Durante buena parte de los últimos años, la relación entre Estados Unidos y China se explicó mediante una palabra: desacople.
Washington restringió el acceso chino a determinados semiconductores y tecnologías avanzadas. Pekín aceleró el desarrollo de alternativas domésticas y utilizó su posición dominante en algunos minerales críticos como herramienta de negociación.
Parecía comenzar una lenta separación de las dos mayores economías del mundo.
La visita de Xi Jinping a Washington esta semana mostró una realidad bastante más compleja. Estados Unidos y China acordaron reducir aranceles sobre unos u$s 30.000 millones de intercambio comercial y abrir un diálogo sobre inteligencia artificial. La tregua comercial fue extendida mientras continúan las conversaciones.
Demasiado conectados
Estados Unidos y China compiten en casi todas las tecnologías consideradas estratégicas: semiconductores, inteligencia artificial, telecomunicaciones, baterías, vehículos eléctricos, espacio y minerales críticos. Pero llegan a esa competencia después de décadas de integración.
Estados Unidos conserva ventajas muy importantes en diseño de chips, software y determinadas tecnologías necesarias para fabricar semiconductores avanzados. China posee una escala industrial difícil de reproducir y posiciones dominantes en varias cadenas de suministro.
Una cadena de suministro no puede reconstruirse solamente mediante aranceles.
La dependencia cambia de significado
Durante los años de mayor globalización, depender de proveedores extranjeros podía interpretarse como eficiencia. La geopolítica cambió esa cuenta.
Ahora un semiconductor puede convertirse en una restricción de exportación. Una tierra rara puede utilizarse como herramienta de presión. Una fábrica ubicada en el país equivocado puede convertirse de repente en una vulnerabilidad.
La dependencia dejó de ser solamente una cuestión de costos. Pasó a ser también una cuestión de seguridad.
La redundancia deja de ser ineficiente
Durante décadas, construir dos cadenas de suministro para fabricar lo mismo parecía un desperdicio. Ahora puede funcionar como un seguro.
Una segunda fábrica quizá produzca a mayor costo. Un proveedor alternativo quizá sea menos eficiente. Pero ambos adquieren valor si permiten continuar produciendo cuando el proveedor principal desaparece.
También la IA
Estados Unidos y China acordaron iniciar un diálogo sobre inteligencia artificial. Representantes de ambos países han discutido posibles protocolos de comunicación para incidentes de IA con implicancias de seguridad nacional.
Los dos países compiten por desarrollar los sistemas más avanzados y, al mismo tiempo, empiezan a reconocer que determinadas consecuencias de esa competencia pueden requerir reglas compartidas.
La relación puede estar entrando en una fase diferente. La primera fue integración. La segunda, desacople. La tercera puede ser una interdependencia administrada.
La globalización quizá no esté terminando. Lo que está terminando es una de sus ideas centrales: que organizar una cadena productiva consiste simplemente en encontrar el lugar donde resulta más barato producir cada componente. A esa cuenta habrá que agregar otra pregunta: ¿qué ocurre si aquello que resulta más barato deja, de repente, de estar disponible?












