“La escuela se ha quedado amarrada a sus orígenes y no sabe cómo apropiarse de lo nuevo”

Por Flavio Buccino

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Enfrentarse al pensamiento de Guillermina Tiramonti —politóloga, investigadora y una de las sociólogas de la educación más influyentes de la región— es adentrarse en una disección implacable de nuestro sistema educativo. Con una trayectoria marcada por más de cuatro décadas de investigación y pensamiento crítico desde FLACSO Argentina —institución de la que fue Directora General y referente del Área de Educación—, su estilo se revela en esta conversación profundamente analítico y despojado de las complacencias ideológicas que suelen simplificar el debate pedagógico.

Con la templanza de una maestra y la agudeza de quien ha recorrido los hitos de las reformas educativas argentinas desde el retorno de la democracia, Tiramonti hila sus respuestas desarticulando los nudos más espinosos de la realidad: desde la inercia de los intereses corporativos que bloquean las transformaciones, hasta el “simulacro” de una escuela que mantiene sus rutinas pero es incapaz de distribuir el saber. Al desglosar cada concepto, su tono evita el pesimismo paralizante para posicionarse desde una lucidez exigente. Explica con llaneza, pero con una densidad teórica incuestionable, cómo la vieja matriz institucional colisiona con las subjetividades digitales contemporáneas.

Con honestidad brutal, nos obliga a mirar de frente el supuesto engaño de una inclusión escolar que sumó alumnos sin modificar sus estructuras, fracasando así en la verdadera democratización del conocimiento. Siempre en un clima de diálogo ameno, pero dueña de una interpelación ineludible, Guillermina nos guía por las preguntas fundamentales que los discursos oficiales prefieren eludir. Su palabra actúa como un faro y una advertencia: nos insta a abandonar la nostalgia estéril por la modernidad perdida y a asumir la urgencia de reinventar la escuela para que vuelva a dialogar con los desafíos del mundo que viene.

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La Guilllermina que aporta su conocimiento acumulado para entender el mañana

Guillermina, llevás más de cuatro décadas dedicada a investigar, teorizar y tensionar el sistema educativo argentino. Te tocó analizar la escuela en el retorno de la Democracia, documentar la emergencia de la fragmentación social en los 90 y los 2000, y hoy observás un escenario atravesado por el “simulacro”, la disrupción tecnológica y una crisis socioeconómica profunda. Mirando hacia atrás en tu propia trayectoria y contrastándola con este presente tan complejo, ¿qué expectativas o certezas de las que guiaron tus primeros años de trabajo se han ido transformando con el tiempo, y desde qué lugar personal —entre la frustración por la inercia del sistema y la convicción de la necesidad de reformarlo— seguís eligiendo parar dar esta batalla intelectual por la educación?

Entender cómo se suceden los fenómenos que estructuran la realidad ha sido mi única ambición durante toda mi historia, no solo profesional sino en el acontecer de mi vida privada. En el momento que inicie mi trabajo como investigadora, ingenuamente, creí haber encontrado la llave que me permitía entender todo. Es una experiencia compartida con muchos de mi generación en todas las dimensiones del saber. Para la educación fue el “todo a todos” que alentó dos ideas que con el tiempo se han visto falseadas. Una es que el conjunto de los sujetos es igualmente permeable a lo que reciben como enseñanza, lo segundo es que la sola voluntad política de los gobernantes puede  transformar la realidad. La experiencia me mostro que la realidad se construye de determinada manera a partir de un trenzado muy apretado de intereses que se expresan en nuestro país corporativamente y que han definido reglas del juego que reproducen en cada oportunidad situaciones que no permiten cambios de profundidad. Por supuesto que las elites (políticas, económicas, sociales e intelectuales) tienen una responsabilidad principal en permitir la continuidad de esta dinámica. Durante 40 años hemos abandonado la representación de los docentes a un sindicato que ha cooperado activamente a su proletarización, o hemos sacrificado la complejidad de los fenómenos educativos en favor de la simplificación de las consignas ideológicas. Sobre esto últimos tengo un particular reclamo porque involucra a muchos de mis colegas. Por otra parte creo que el avance en los estudios sobre las subjetividades nos ha demostrado la falacia de la creencia que con agregar más alumnos al espacio escolar se cumple con distribución equitativa del conocimiento. Esta es una de las trampas ocultas de la modernidad que simulamos no haber descubierto. No aprendimos nada de los sociólogos críticos de los 70 y 80 y no quisimos advertir la dificultad de incorporar sin modificar. A esta altura de la vida no he perdido el interés por entender el mundo en que vivo y como este se hace cada vez más difícil no puedo abandonar la tarea. Por otro lado las transformaciones me tienen expectante a los cambios en educación.

