Intuitive Machines es una empresa espacial fundada en Houston en 2013. A diferencia de Boeing, Lockheed Martin o Northrop Grumman, no proviene del núcleo histórico de contratistas de defensa de Estados Unidos. Su apuesta fue otra: concentrarse en la economía lunar, con foco en aterrizajes, servicios de datos, infraestructura orbital y operaciones entre la Tierra y la Luna.
Esa especialización explica por qué empezó a ganar lugar dentro de Artemis. La NASA no la incorporó para fabricar el gran cohete del programa ni la cápsula tripulada, sino para cubrir un tramo distinto del negocio: las misiones robóticas, la entrega de cargas, las comunicaciones y la infraestructura que deberá sostener la próxima etapa de la actividad lunar.
De empresa joven a contratista lunar
La compañía fue fundada por Kamal Ghaffarian, Steve Altemus y Tim Crain. Su crecimiento fue mucho más reciente que el de los grandes grupos aeroespaciales, pero avanzó sobre un mercado con fuerte apoyo público. Al cotizar en Nasdaq bajo el ticker LUNR, quedó además expuesta a una lógica distinta: menos escala industrial que los grandes contratistas, pero mayor sensibilidad bursátil a cada contrato y a cada hito de ejecución.
La relación con la NASA fue el motor de esa expansión. Intuitive Machines integra el programa CLPS (Commercial Lunar Payload Services), el esquema con el que la agencia contrata a empresas privadas para llevar instrumentos científicos y tecnología a la superficie de la Luna como parte de la campaña Artemis. La NASA la incluye entre sus proveedores de CLPS y señala que la compañía acumuló varios contratos para misiones lunares.
El vínculo con Artemis
El punto de inflexión llegó con la misión IM-1, que llevó a la Luna el módulo Odysseus. Ese vuelo convirtió a Intuitive Machines en el primer operador comercial estadounidense en lograr un alunizaje y le dio a la NASA una validación concreta de su estrategia de tercerizar parte del acceso lunar en empresas privadas.
Desde entonces, la empresa quedó más integrada al ecosistema Artemis. En agosto de 2024 recibió un contrato de US$ 116,9 millones para entregar seis cargas útiles a la región del polo sur lunar. Más tarde, el 27 de marzo de 2026, NASA le adjudicó otro contrato por US$ 180,4 millones para transportar siete cargas, cinco de ellas de la propia agencia, también dentro de CLPS y Artemis.
Ese recorrido muestra el cambio de escala. Intuitive Machines dejó de ser una promesa del sector espacial para transformarse en un proveedor recurrente de la NASA en uno de los programas más visibles de la agenda lunar estadounidense. Su negocio no está en el hardware principal del sistema Artemis, sino en una capa complementaria y cada vez más necesaria: bajar carga, operar en superficie y construir servicios alrededor de la presencia lunar.
Los números del último balance
En su último balance público, presentado el 19 de marzo de 2026 para el cierre de 2025, la compañía informó ingresos por US$ 228 millones. También reportó una pérdida neta de US$ 106,8 millones, una mejora frente a la pérdida de US$ 346,9 millones del año anterior.
La empresa informó además Adjusted EBITDA positivo por US$ 8,4 millones, frente a un resultado negativo en 2024, y cerró el ejercicio con US$ 373,3 millones de liquidez. Para una compañía de este tamaño, ese dato es central: muestra margen para sostener operaciones, inversiones y ejecución en un negocio que todavía exige capital y contratos de largo ciclo.
Otro dato relevante es la cartera de contratos. Al 31 de diciembre de 2025, Intuitive Machines reportó un backlog de US$ 328,3 millones. La cifra está lejos de la de los grandes grupos de defensa, pero tiene peso para una empresa enfocada en servicios lunares, porque refleja visibilidad de ingresos futuros y una posición ya consolidada dentro del esquema comercial de la NASA.
Intuitive Machines no compite por tamaño con los contratistas históricos de Artemis. Compite por posición. Su negocio está en los servicios que la NASA necesita para convertir la Luna en un espacio de operaciones más frecuente y menos experimental. Y en ese terreno, la compañía de Houston ya dejó de ser un actor marginal.












