sábado, 22 de agosto de 2026

Construir por metro cuadrado puede fallar: cinco errores que elevan costos hasta 50%

Con el Índice del costo de la construcción del Indec en 16,7% acumulado en el primer semestre de 2026, especialistas advierten que presupuestar solo por metro cuadrado puede ocultar gastos de obra, desde trabajos no visibles hasta cambios de proyecto, con impacto directo en plazos y en la inversión final.

El costo del metro cuadrado suele ser el primer dato que se consulta al planificar la construcción o remodelación de una vivienda, pero especialistas advierten que tomarlo como única referencia puede ofrecer una imagen incompleta de la inversión necesaria y derivar en sobrecostos de hasta 50%.

El contexto de costos en movimiento se refleja en el último Índice del costo de la construcción (ICC) del INDEC, correspondiente a junio de 2026, con un aumento de 2,6% mensual y una suba acumulada de 16,7% en el primer semestre. En ese período, la mano de obra registró un incremento de 20,9%, los gastos generales de 19,6% y los materiales de 11,5%.

En ese escenario, especialistas de Mapei enumeraron cinco errores frecuentes que inciden en el presupuesto real de una obra. El primero es calcular el costo únicamente por el valor del metro cuadrado. Esa referencia general no siempre contempla honorarios profesionales, características del terreno, movimientos de suelo, permisos, instalaciones especiales, imprevistos ni diferencias en la calidad de las terminaciones. “El costo por metro cuadrado muestra la ‘cáscara’ del proyecto, pero no necesariamente su desempeño”, señaló Lucas Alvares, Marketing manager de Mapei Argentina.

El segundo error es ahorrar mediante materiales inadecuados. Elegir un producto solo por precio, sin considerar la superficie, el ambiente o las condiciones de uso, puede provocar fallas prematuras. En esos casos, se debe retirar lo colocado, comprar nuevamente los materiales y repetir la mano de obra. Dentro de esa lógica, la preparación de superficies, las carpetas de nivelación, los sellados y las barreras contra la humedad suelen tener poca visibilidad, pero resultan determinantes para la durabilidad de una vivienda. Excluir esos trabajos o usar soluciones que no corresponden puede generar gastos mayores en el futuro.

El tercer punto es modificar el proyecto cuando la obra ya comenzó. Mover una instalación sanitaria, cambiar la distribución de un ambiente o reemplazar un revestimiento una vez iniciados los trabajos implica desarmar tareas terminadas, volver a comprar materiales y extender los plazos. Definir previamente la distribución, las instalaciones y las terminaciones permite anticipar dificultades y reducir la cantidad de cambios durante la ejecución.

El cuarto error es subestimar la impermeabilización y el aislamiento. Las filtraciones pueden deteriorar pinturas, revoques, pisos y revestimientos. Además, una envolvente térmica poco eficiente incrementa la necesidad de calefacción y refrigeración durante toda la vida útil de la vivienda.

El quinto es construir sin estudios previos ni una planificación integral. El estudio del suelo permite definir correctamente las fundaciones y reducir el riesgo de asentamientos, fisuras y reparaciones estructurales, mientras que un cronograma realista facilita la coordinación de equipos, la compra de materiales y la ejecución ordenada de cada etapa. “Planificar desde el comienzo y pensar los materiales como parte de un sistema sigue siendo una de las mejores inversiones”, afirmaron desde Mapei.