Ruptura de la matriz sarmientina y las nuevas subjetividades juveniles

Señalás de forma recurrente que la escuela secundaria actual intenta educar a un sujeto pedagógico que ya no existe, utilizando una matriz institucional diseñada a fines del siglo XIX. Las juventudes contemporáneas están atravesadas por identidades móviles, dinámicas de consumo digital inmediatas y trayectorias no lineales ¿Cómo debe reconfigurarse el contrato pedagógico cuando la autoridad docente ya no se sostiene en la jerarquía del cargo, sino en la validación de sentido, y qué implicancias directas tiene esto para rediseñar una escuela secundaria que apele a estas nuevas subjetividades? Y más allá de la ajustada respuesta que puedas darnos a esta pregunta nos interesaría que profundizaras: en un país donde la pobreza juvenil supera holgadamente el 50% y la urgencia por la inserción laboral precarizada compite directamente con la asistencia al aula, ¿cómo se apela a la “validación de sentido” pedagógico sin caer en un discurso meritocrático o desligado de las condiciones materiales extremas de los estudiantes?

Es ya una obviedad decir que desde la segunda mitad del siglo pasado a esta parte todas las dimensiones de la vida en común y la individual han cambiado. En el campo que nos interesa se modificaron las formas de producir, comunicar y legitimar el tipo de conocimiento que la sociedad produce. Al mismo tiempo como los sujetos somos producto de nuestra relación con el medio también hemos cambiado. La escuela es justamente la institución que la sociedad moderna creo con enorme éxito para hacer posible la transferencia del saber acumulado de una generación a otra. Esta institución con una función fundamental en la reproducción civilizatoria se ha quedado amarrada a sus orígenes y no sabe cómo apropiarse de lo nuevo e inventar los modos de transmitirlo. La escuela solo se validara si es capaz de repensarse con referencias claras en el mundo en que se mueve. Abandonar la linealidad en la transmisión del conocimiento en pos de una abordaje complejo, que es el que dinamiza la producción científica desde los años 20 del siglo pasado y es el adoptado por internet, que es el dispositivo de transmisión por excelencia de la tecnología digital. Deberá también encontrar los modos de capturar el interés y la atención de sus alumnos que están permanentemente convocados por multiplicidad de voces. Y por supuesto todo esto solo lo podrá hacer si pone a su servicio las nuevas tecnologías. Los órganos de gestión de la educación junto con especialistas y docentes tienen hoy la responsabilidad de reinventar una escuela con referencia cultural contemporánea capaz de incluir efectivamente a los diferentes sectores socio-culturales a ese dialogo. No más. Es el estado y la sociedad la que debe hacerse cargo y buscar formas de solucionar el fenómeno de marginalidad que afecta a los niños y jóvenes. La escuela debe poder enseñar a todos y es responsable del cumplimiento de esa función sin anteponer condicionantes sociales y culturales.

De la fragmentación socioeducativa a la desconexión cultural

Tus investigaciones sobre fragmentación educativa mostraron cómo el sistema argentino se dividió en circuitos sociales incomunicados. Sin embargo, en tus análisis más recientes sobre el “simulacro educativo”, advertís una desconexión entre la cultura escolar y la cultura del entorno. Frente a un ecosistema donde la información circula de forma hiperconectada fuera de la institución, ¿cómo evitar que la escuela pase de la fragmentación social a una irrelevancia cultural absoluta en la vida de los jóvenes?

Es que son dos circuitos diferentes que no se contraponen. La fragmentación es el fenómeno por el cual las escuelas dejan de actuar como un espacio de integración de los diferentes sectores de la sociedad a una definición cultural común y se mimetizan con el sector sociocultural al que atienden y reproducen su cultura. Es un fenómeno que atraviesa todas las instancias de vida de la población en una sociedad socialmente fragmentada. El simulacro resulta de la incapacidad del Sistema Educativo de desempeñar su función de distribuir el conocimiento acumulado por la sociedad y certificar su cumplimiento. Cuando esto sucede el sistema mantiene una rutina que simula el cumplimiento. De aquí que la simulación abarca a todos los actores y está presente en todos los fragmentos. .

