“Esto es por lo que Estados Unidos tiene hoy, en órbita, armas de control espacial, capaces de defender a las fuerzas conjuntas contra acciones hostiles de adversarios.” La frase la pronunció Troy Meink, secretario de la Fuerza Aérea, el lunes 14 de septiembre por la mañana, en National Harbor, Maryland, durante la conferencia Air, Space & Cyber de la Air & Space Forces Association. El funcionario no precisó cantidad, ubicación ni naturaleza de las armas —ni confirmó si se trata de sistemas cinéticos o no cinéticos—, y argumentó que dar detalles debilitaría el efecto disuasivo. Sí calificó la formulación de su frase como “muy pensada”.
Un quiebre en el discurso oficial
Durante más de cuatro décadas, Washington evitó confirmar públicamente que tuviera armamento espacial operativo, aun cuando sus capacidades antisatélite eran conocidas desde los años ochenta: en 1985 Estados Unidos destruyó su propio satélite Solwind con un misil lanzado desde un caza F-15, y en 2008 derribó el satélite espía averiado USA-193 con un misil disparado desde un buque de la Armada. La admisión de Meink rompe ese patrón: es la primera vez que un funcionario de alto rango usa la palabra “armas” sin eufemismos y en un foro público, no en un documento filtrado.
El anuncio llega mientras escala el costo proyectado del Golden Dome, el sistema de defensa antimisiles con componente espacial que Trump presentó en mayo de 2025 con una estimación de u$s175.000 millones y un plazo de tres años. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) había calculado entonces un rango de entre u$s161.000 millones y u$s542.000 millones solo para el segmento espacial; en un informe del 13 de mayo de 2026 elevó la proyección del programa completo a u$s1,2 billones en veinte años. El 23 de abril de 2026, el Departamento de Guerra había presentado avances concretos: diseño inicial de arquitectura, consorcio de comando y control conformado y contratos adjudicados para componentes críticos.
Rusia y China reaccionan
El canciller ruso Sergei Lavrov ya había advertido en marzo, en la Conferencia de No Proliferación de Moscú, que el Golden Dome “representa una amenaza significativa a la estabilidad estratégica” y que “los riesgos de la militarización del espacio… están creciendo”. En mayo, Rusia y China lo calificaron en una declaración conjunta emitida en Beijing como “una clara amenaza a la estabilidad estratégica”. Moscú tiene su propio historial antisatélite: en noviembre de 2021 destruyó con un misil Nudol el satélite soviético inactivo Kosmos 1408, generando una nube de escombros que obligó a resguardarse a la tripulación de la Estación Espacial Internacional. En 2024, la administración Biden había revelado al Congreso que Rusia desarrolla un arma nuclear de uso antisatelital.
Analistas consultados por medios especializados estiman que las armas mencionadas por Meink son más probablemente sistemas de interferencia electrónica —jamming y spoofing— que armamento cinético, dado el riesgo de generar basura espacial en caso de un impacto físico. Entre las alternativas también se mencionan armas de energía dirigida y capacidades ofensivas contra sistemas satelitales.
El Golden Dome prevé pruebas de interceptores espaciales antes de fin de 2026, con la meta oficial de un despliegue en el plazo de tres años fijado por Trump en 2025.












