AST SpaceMobile sufrió un revés en uno de los tramos más sensibles de su expansión. La compañía informó ante la SEC que BlueBird 7, lanzado el 19 de abril a bordo de New Glenn, fue insertado en una órbita más baja de la prevista y no podrá sostener operaciones con sus propulsores a bordo, por lo que será desorbitado y terminará reingresando a la atmósfera. La empresa sostuvo que espera recuperar el costo mediante su seguro.
El dato golpea por dos razones. La primera es tecnológica: BlueBird 7 formaba parte de la nueva generación de satélites con la que AST busca ofrecer conectividad direct-to-device, es decir, servicios de voz, datos y video satelitales sobre teléfonos convencionales. La segunda es industrial: el tropiezo compromete, al menos en el corto plazo, la apuesta de diversificar lanzamientos más allá de SpaceX y apoyarse en Blue Origin para acelerar la constelación.
Según la propia compañía, BlueBird 7 tenía una antena de casi 2.400 pies cuadrados y estaba diseñado para ofrecer velocidades pico superiores a 120 Mb/s por celda. Habría sido el octavo satélite de AST en órbita baja y uno de los activos llamados a sostener el salto desde la etapa de pruebas a una red con escala comercial.
Un golpe en el momento más delicado
La pérdida llega cuando AST intenta convencer al mercado de que su proyecto ya dejó atrás la fase experimental. En su última presentación corporativa, la empresa sostuvo que produce satélites hasta BlueBird 32, que BlueBird 8, 9 y 10 estarán listos para despacho en unos 30 días y que mantiene el objetivo de cerrar 2026 con unos 45 satélites en órbita. También proyectó una cadencia de lanzamientos de cada uno o dos meses con múltiples proveedores.
Ese cronograma ahora queda bajo observación. Si bien AST procuró transmitir continuidad, el incidente introduce una pregunta central: cuánto dependerá todavía de SpaceX para sostener su hoja de ruta. La compañía había usado Falcon 9 para los despliegues previos y recurría a New Glenn como parte de una estrategia de expansión con vehículos de mayor capacidad. La falla orbital en el tercer vuelo del cohete de Blue Origin complica esa diversificación.
El problema también es de Blue Origin
Para Blue Origin, el episodio también resulta incómodo. New Glenn es el lanzador con el que la empresa de Jeff Bezos busca entrar de lleno en el negocio de cargas pesadas y competir por una porción mayor del mercado espacial comercial. La misión NG-3 tenía a BlueBird 7 como carga útil principal, pero el resultado dejó a uno de sus primeros clientes comerciales sin satélite operativo.
Por ahora no hay indicios oficiales de un cambio en la meta final de AST. Pero la pérdida de BlueBird 7 muestra que, en el negocio satelital, no alcanza con fabricar más rápido: también hace falta una cadena de lanzamiento confiable. Y esa pieza, hoy, volvió a quedar en duda.












