usa el vehículo, cuánto tiempo permanece conectado y qué perfiles de consumo se esperan a lo largo del día.

El caso Trambus y la potencia requerida

Un ejemplo citado para dimensionar el cambio es el desarrollo asociado a la implementación del Trambus de la Ciudad de Buenos Aires. El sistema contará con más de 50 unidades 100% eléctricas y conectará Nueva Pompeya con Aeroparque. Según el Gobierno porteño, beneficiará a alrededor de 50.000 usuarios diarios y permitirá reducir 40% el tiempo del recorrido actual.

Para abastecer una flota inicial de 52 vehículos mediante 24 cargadores, uno de los puntos centrales fue estimar cuánta potencia requeriría la operación. El planteo inicial contemplaba una demanda cercana a 4 MW. Sin embargo, a partir de simulaciones de recorridos, frecuencias y curvas de carga, se validó una necesidad de aproximadamente 2 MW, con margen para futuras demandas. “El caso demuestra por qué dimensionar correctamente puede ser tan importante como elegir la tecnología de carga”, comentó Delfino.

Aplicaciones y soluciones complementarias

El mismo principio puede trasladarse a estaciones de servicio, industrias, empresas de logística, estacionamientos, edificios o centros comerciales. La secuencia propuesta es primero entender cómo y cuánto se va a cargar y, recién después, definir tecnología y potencia necesarias, ya que no todos los usuarios requieren la misma solución ni todos los espacios cumplen la misma función.

En paralelo, aparecen alternativas complementarias como los cargadores portátiles, pensados como recurso de auxilio para recuperar autonomía desde una instalación convencional y alcanzar un punto de carga principal. No reemplazan los sistemas de carga fija, pero amplían posibilidades de uso y atienden una inquietud habitual: qué sucede cuando no hay un cargador disponible.

La transición, en este marco, no consiste únicamente en reemplazar vehículos a combustión por eléctricos. También requiere planificar generación, distribución, infraestructura de carga y nuevos hábitos de movilidad, en un mercado que todavía se considera incipiente y que demanda planificación y tiempo.