Lactancia materna: mitos, culpa y apoyo profesional en la Semana Mundial

Especialistas advierten que, pese a los beneficios para el bebé y la madre, el proceso puede atravesarse con dificultades, frustración y presión social, por lo que el acompañamiento sin juicios y la consulta con puericultura y el equipo médico resultan claves ante dudas sobre producción de leche, dolor o regreso al trabajo

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La Semana Mundial de la Lactancia Materna vuelve a poner en primer plano los beneficios de la lactancia para la salud del bebé y de la madre, pero también las dificultades concretas que muchas mujeres atraviesan al amamantar y el impacto emocional asociado a la culpa, los mitos y las expectativas externas.

En ese contexto, la Dra. Debora Katovsky, especialista en Ginecología y Obstetricia de DIM Centros de Salud, planteó que uno de los supuestos más extendidos es considerar que la lactancia materna exclusiva se desarrolla sin obstáculos. “Uno de los mitos vigentes es que la lactancia materna exclusiva es fácil”, explicó. La profesional agregó que el inicio y el sostén de la lactancia suelen resultar complejos para la mayoría de las madres.

Katovsky subrayó la importancia de contar con una consulta prenatal y posnatal con una especialista en puericultura, además de un entorno familiar y privado que acompañe, y un bebé con capacidad de succión. En su enfoque, el acompañamiento y la escucha forman parte del cuidado, en particular cuando amamantar resulta muy difícil o no es posible.

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Entre los motivos de ansiedad y frustración, la especialista señaló la creencia de que la leche materna no alcanza para alimentar al bebé. “Eso lo determina el neonatólogo o el pediatra en función del peso y la talla del bebé”, dijo, y precisó que, si el bebé crece bien con leche materna, “es el único alimento que necesita hasta, al menos, los seis meses”.

También identificó mitos vinculados a la alimentación materna y a la preparación corporal previa al parto. Aclaró que los nutrientes que llegan a la leche ya fueron procesados por el organismo materno, por lo que consideró fundamental que la madre se alimente correctamente o reciba suplementación cuando sea necesario. Además, indicó que la estimulación prenatal de las mamas no suele ser necesaria en todos los casos y que, cuando se indica, debe realizarse con asesoramiento y seguimiento.

Otro punto que, según la profesional, genera culpa es asociar la imposibilidad o la decisión de no amamantar con un vínculo afectivo diferente con el bebé. “Eso es una mentira”, afirmó, y sostuvo que, en algunos casos, no dar de mamar puede ser una forma de compartir la crianza y la alimentación con la pareja sin que eso disminuya el vínculo. En ese marco, mencionó la lactancia mixta: dar de mamar lo que se pueda, de manera directa o mediante el uso de sacaleches, y sumar fórmula si no alcanza.

Más allá de las creencias, Katovsky enumeró desafíos habituales: la prendida durante las primeras horas de vida, la bajada de la leche, el dolor, la producción insuficiente y el regreso al trabajo. