Anthropic abre un laboratorio de biología y Claude se acerca a la mesa de trabajo

La compañía instaló en el área de San Francisco un laboratorio para experimentos físico. Aspira a que su modelo llegue a dirigir robots de laboratorio, aunque admite que está en una etapa muy temprana.

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Hasta ahora, la inteligencia artificial más avanzada del mundo habitó un lugar sin olor ni temperatura, una biblioteca sin ventanas donde cada dato había sido producido, ordenado y limpiado por otros antes de que ella llegara, y donde el mundo físico solo existía como descripción. Que esa biblioteca empiece a tener una puerta hacia el laboratorio es, quizá, el cambio de escala más silencioso de los últimos años.

Anthropic instaló de manera discreta un laboratorio biológico experimental en el área de la bahía de San Francisco, California, según reveló Reuters. El movimiento lleva el trabajo de la compañía en biología más allá de la investigación in silico, la que se hace por computadora, y lo acerca a la experimentación con materia biológica real.

Una división que evita parecerse a una farmacéutica

Eric Kauderer-Abrams, jefe de ciencias de la vida de Anthropic, confirmó a la agencia la existencia del laboratorio. Explicó que la prueba final de la biología sigue estando en el trabajo de laboratorio real, que una parte se hace en instalaciones propias y otra con socios externos, y que ese esquema es el habitual en la mayoría de las biotecnológicas. Un vocero aclaró después que el laboratorio no está dedicado específicamente al descubrimiento de fármacos, sin dar más precisiones.

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La apuesta viene armándose desde hace meses. En abril, Anthropic adquirió la startup Coefficient Bio por unos u$s400 millones en acciones, según la prensa, aunque la compañía confirmó la compra sin comentar el precio, e incorporó a su directorio a Vas Narasimhan, CEO de Novartis, designado por el Long-Term Benefit Trust. En junio, Kauderer-Abrams anticipó que la empresa haría trabajo preclínico en áreas poco atractivas económicamente para la industria tradicional. Por ahora no corre ensayos clínicos y sostiene que no compite con las compañías que viven de llevar medicamentos al mercado, a las que en cambio provee herramientas y servicios, entre ellas Genentech, Bristol Myers Squibb y Novo Nordisk.

Conjeturas baratas, refutaciones caras

Karl Popper sostuvo en La lógica de la investigación científica que una teoría vale por lo que se arriesga a ser refutada, y describió a las teorías como redes lanzadas para atrapar eso que llamamos el mundo, con la voluntad de hacer la malla cada vez más fina. El ciclo que Anthropic aspira a automatizar es, en esencia, el popperiano: formular una hipótesis, diseñar un experimento, ejecutarlo, observar el resultado, corregir la hipótesis y repetir.

La novedad no está en el ciclo, tan antiguo como el método, sino en quién podría recorrerlo. Según una de las fuentes de Reuters, la compañía quiere que Claude dirija unidades robóticas con poca intervención humana, aunque Kauderer-Abrams admite que la automatización de la ejecución del trabajo de laboratorio está en una etapa muy temprana. Si esa aspiración se concreta, un modelo dejaría de aprender solo de datos ajenos y empezaría a generar los propios, con lo que se cerraría un circuito entre el razonamiento y la realidad física que el software tradicional nunca ofreció.

Y entonces el cuello de botella se desplazaría. Las conjeturas, casi gratuitas para un modelo, dejarían de ser el recurso escaso, y lo serían las refutaciones, que dependen de robots, reactivos, materiales y tiempo de laboratorio. La productividad científica podría escalar como nunca, pero solo hasta donde el mundo físico permita comprobar lo que la máquina imagina.

La otra cara de la misma capacidad

La biología aparece, además, en el centro de las preocupaciones de seguridad de la propia compañía. Hace apenas dos semanas, Anthropic dijo haber hallado casos en que sus sistemas podrían haberse usado para desarrollar armas biológicas, un anuncio que generó cierto escepticismo. Kauderer-Abrams reconoce que en su área se trata de equilibrar, de manera constante, la mejora de los modelos con el cuidado en su despliegue, y la empresa insiste en que la supervisión humana es esencial para la seguridad.

Una mirada desde el Sur

La Argentina tiene motivos para seguir el asunto de cerca. Es el país de Bernardo Houssay, Luis Leloir y César Milstein, y cuenta con una biotecnología que Mercado retrató en su edición 1271 a través de Caliz.bio, la empresa que combina agricultura celular y upcycling para producir bioactivos de alto valor. Si el recurso crítico de la ciencia asistida por IA pasa a ser el laboratorio automatizado, la ventaja no la tendrá quien piense mejor sino quien disponga de más mundo físico donde probar, y esa es una carrera con reglas de capital muy distintas a las del talento.

Queda por saber cuánto mundo estarán dispuestos a dejar tocar a estas máquinas quienes las construyen, y quién decidirá dónde termina la red.

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