La industria del cemento combina un rol central en el desarrollo —por su presencia en viviendas, caminos, hospitales e infraestructura— con un impacto ambiental elevado: su producción representa cerca del 7% de las emisiones globales. El desafío pasa por sostener el crecimiento sin ampliar esa huella, en un contexto donde la demanda puede aumentar por necesidades de infraestructura.
En América Latina, la discusión suma un matiz específico. La región explica el 4,8% del consumo mundial de cemento y registra un consumo per cápita de 243 kilos, por debajo del promedio global de 475 kilos. A la vez, persisten brechas de infraestructura y vivienda, lo que abre la posibilidad de un incremento de la demanda. En ese escenario, la cuestión no se limita al volumen: también abarca el modo de producir.
Un desafío sin respuesta única
El tema tuvo un espacio destacado en el Congreso Técnico FICEM (Federación Interamericana del Cemento), realizado en México. Entre las conclusiones del encuentro se consolidó una idea: la descarbonización del sector no tendrá una única respuesta.
La industria avanza en distintos frentes, como la reducción del factor clínker, la incorporación de materiales alternativos y la exploración de tecnologías de captura y reutilización de CO₂. Sin embargo, el planteo es que ninguna de estas soluciones, por sí sola, permite resolver el problema, por lo que el abordaje requiere una combinación de medidas.
Hacer mejor lo que ya se hace
Una parte relevante de la respuesta se ubica en un terreno menos visible: elevar la eficiencia de los procesos existentes. Reducir desperdicios, utilizar menos recursos, optimizar formulaciones y anticipar fallas también se consideran medidas de sostenibilidad. En operaciones industriales de gran escala, pequeñas mejoras pueden tener un impacto significativo cuando se multiplican por miles de eventos productivos.
En ese marco, la tecnología aparece como herramienta de gestión. La inteligencia artificial y los modelos predictivos permiten anticipar necesidades de mantenimiento, evitar detenciones, estimar inventarios y detectar cuándo una formulación utiliza más cemento del necesario. “No se trata de incorporar tecnología por moda, sino de usar los datos para tomar mejores decisiones”, dijo Federico dos Reis, CEO de Inform para Latinoamérica.
La logística se presenta como otro frente de mejora. Optimizar la asignación de camiones, reducir tiempos de espera y aumentar la utilización de las flotas permite disminuir viajes innecesarios y, con ello, el consumo de combustible y las emisiones. En términos operativos, estas mejoras pueden traducirse en aumentos de productividad de entre 7% y 40%.
En la mirada del ejecutivo, la tecnología no funciona como solución aislada, sino como habilitador de eficiencia. “La inteligencia artificial no va a resolver por sí sola el desafío climático de esta industria”, dijo dos Reis.












