El dato de marzo de 2026 fue, en sí mismo, contundente. Las exportaciones argentinas de bienes treparon a un récord histórico de US$ 8.645 millones, mientras las importaciones sumaron US$ 6.122 millones. El resultado fue un superávit comercial de US$ 2.523 millones, con veintiocho meses consecutivos de saldo positivo. En el acumulado del primer trimestre, el saldo asciende a US$ 5.508 millones.
Lo más relevante no es solo el número absoluto, sino su aceleración reciente. En enero de 2026 el superávit había sido de US$ 2.189 millones; en febrero cayó a US$ 797 millones; y en marzo volvió a escalar hasta US$ 2.523 millones. Es decir: marzo más que triplicó el saldo de febrero y superó en US$ 334 millones al de enero. También quedó muy por encima del registro de marzo de 2025, cuando el superávit había sido de US$ 623 millones.
El repunte tuvo un motor claro: las exportaciones. INDEC informó que en marzo crecieron 30,1% interanual, impulsadas sobre todo por mayores cantidades vendidas, que subieron 25,3%. Las importaciones, en cambio, avanzaron apenas 1,7% interanual. En otras palabras: la mejora del saldo no vino de un derrumbe importador, sino de una expansión exportadora mucho más vigorosa. Ese matiz importa, porque vuelve más sólido el resultado externo.
Visto en perspectiva, marzo fue uno de los mejores meses de toda la gestión Milei en materia de balanza comercial. Si se toma la serie mensual desde diciembre de 2023, el superávit de marzo de 2026 se ubica entre los más altos del período. Con los datos revisados disponibles, solo quedan por encima mayo de 2024, con US$ 2.640 millones, y noviembre de 2025, con US$ 2.535 millones. Detrás aparecen marzo de 2026, enero de 2026 y marzo de 2024. Dicho de otro modo: el saldo de marzo no fue apenas “bueno”; fue el tercer mejor de toda la administración.
La comparación con 2024 también ayuda a ordenar el diagnóstico. Durante el primer año completo de Milei, los superávits más abultados se concentraron en los meses de mayor compresión importadora y recuperación del agro. En 2025, en cambio, el saldo anual se redujo a US$ 11.286 millones, pese a que siguió siendo positivo mes tras mes, porque las importaciones crecieron 24,7% y las exportaciones avanzaron bastante menos, 9,3%. Esa dinámica explica por qué marzo de 2026 adquiere relieve: aparece como una interrupción favorable dentro de un año previo en el que el colchón comercial se había ido afinando.
Ahora bien, el punto decisivo de tu pregunta está en otro plano: ¿este superávit comercial alcanza para cubrir la cuenta corriente? La respuesta rigurosa es: todavía no puede afirmarse para el primer trimestre de 2026, porque la cuenta corriente se publica de manera trimestral y no depende solo de bienes. También incorpora servicios, ingreso primario e ingreso secundario. Por eso, un saldo comercial positivo puede convivir con una cuenta corriente débil o incluso deficitaria.
El último dato oficial disponible de balanza de pagos, correspondiente al cuarto trimestre de 2025, sirve como referencia precisa. En ese trimestre, la cuenta corriente mostró un superávit de US$ 2.294 millones. Pero ese resultado surgió de una combinación muy específica: la balanza de bienes aportó un superávit de US$ 6.283 millones y el ingreso secundario sumó US$ 777 millones, mientras que la balanza de servicios restó US$ 1.813 millones y el ingreso primario descontó otros US$ 2.953 millones. Es decir: una parte importante del superávit comercial se evaporó al pasar por el filtro de servicios e ingresos.
Esa comparación permite una conclusión sobria. El superávit comercial de marzo, tomado aisladamente, sí es mayor que el superávit de cuenta corriente del último trimestre publicado: US$ 2.523 millones contra US$ 2.294 millones. Pero la comparación es imperfecta, porque enfrenta un flujo mensual de bienes con un resultado trimestral integral. Más útil es otra lectura: en el cuarto trimestre de 2025, de cada dólar de superávit de bienes, solo una fracción terminó convirtiéndose en superávit de cuenta corriente, precisamente por el peso negativo de servicios e ingreso primario.
Por eso, marzo deja dos mensajes simultáneos. El primero es auspicioso: el frente comercial volvió a ensancharse y lo hizo con un salto exportador de gran magnitud. El segundo exige prudencia: mientras la economía siga cargando déficits relevantes en servicios y, sobre todo, en renta de la inversión e intereses, el superávit comercial no se traslada en forma automática a la cuenta corriente. Para saber si el primer trimestre de 2026 cerró efectivamente “cubierto” habrá que esperar la publicación de balanza de pagos. Hasta entonces, lo correcto es decir que marzo mejoró mucho el punto de partida, pero no permite clausurar la discusión.
En una línea: marzo fue un mes muy fuerte para el comercio exterior argentino; probablemente, el mejor en varios trimestres. Pero la cuenta corriente es una prueba más exigente: no se gana solo con bienes.












