Los resultados de PISA 2022 ubicaron a Argentina entre los países con mayor nivel de distracción en clase asociada al uso del celular. En ese relevamiento, el 54% de los estudiantes de 15 años declaró utilizar el dispositivo todos los días durante la jornada escolar y reconoció perder la atención del docente por estar pendiente de la pantalla, dentro de un universo de cerca de 80 países evaluados por la OCDE.
El debate sobre cómo regular el teléfono en el aula se apoya también en evidencia académica internacional. Un estudio de la London School of Economics registró mejoras significativas en el rendimiento académico al eliminar los celulares de las aulas, con un efecto todavía mayor entre estudiantes con más dificultades de base. En la misma línea, investigadores de la Universidad de Texas en Austin concluyeron que la sola presencia del celular —incluso apagado— reduce la memoria de trabajo y la capacidad de atención, ya que el cerebro destina recursos cognitivos a resistir la tentación de revisarlo.
En paralelo, el psicólogo social Jonathan Haidt vinculó el uso intensivo de *smartphones* en la adolescencia con mayores niveles de ansiedad, depresión y problemas de atención. Ese marco empujó a distintas escuelas de Argentina y Uruguay a implementar protocolos institucionales para gestionar el uso del celular durante la jornada, acompañados por programas de formación para alumnos, docentes y familias.
Entre las experiencias mencionadas aparece MotivEd, un programa que combina fundas magnéticas, capacitación y acompañamiento. En evaluaciones internas realizadas a los 90 días de implementación en más de 2.000 alumnos, se observaron tres indicadores: el porcentaje de estudiantes que reportó sentirse involucrado en clase pasó del 38% al 60%; los conflictos frecuentes entre estudiantes vinculados al celular cayeron un 75%; y el 83% de los docentes notó que sus alumnos están “más presentes y comprometidos”.
“La atención es un recurso limitado. Cuando el celular está disponible todo el tiempo, compite constantemente con el aprendizaje y con la convivencia”, dijo Nicolás Viñales, cofundador de MotivEd.
La iniciativa cuenta en Argentina con el apoyo de la Red Educativa Itínere, fundada por Darío Álvarez Klar. “El objetivo no debería ser controlar a los chicos, sino acompañarlos a desarrollar autonomía y hábitos digitales saludables”, dijo Álvarez Klar, fundador de la Red Educativa Itínere.
En las instituciones que adoptaron este esquema, el alumno conserva su celular durante toda la jornada, pero guardado dentro de una funda individual que bloquea la señal y evita el acceso permanente a notificaciones. Cada institución define los momentos y espacios en los que el dispositivo puede utilizarse con fines pedagógicos, con reglas claras.
En ese marco, se plantearon cinco recomendaciones: integrar la regla al proyecto institucional; definir claramente cuándo puede usarse pedagógicamente; involucrar a las familias desde el principio; mantener el celular en poder del alumno pero inaccesible; y medir resultados antes y después de implementar la política. Con Argentina, Uruguay y Chile encabezando el ranking mundial de distracción en el aula, la discusión regional se desplazó del “sí o no” al celular hacia cómo gestionar límites sostenibles sin sumar carga operativa a las escuelas ni convertirlo en una fuente diaria de conflicto.