La Inteligencia Artificial y la disrupción en la gestión del conocimiento

La irrupción masiva de la inteligencia artificial generativa erosiona definitivamente el histórico monopolio de la escuela como depositaria y distribuidora de contenidos factuales. Si los estudiantes pueden acceder instantáneamente a síntesis, códigos y resoluciones complejas mediante algoritmos, ¿cuál debe ser el valor agregado del espacio del aula y cómo debe redefinirse la noción de “conocimiento relevante” en el currículum escolar? Y en ese caso, ¿Cómo se discute la integración pedagógica de la inteligencia artificial en un contexto donde coexisten escuelas sin conectividad básica ni equipamiento técnico con aulas hiperconectadas? ¿No arriesgamos profundizar la brecha de capital cognitivo entre quienes usan la IA como muleta y quienes la explotan como amplificador creativo?

Hay mucho por hacer; por parte de quienes tienen en la sociedad la función de gestionar el conocimiento –me refiero a universidades, institutos y centros de investigación– para reinventar la escuela; y en esa reinvención habrá que redefinir cuáles son los saberes relevantes y cuáles no y, también como sociedad, deberemos resolver la problemática de la justa distribución del conocimiento. Problemática que nuestra modernidad no supo resolver y que, si no la asumimos como una de nuestras deudas, seguirá sin resolverse y profundizándose las desigualdades en los tiempos por venir. La solución al problema de la desigualdad no es la cancelación del cambio sino generar las condiciones para que esta se concrete. Tendremos que exigir conexión, formación para los docentes y soportes tecnológicos para la escuela del siglo XXI. La ingeniería moderna de gestión del conocimiento depositaba su producción en los científicos , su preservación y difusión a través de los libros y los docentes en la escuela. Hoy la producción sigue estando en manos de la ciencia y la tecnología de distribución es digital y la escuela sigue teniendo la función poner al alcance de todos el saber que se difunde digitalmente, para ello deberá modificar su práctica haciendo uso de los nuevos soportes. Pero así como muy pocos de los miembros de nuestra generación han podido acceder a la cultura ilustrada sin asistencia escolar, los chicos y chicas actuales necesitan asistencia para abordar inteligentemente la información y los saberes  que se difunden digitalmente.

Arquitectura escolar y superación del formato mosaico

La estructura tradicional del nivel secundario —organizada en asignaturas estancas de 40 minutos, régimen de promoción por año completo y docencia por hora cátedra— actúa como un freno para cualquier innovación profunda. Si tuvieras que diseñar los pilares de una nueva gramática escolar. Una estrategia actual es concentrar las horas docentes en un solo establecimiento para habilitar el trabajo interdisciplinario y superar la etapa del llamado “profesor taxi” que tiene 4 horas en una escuela, 8 horas cátedra en otra y 12 en otra. Eso requiere una reforma de los estatutos docentes y una reestructuración presupuestaria sustancial. Frente a la resistencia de los sindicatos y la pérdida de poder adquisitivo de la profesión. Teniendo en cuenta este panorama ¿qué criterios de organización temporal, espacial y de trabajo docente deberían reemplazar la gradualidad y la parcelación disciplinar? ¿Por dónde crees que se debería entrar “políticamente” a esas resistencias, para hacer frente a los intentos de reforma?

Quiero acotar aquí que esta entrevista es muy exigente porque hace preguntas que todavía no han sido resueltas en el mundo contemporáneo que funciona a diferentes velocidades y la escuela pertenece al grupo de los más rezagados. De cualquier manera lo intento tratando de esquivar algunos de los errores que me parece que creo se están cometiendo. No es remendando los edificios del pasado que construiremos nuestro hogar del futuro, es necesario comprender y asumir la dinámica de funcionamiento de la sociedad digital. Entonces hay preguntas que deberemos hacernos, como por ejemplo cómo articulamos lo presencial y lo virtual y con ello cómo podemos mantener un espacio de presencialidad para desarrollar el trabajo común de los alumnos, las habilidades de cooperación, el sentido de solidaridad y compañerismo con el acceso a  las diferentes posibilidades de aprendizaje que ofrece el mundo digital. O cómo garantizar la adquisición de los saberes necesarios sostenidos en la curiosidad y atención de los alumnos. ¿Por qué no pensar la escuela como un nodo desde el cual los alumnos acceden a las fuentes de saber de todo el mundo y que a la vez ofrezca el anclaje a la comunidad de pares que requiere la vida humana? Así de amplias son las posibilidades que ofrece pensar de nuevo bajo la condición del mundo digital.

