Aon midió desastres naturales en América Latina y el salto de pérdidas en 2026

En el primer semestre de 2026, la región concentró eventos extremos con pérdidas económicas superiores a US$ 1.000 millones, mientras el total global se ubicó en US$ 111.000 millones, 25% por debajo del promedio del siglo XXI, un dato relevante para aseguradoras y empresas expuestas a interrupciones operativas

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El primer semestre de 2026 dejó en América Latina un conjunto acotado de catástrofes con impacto humano y económico significativo, en un contexto global de pérdidas por desastres naturales por debajo de la media histórica. El panorama surge del informe Global Catastrophe Recap – First Half of 2026 elaborado por Aon.

A nivel mundial, las pérdidas económicas por desastres naturales alcanzaron US$ 111.000 millones, 25% menos que el promedio del siglo XXI. Aun así, el período registró 23 eventos con pérdidas superiores a US$ 1.000 millones y 13 siniestros con pérdidas aseguradas por encima de ese umbral, una cifra superior al promedio histórico. El reporte plantea que el riesgo de catástrofes no depende solo del volumen total de pérdidas o del lugar donde ocurren los eventos, sino de las afectaciones sobre las personas, la infraestructura y las cadenas de suministro.

En América Latina, al menos dos desastres superaron US$ 1.000 millones en pérdidas económicas durante el período analizado. El evento más costoso fue la serie de terremotos que sacudió Venezuela el 24 de junio, con pérdidas preliminares estimadas entre US$ 20.000 y US$ 30.000 millones. El informe ubica el episodio como el terremoto más costoso registrado en Sudamérica desde Chile en 2010 y advierte que, de acuerdo con las primeras evaluaciones, podría convertirse en un evento que supere US$ 1.000 millones a cubrir por el sector asegurador.

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El segundo evento más costoso de la región fueron las inundaciones en Colombia entre el 1 y el 14 de febrero, con pérdidas estimadas en US$ 2.200 millones. En Brasil, una combinación de tormentas severas, inundaciones, deslizamientos de tierra y una sequía prolongada provocó más de un centenar de víctimas y pérdidas cercanas a US$ 1.290 millones.

Otros países también registraron episodios relevantes. Chile y Argentina tuvieron incendios forestales con pérdidas de alrededor de US$ 500 millones. Perú y Ecuador sufrieron inundaciones y deslizamientos de tierra. México fue afectado por la tormenta tropical Boris, con pérdidas estimadas en US$ 100 millones.

En conjunto, el informe anticipa que las pérdidas aseguradas en el continente americano superarán los promedios históricos para un primer semestre, impulsadas principalmente por el impacto de los terremotos en Venezuela. En ese marco, el documento sostiene que “el impacto de las catástrofes ya no puede medirse únicamente por el monto de las pérdidas económicas”.

El reporte también incorpora una perspectiva sobre El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), al que identifica como uno de los principales impulsores de la variabilidad climática global por su influencia en sequías, inundaciones e incendios forestales. Un análisis econométrico reciente estima que sus efectos económicos pueden extenderse hasta tres años después de su inicio y atribuye pérdidas globales de entre US$ 2,1 y US$ 3,9 billones a los eventos de El Niño de 1997-1998 y 2015-2016.

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