Nueve de cada diez personas en América Latina consideran que el desperdicio de alimentos es un problema relevante, pero esa preocupación no necesariamente se traduce en cambios de hábitos. La segunda edición de la Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos de Cheaf, realizada en julio de 2026 sobre 4.504 respuestas de Argentina, Chile, México y Colombia, expuso una tensión entre conciencia y conducta.
La comparación de resultados entre 2025 y 2026 mostró que el nivel de preocupación se mantuvo casi estable: pasó de 91% a 90,7%. Sin embargo, aumentó con fuerza la proporción de personas que declaró desperdiciar alimentos semanalmente: de 27,3% a 40,5%. El relevamiento también concluyó que quienes consideran el desperdicio un problema crítico tiran comida con una frecuencia similar a quienes le asignan menor importancia.
Conservación y falta de información
El informe ubicó uno de los principales obstáculos en el hogar, asociado a la conservación. En la región, el 59,3% de los encuestados señaló que los alimentos se descomponen antes de ser utilizados. A la vez, persistieron dificultades para saber qué hacer con productos que todavía pueden aprovecharse, desde cómo conservarlos hasta cómo donarlos o rescatarlos.
En ese marco, Kim Durand, fundador y CEO de Cheaf, afirmó: “No es que no quieran hacerlo: no saben cómo”. En la misma línea, agregó: “No saben, por ejemplo, que muchos de los panificados se pueden congelar para conservarlos, y no hace falta producir o comprar más”.
Precios, promociones e incentivos
El estudio incorporó con mayor fuerza un factor económico en 2026: el costo de los alimentos. El 57% de los encuestados señaló el aumento de precios como una influencia directa en sus decisiones de compra y aprovechamiento. En Argentina, el 31,5% identificó la caída de los ingresos del hogar como un factor relevante, el porcentaje más alto entre los países analizados.
Las promociones también aparecieron como un punto de atención. El relevamiento identificó que las ofertas que incentivan a comprar más unidades pueden derivar en sobrecompra y, finalmente, en más desperdicio. El informe señaló al 2×1 como un multiplicador de ese efecto. En cambio, el 37% afirmó que compraría productos próximos a su fecha de vencimiento o consumo si tuvieran descuento.
En cuanto a responsabilidades, el 74% de los encuestados ubicó a supermercados y grandes cadenas como los actores con mayor responsabilidad en la reducción del desperdicio; en Argentina, esa percepción alcanzó al 67,3%. Frente a posibles medidas, predominó la preferencia por incentivos: el 52% apoyó estímulos para donar o rescatar alimentos, mientras que solo el 10% eligió multas a grandes empresas.
Durand planteó: “La pregunta ahora es cómo hacemos que la opción de no desperdiciar sea también la opción más fácil”.