Dispositivos didácticos para la producción activa de saberes

Frente a la crisis del modelo expositivo y el examen memorístico, el debate pedagógico exige dispositivos didácticos orientados a la resolución de problemas, la enseñanza basada en proyectos y la alfabetización transmedia. ¿Qué atributos indispensables debe reunir una propuesta didáctica contemporánea para situar al estudiante en el rol de creador de conocimiento y no de mero consumidor de contenidos preconcebidos? Dado el preocupante diagnóstico nacional sobre los niveles de comprensión lectora y matemática básica en los primeros años de la secundaria, ¿cómo se equilibra la implementación de metodologías activas y proyectos complejos sin desatender la remediación directa de los saberes fundamentales que el sistema previo no garantizó?

Lo primero e indispensable son docentes con sólida formación tanto en el área de conocimiento (digo área y no disciplina) que imparte, con buena formación en el uso de la tecnología, con capacitación continua y que haya incorporado su rol de incentivador del trabajo de los alumnos, de auxiliar ante los problemas que surjan al avanzar en los proyectos, de generador de nuevas preguntas y, por sobre todo, un entusiasta del aprendizaje. Todo el proceso de aprendizaje que se desarrolla en la escuela debe cooperar en la adquisición de los instrumentos básicos de la cultura. Para todo habrá que leer, relatar, escribir, y para ello se deben inventar actividades diferentes de acuerdo a la edad, los avances de los chicos considerando siempre el requisito de que despierten su atención.

El rol docente: de la exposición a la curaduría pedagógica

El cuerpo docente se encuentra tensionado entre las exigencias burocráticas del sistema, la contención emocional en contextos vulnerables y la demanda de actualización tecnológica. En el marco de la reforma integral que usted plantea, ¿cómo se redefine la función del profesor hacia una “curaduría pedagógica” y qué transformaciones estructurales deben darse en las instituciones de Formación Docente Inicial para hacer viable esa transición? Los Institutos de Formación Docente (IFD) poseen una enorme densidad matricial y política en las provincias. Frente a iniciativas que proponen su jerarquización, fusión o privatización del crédito formativo, ¿cuál es el camino institucional realista para renovar el perfil docente sin destruir el entramado de formación existente?

Nuestra sociedad está utilizando desde hace muchos años a la escuela como un espacio multifunción. En ella deposita el deber de formar las nuevas generaciones, de contenerlas afectivamente, de adaptarlas a la nueva cultura y regula el espacio a través del control burocrático. El problema es que esto debe hacerlo en un contexto cultural, social y económico muy diferente de aquel que le dio origen. Los niños, los jóvenes, los modos de acceder al conocimiento, los recursos humanos que el mundo productivo requiere, los valores y formas de comportamiento que hoy se espera de los individuos, todo a cambiado y la escuela navega en un mar incierto sin un mapa que le marque el rumbo. Ante esta situación los docentes hacen lo que pueden, lo que su sensibilidad les requiere y por supuesto responden a las demandas burocráticas que les exige el cargo. No son héroes ni verdugos, en esa situación están. Es la sociedad la que debe generar condiciones diferentes para su desempeño. Me parece indispensable que los organismos de gobierno en conjunto con las universidades y centros de investigación redefinan la formación de los nuevos docentes, y poner este material a disposición de los gobiernos provinciales para su aplicación. A partir de esto corresponde al gobierno nacional la evaluación y acreditación de las instituciones de formación de las provincias. A mi entender no se trata solo de generar un prototipo de institución de formación, sino además de pensar una estrategia para la transformación institucional donde los docentes de los institutos sean parte activa del proceso. No se trata de mandar a cambiar sino de convocar a los docentes para que sean co-hacedores del cambio. Creo además que mejorar el perfil docente exige mucho más que atender a su formación, tenemos que valorar y retribuir su trabajo de acuerdo a la centralidad que este tiene en la sociedad.

Evaluación formativa frente al riesgo del “gran simulacro”

En el régimen académico tradicional, la evaluación suele reducirse a un trámite de acreditación burocrática que alimenta la aprobación sin aprendizaje genuino. En un escenario donde herramientas de IA pueden realizar las tareas escolares estandarizadas, ¿cómo diseñar sistemas de evaluación formativa y de certificación de competencias que midan pensamiento crítico y capacidades complejas sin caer ni en la devaluación pedagógica ni en el rigorismo punitivo? Cuando las evaluaciones estandarizadas nacionales e internacionales (como PISA o Aprender) suelen utilizarse mediáticamente para la disputa política partidaria, ¿cómo se logra que la evaluación vuelva a ser una herramienta de diagnóstico pedagógico real y no un arma de estigmatización del sistema educativo público?

