China tiene una larga experiencia convirtiendo tecnologías consideradas estratégicas en industrias de gran escala. Lo hizo con los paneles solares, las baterías y los vehículos eléctricos.
Ahora empieza a experimentar con una materia prima bastante diferente: imágenes en movimiento.
Ciudades y gobiernos locales chinos están ofreciendo incentivos para atraer a estudios, productores y desarrolladores dedicados al video generado mediante inteligencia artificial. Hay alquileres subsidiados, acceso a capacidad de cómputo y parques tecnológicos especializados.
Durante el primer semestre de 2026 aparecieron unos 221.900 nuevos programas generados con IA en Douyin, la versión china de TikTok. Apenas 1.055 consiguieron superar los 100 millones de visualizaciones.
La distancia entre esas dos cifras probablemente explique mejor que ninguna otra lo que está ocurriendo.
China está descubriendo que la inteligencia artificial puede eliminar rápidamente una de las grandes restricciones históricas de la industria audiovisual: el costo de producir. Pero no puede fabricar con la misma facilidad el tiempo necesario para mirar todo lo que produce.
Una producción mucho más barata
Según datos de la televisión estatal china recogidos por Reuters, producir un minuto de un drama corto mediante IA costaba alrededor de 5.000 yuanes a comienzos del año. Durante el primer semestre, ese valor cayó hasta apenas unos cientos de yuanes.
Un realizador citado por la agencia calculó que una escena de boda que mediante una producción convencional podría costarle unos 60.000 yuanes puede recrearse con herramientas de IA por aproximadamente 1.400.
Los modelos pueden intervenir en la creación de personajes, escenarios, efectos visuales, animación, edición y secuencias completas.
China dispone además de un laboratorio particularmente apropiado: su gigantesco mercado de microdramas, producciones breves diseñadas para teléfonos móviles.
Una fórmula conocida
Hay algo reconociblemente chino en el proceso. Una tecnología empieza a mostrar potencial. Los gobiernos locales intentan atraer empresas. Aparecen subsidios e infraestructura. Entran competidores. La capacidad aumenta y los precios comienzan a caer.
La diferencia es que una fábrica de automóviles tiene límites físicos. Una fábrica de contenido digital se enfrenta a restricciones bastante menores.
De la escasez a la abundancia
Durante más de un siglo, producir entretenimiento audiovisual fue caro. Internet redujo drásticamente el costo de distribución. La IA empieza a actuar sobre la otra mitad de la ecuación: la producción.
Si también ese costo se aproxima progresivamente a cero, la escasez cambia de lugar. Ya no faltarán videos. Faltarán espectadores.
Eso puede alterar quién captura el valor. Cuando producir se vuelve sencillo, aumenta el poder de quien controla la distribución. Douyin, TikTok, YouTube, Netflix y otras plataformas poseen audiencias y enormes cantidades de información sobre sus preferencias.
En un mundo de contenido prácticamente infinito, decidir qué merece llegar a cada pantalla puede convertirse en una actividad más valiosa que producirlo.
China está intentando industrializar una actividad cuya capacidad productiva podría crecer mucho más rápido que su mercado. Durante décadas, la pregunta de la industria audiovisual fue cómo producir más contenido y hacerlo a menor costo. La inteligencia artificial puede terminar resolviendo ese problema y dejar en su lugar otro bastante más difícil: cómo conseguir que alguien tenga tiempo para mirar todo lo que ahora puede producirse.












