La industria manufacturera entró en el segundo trimestre de 2026 con una señal conocida: dejó atrás la fase más aguda del deterioro, pero todavía no encuentra un punto de apoyo para volver a crecer. La nueva Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC muestra una producción esperada en leve retroceso, una cartera de pedidos debilitada y un mercado interno que continúa sin traccionar. El cuadro no describe un derrumbe. Describe algo más persistente: una economía que se ordena en algunos frentes, pero no consigue todavía reanimar el aparato productivo.
No es una novedad completa para quien haya seguido la secuencia reciente de Mercado. En notas previas, la revista había marcado una recuperación desigual, con cierta estabilización de variables macroeconómicas, pero con consumo, crédito y actividad real todavía bajo presión. El informe del INDEC agrega ahora una evidencia precisa: la mejora del clima general no alcanzó para recomponer los pedidos ni para activar una expectativa de expansión industrial.
El indicador de confianza empresarial de la industria manufacturera se ubicó en marzo en -18,3%. Es un nivel todavía negativo, aunque menos severo que los peores registros de 2025. Esa diferencia importa, pero no cambia el diagnóstico de fondo: la industria dejó de empeorar al ritmo de meses anteriores, aunque sigue operando en zona de cautela.
El cuello de botella sigue siendo la demanda
El dato más contundente del relevamiento está en la cartera de pedidos. El 50,9% de las empresas declaró que el volumen actual de pedidos se encuentra por debajo de lo normal, mientras apenas el 2,9% lo ubicó por encima. El balance resultante, de -48,0%, es una señal fuerte: el problema central no es la falta de capacidad instalada ni una restricción de oferta, sino la insuficiencia de ventas para justificar un aumento de producción.
La propia encuesta lo confirma cuando pregunta por el principal factor que limita la posibilidad de aumentar la producción. El 52,5% de las firmas señaló a la demanda interna insuficiente. Muy detrás quedaron la competencia de productos importados, con 11,5%; la incertidumbre económica, con 7,2%; y la demanda externa insuficiente, con 4,6%. El orden de las respuestas revela algo más que una dificultad coyuntural: la industria depende todavía, en gran medida, de un mercado interno que no termina de recomponerse.
Ese contexto explica por qué las expectativas para abril-junio siguen siendo moderadas. El 64,8% de las empresas espera que el volumen de producción no varíe; el 20,1% prevé una caída y solo el 15,1% anticipa una mejora. El balance es de -5,0%. En los pedidos de la demanda interna, el sesgo también es negativo: 24,3% espera una baja y 17,5% una suba.
Crédito difícil, empleo en pausa
La debilidad de la demanda se combina con otro límite clásico de la economía argentina: el financiamiento. El 35,0% de las empresas consultadas afirmó que el acceso al crédito es difícil, frente a apenas 6,2% que lo considera fácil. En simultáneo, 25,5% calificó como mala su situación financiera actual y solo 10,7% la definió como buena. La lectura es directa: incluso si algunas variables nominales se ordenan, la recomposición del capital de trabajo y la posibilidad de financiar expansión siguen siendo restringidas.
La evaluación de la situación actual del negocio también conserva un tono negativo. El 31,3% de las empresas la describió como mala, frente a 6,2% que la consideró buena. Esa asimetría explica por qué el empleo no muestra señales de recuperación. Para los próximos tres meses, el 79,0% espera no modificar su plantilla, pero el 17,3% prevé reducir personal y apenas el 3,7% cree que lo aumentará. Las horas trabajadas muestran la misma lógica defensiva: predominan las respuestas que anticipan baja sobre las que prevén una suba.
Aquí aparece una de las claves más relevantes del momento. La industria no está reaccionando con despidos masivos, pero tampoco con nuevas incorporaciones. Administra la debilidad. Congela decisiones. Espera una señal que todavía no llega.
Exportaciones y precios: los únicos matices
El informe deja pocos espacios para el optimismo, aunque no ninguno. Las expectativas de exportación para abril-junio arrojan un balance positivo de 2,8%: 18,4% de las empresas espera una suba y 15,6% una caída. No es una mejora decisiva, pero sí una diferencia respecto de la debilidad del mercado local. También la expectativa sobre la situación futura del negocio aparece prácticamente equilibrada: 13,8% cree que mejorará y 13,7% que empeorará.
En precios promedio de venta, el 38,2% de las empresas prevé aumentos para los próximos tres meses, mientras 53,3% no espera cambios. El dato sugiere que persiste capacidad de ajuste en algunos segmentos, aunque ya sin la inercia de períodos anteriores.
La conclusión del relevamiento es sobria y relevante. La industria argentina no parece estar ante una nueva caída abrupta, pero tampoco ante una recuperación firme. Se estabilizó en un nivel bajo, con pedidos insuficientes, crédito caro o escaso y empleo en compás de espera. Para una economía que necesita mostrar resultados más allá de la macro, el dato no es menor: sin reactivación del consumo o sin una mejora exportadora más marcada, el sector manufacturero seguirá moviéndose en una franja estrecha, más cerca del estancamiento administrado que de la expansión.