La simulación no resiste la evaluación. Por esta razón el sistema discute y califica de estigmatizante a las evaluaciones. Son muchos los engranajes que conforman la dinámica de simulación uno de ellos son los discursos que validan el simulacro.

Viabilidad política y gobernanza de la reforma integral

Las reformas educativas en Argentina suelen naufragar en la brecha entre el diseño técnico-ministerial y la resistencia de la cultura institucional y los actores gremiales. Para pasar del diagnóstico crítico a una transformación sistémica sostenible, ¿cuáles son las condiciones de gobernanza, consensos políticos y gradualidad de implementación indispensables para vencer la inercia del sistema? Con un Consejo Federal de Educación donde conviven provincias de signos políticos contrapuestos y realidades fiscales dispares, ¿cómo se construye una agenda de reforma de mediano plazo que sobreviva a los ciclos electorales y a la tentación de los giros de 180 grados con cada cambio de gestión?

Si me preguntas cómo se hacen los milagros yo no tengo respuestas. El federalismo Argentino es una organización del poder que nunca ha funcionado como tal. No hace falta más que señalar que hace 30 años que no podemos acordar una ley de coparticipación y que por lo tanto la cooperación entre nación y provincias resulta un arbitrario tira y afloje. Creo que a lo largo de los últimos 40 años las políticas han resultado de acuerdos entre intereses corporativos, la política como una corporación, los gremios, la iglesia, los institutos, las universidades. Todos ellos actuando corporativamente. ¿Cómo romper esta trama? A mi entender necesitamos que asociaciones no corporativas presionen en favor de las políticas educativas que necesitan. Ni siquiera les reclamo la generosidad de considerar las necesidades de la sociedad, sino la sinceridad de identificar que el rey está desnudo y reclamar que se vista.

La esperanza pedagógica

Antes de darte la oportunidad del cierre de esta entrevista y viendo el derrotero que seguimos con tus respuestas me gustaría repreguntarte algo con respecto a la primera pregunta que te hice en esta entrevista. En un momento donde campea cierto escepticismo sobre lo público y sobre la capacidad de la escuela para transformar destinos, ¿dónde encontrás hoy, si es que las hay, las señales o los indicios de esperanza que te demuestran que el esfuerzo de pensar y transformar la educación sigue valiendo la pena?

Estoy casi segura que en la colosal reestructuración del mundo a la que asistimos la distribución del conocimiento se hará por vías diferentes a las que invento la modernidad y ello incluye al sistema escolar que hoy tenemos. Por eso mi preocupación no es la conservación de lo existente, sino entender lo que está sucediendo para poder pensar su instrumentación en favor de una producción y distribución del saber más justa. Todos sabemos que el reloj no se detiene y dado este hecho lo único que cabe es trabajar para que su avance genere una sociedad mejor a la que hoy tenemos.

La agenda de lo imprescindible: ¿Qué mundo diseñar con los instrumentos del presente?

Guillermina, para cerrar esta conversación, me gustaría invertir los roles. A lo largo de esta entrevista hemos recorrido los nudos críticos del sistema: la gramática escolar, la inteligencia artificial, la pérdida de sentido y las restricciones socioeconómicas. Sin embargo, muchas veces la agenda pública o mediática pasa por alto discusiones subterráneas que son verdaderamente determinantes. Si hoy fueras quien tuviera que formular la agenda de las preguntas imprescindibles —aquellas que la política, la academia y la sociedad civil ni siquiera nos estamos planteando para una transformación real—, ¿cuál sería la pregunta que todavía no te hicieron y crees debería encabezar la discusión educativa de los próximos años? ¿Qué posible respuesta le darías a esa pregunta?.

El desafío que creo deben afrontar todos los que desde diferentes espacios se ocupan de lo social y con ello de la producción y distribución del conocimiento es “¿cómo es el mundo que se está construyendo?” “¿Cuáles son los criterios a partir de los cuales se construye y cómo intervenir para obtener los mayores beneficios para la sociedad?”, “¿Cuál es su dinámica y como intervenir en la restructuración contemporánea para direccionarla en favor de sociedades más saludables para la vida humana?” El interrogante de base sigue siendo el que dio origen a la modernidad: “¿Qué mundo diseñar con los instrumentos que tenemos?” y “¿cómo hacerlo?”. En el campo educativo eso se traduce en abandonar la nostalgia por lo que fue y convocar a los viejos y nuevos sabios a repensar nuevamente la escuela.

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