Estanflación: los precios mayoristas subieron 2,1% mientras la actividad pierde fuerza

Los precios mayoristas volvieron a crecer por encima del IPC en agosto. El petróleo, los productos primarios y los importados explicaron buena parte del aumento, mientras la inversión, la industria y el empleo muestran una economía que no logra consolidar una expansión.

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La discusión sobre la estanflación argentina sumó en agosto un nuevo elemento. El índice de precios internos al por mayor (IPIM) aumentó 2,1% mensual, acumuló 19,1% en los primeros ocho meses del año y quedó 29,8% por encima de agosto de 2025. El movimiento se produjo al mismo tiempo que los últimos indicadores de actividad volvieron a mostrar una pérdida de impulso.

El dato adquiere relevancia porque la inflación mayorista superó al IPC de agosto, que había avanzado 1,7%. No implica necesariamente que esa diferencia vaya a trasladarse de manera automática a los precios al consumidor, pero indica que las presiones de costos continúan activas en una economía con escaso margen para absorberlas a través de una mayor producción.

El índice de precios internos básicos al por mayor (IPIB), que excluye el efecto de los impuestos, aumentó 2,3%, mientras que el índice de precios básicos del productor (IPP), que mide los precios recibidos por los productores nacionales, también avanzó 2,3%. Las variaciones interanuales se ubicaron en 28,9% y 29,7%, respectivamente.

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El petróleo vuelve a presionar

El movimiento de agosto estuvo lejos de ser uniforme. Los productos nacionales aumentaron 2,1%, mientras que los productos importados subieron 2,9%, una diferencia que vuelve a colocar al componente externo entre los factores que inciden sobre los costos internos.

Dentro de la producción nacional, los productos primarios avanzaron 4,6%. El principal impulso provino del petróleo crudo y el gas, cuyos precios mayoristas aumentaron 8% en apenas un mes. Ese rubro explicó 0,71 puntos porcentuales de la variación total del IPIM, aproximadamente un tercio del aumento registrado en agosto.

Los productos agropecuarios subieron 2,2%, la energía eléctrica 2,7% y alimentos y bebidas 1,4%. Los productos manufacturados, en cambio, avanzaron 1,3%, por debajo del promedio general.

La fotografía interanual también muestra dónde se concentran las mayores presiones. El petróleo crudo y el gas aumentaron 51,9% en doce meses; los productos refinados del petróleo, 52,8%; y la energía eléctrica, 48,8%. Los productos primarios acumularon un incremento de 38,8%.

La inflación convive con una economía que se enfría

El dato mayorista debe leerse dentro de una secuencia más amplia. Mercado viene señalando que el problema económico de 2026 ya no reside exclusivamente en el ritmo de inflación, sino en su convivencia con una actividad que encuentra dificultades para sostener el crecimiento.

La definición había aparecido meses atrás bajo una fórmula sencilla: una inflación que se resiste a perforar su piso y una actividad que se mueve sin crecer de manera sostenida. La recuperación avanzaba en forma de serrucho, con sectores exportadores y primarios mostrando un comportamiento considerablemente más dinámico que aquellos vinculados con la demanda interna.

Los datos conocidos desde entonces profundizaron esa divergencia. El PIB del segundo trimestre creció 2% frente al mismo período del año anterior, pero cayó 0,6% respecto del trimestre previo en términos desestacionalizados. La inversión retrocedió 11,1% interanual, mientras que las exportaciones aumentaron 13,7%.

La industria también muestra esa debilidad. En julio utilizó apenas 58,2% de su capacidad instalada, lo que equivale a casi 42% de capacidad ociosa. Las diferencias sectoriales son amplias: mientras la refinación de petróleo operó cerca del 90%, la metalmecánica y la industria automotriz se ubicaron alrededor del 40%.

Precios que corren más rápido que la inversión

Esa combinación ayuda a interpretar el dato mayorista. Una economía puede convivir con aumentos de precios de insumos y materias primas incluso cuando la demanda permanece débil. Las empresas enfrentan entonces una disyuntiva: trasladar esos mayores costos a precios finales o absorberlos mediante menores márgenes.

El segundo camino tampoco resulta neutral. Menores márgenes pueden traducirse en menor inversión, menor contratación y una utilización todavía más baja de la capacidad productiva. La inversión ya aparece como uno de los componentes más débiles del escenario actual.

El mercado laboral agrega otra dimensión. Las estadísticas conocidas durante los últimos meses mostraron una prolongada caída del empleo asalariado privado y un crecimiento de formas laborales más precarias. El deterioro del empleo formal limita, además, la recuperación del consumo y reduce la capacidad de las empresas orientadas al mercado interno para convalidar aumentos de precios.

Por eso, la suba mayorista de agosto no constituye por sí sola una confirmación de un proceso estanflacionario. Sí resulta consistente con el cuadro que vienen describiendo los distintos indicadores: inflación que permanece cerca del 2% mensual, inversión en retroceso, elevada capacidad industrial ociosa y una expansión concentrada en pocos sectores.

El núcleo del problema

Existe, además, una diferencia relevante dentro del propio índice mayorista. En los primeros ocho meses del año, el IPIM acumuló 19,1%. Pero petróleo crudo y gas aumentaron 53,9%; energía eléctrica, 48,4%; y los refinados del petróleo, 31,3%. En cambio, máquinas y equipos subieron 6,4%, vehículos automotores 5,8% y productos metálicos básicos 7,2%.

La dispersión reproduce una característica que también se observa en la actividad: los sectores asociados con energía, recursos naturales y exportaciones exhiben una dinámica muy diferente de aquellos vinculados con la inversión productiva y el mercado interno.

Ese es el punto que conecta los precios mayoristas con la discusión sobre estanflación que Mercado viene siguiendo. El problema ya no consiste únicamente en determinar si la inflación baja algunas décimas. La cuestión es si esa desinflación puede continuar mientras la inversión, la industria, el empleo y el consumo permanecen débiles.

Agosto aportó una señal incómoda: los precios mayoristas aceleraron hasta 2,1%, por encima del IPC, en momentos en que varios indicadores productivos vuelven a perder fuerza. Todavía no describe una recesión generalizada. Pero mantiene abierta la pregunta que atraviesa la economía argentina de 2026: cuánto tiempo puede sostenerse una inflación cercana al 2% mensual sin una recuperación más amplia de la actividad.

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