La contracción real de la base monetaria y del M2 privado durante 2026 no alcanza, por sí sola, para determinar el sesgo de la política monetaria. Esa es una de las conclusiones del informe del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de Fundación Mediterránea, titulado ¿Es realmente contractiva la política monetaria actual?, realizado por Maximiliano Gutiérrez.
El trabajo plantea que, para evaluar hasta qué punto la postura del Banco Central resulta efectivamente restrictiva, además de observar la cantidad de dinero es necesario incorporar el análisis de los factores de emisión, la demanda de dinero y, especialmente, la evolución de las tasas reales.
Menos pesos y menor demanda
Entre los principales puntos, el informe describe un escenario de “menos pesos”, pero también de menor demanda. En esa línea, señala que el Crédito Interno siguió una trayectoria marcadamente negativa durante 2026, mientras la monetización cayó a niveles bajos.
Medido en términos del producto, la base monetaria equivale al 3,8% del PIB y el M2 privado al 6,6%. El reporte ubica estos valores como parte de un contexto que condiciona la lectura de la política monetaria si se la limita únicamente a la dinámica de los agregados.
El giro de las tasas reales
Otro eje central del análisis es el comportamiento de las tasas de interés en términos reales. El informe indica que, tras comenzar el año en terreno negativo, la TAMAR y los plazos fijos pasaron a rendimientos reales positivos desde fines de julio.
A comienzos de septiembre, la TAMAR se ubicaba en torno al 1,8% anual real y los plazos fijos alrededor del 1% anual real. Además, el trabajo agrega que la desaceleración de la inflación y el reacomodamiento de las tasas nominales llevaron también a los instrumentos a tasa fija a rendimientos reales positivos.
En ese marco, el informe sostiene que “esta dinámica ratifica que la política monetaria es contractiva en los hechos”, al vincular la presencia de tasas reales positivas y el ajuste observado en distintos instrumentos financieros con un endurecimiento que confirma el sesgo restrictivo.
El documento concluye que la evaluación del sesgo monetario requiere mirar en conjunto la cantidad de dinero, los factores de emisión y la demanda de dinero, con especial atención a la trayectoria de las tasas reales a lo largo de 2026.












