La Defense Innovation Unit (DIU) y el Comando de Sistemas Espaciales de la Space Force seleccionaron el viernes 18 de septiembre a Northrop Grumman y a True Anomaly para desarrollar pequeños satélites capaces de seguir e identificar a otros satélites en órbita geoestacionaria (GEO), a casi 36.000 kilómetros de la Tierra. El programa se llama GHOST-R (Geosynchronous High-Resolution Optical Space-Based Tactical Reconnaissance) y se apoya en plataformas y sensores ópticos de origen comercial.
Northrop Grumman construirá su satélite sobre la plataforma ESPASat-L, del tamaño de una valija pequeña, con sensores ópticos de la firma TRL-11, de Irvine, California, y lo entregará a la Space Force en 24 meses. El ensamblaje y las pruebas se harán en sus plantas de Dulles (Virginia) y Gilbert (Arizona). True Anomaly usará su nave Jackal y su sistema de control terrestre Mosaic.
El coronel Bryon McClain, ejecutivo de adquisiciones interino del portafolio de poder de combate espacial, dijo que el esquema reduce el riesgo técnico, abarata el costo del ciclo de vida y acelera la llegada de la capacidad al usuario. Agregó que los prototipos exitosos pasarán directamente al programa de registro.
Qué tienen que demostrar
Los prototipos deberían lanzarse en 2028 y hacer observaciones semanales de satélites objetivo, con imágenes de alta resolución. Si funcionan, se incorporarían desde 2029 como plataformas operativas de RG-XX, la iniciativa con la que la Space Force quiere empezar a desplegar, hacia fines de la década, una flota de satélites de reconocimiento. En abril, la fuerza eligió a 14 empresas para el consorcio Andromeda, que compite por órdenes de trabajo de hasta u$s 6.200 millones para RG-XX y para SG-XX, una flota separada de vigilancia.
En paralelo, ambas compañías deben presentar un plan para escalar sus satélites hasta una constelación capaz de seguir todos los objetos públicamente catalogados en GEO. True Anomaly ya mostró parte de esa capacidad: durante la misión Victus Haze, su Jackal se acercó a un satélite de Rocket Lab, lo fotografió, lo caracterizó y lo persiguió en órbita, según informó la empresa en julio.
GHOST-R integra el portafolio “Kill Web” de la DIU, que reúne arquitecturas espaciales con inteligencia artificial para detectar y apuntar al adversario. Entre las funciones previstas figuran la caracterización de objetos, la identificación positiva y la evaluación de daños en órbita geoestacionaria.
Por qué GEO, y por qué ahora
La órbita geoestacionaria concentra satélites militares, meteorológicos y de comunicaciones estratégicas de enorme valor. Hasta ahora, la vigilancia dependía sobre todo de sensores en tierra y de unos pocos satélites especializados, como los del programa GSSAP, del que Northrop Grumman es contratista. La Space Force busca aplicar en GEO la misma lógica que ya está transformando la órbita baja: más satélites, más baratos y reemplazables.
El anuncio llega pocos días después de que el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, afirmara el 14 de septiembre que la Space Force ya tiene “armas de control espacial” en órbita, sin dar detalles sobre si son cinéticas o no. El jefe del Comando Espacial, general Stephen Whiting, sostuvo dos días más tarde, en la conferencia AMOS de Maui, Hawái: “Para poder neutralizar amenazas en el espacio, tenemos que poder encontrarlas, fijarlas, seguirlas y apuntarlas. El apuntamiento en el dominio espacial está madurando, pero todavía tiene un largo camino por recorrer.” Detectar, identificar, seguir y caracterizar es la secuencia previa a cualquier sistema de control espacial, y es donde se ubica GHOST-R.
Un posible mercado en órbita
Después de las constelaciones de comunicaciones y de observación terrestre, empieza a aparecer una tercera categoría: satélites cuyo objeto de observación son otros satélites. La maniobra autónoma, los sensores ópticos, la navegación relativa y la inteligencia artificial que requieren son las mismas tecnologías que necesitan la inspección, el mantenimiento y, eventualmente, la reparación de naves en órbita. La infraestructura desarrollada para una competencia militar podría terminar creando parte del mercado de servicios en órbita.
El ángulo argentino
GHOST-R no involucra a empresas argentinas, pero la órbita geoestacionaria es la de la infraestructura satelital del país. Allí operan el ARSAT-1 y el ARSAT-2, y allí se ubicará el ARSAT-SG1, en la posición 81° Oeste, junto al ARSAT-2. Según el cronograma oficial informado al Congreso, su lanzamiento con contingencia está previsto para diciembre de 2028, con uso comercial desde enero de 2029: el mismo año en que deberían lanzarse los prototipos estadounidenses.
Para los operadores de televisión y telecomunicaciones que dependen de capacidad geoestacionaria, el efecto es indirecto: una órbita cada vez más vigilada, más congestionada y más disputada, donde el seguimiento de objetos gana peso estratégico.
Los prototipos de GHOST-R deberían lanzarse en 2028. Sus demostraciones, con observaciones semanales de satélites objetivo, definirán si pasan a RG-XX a partir de 2029.












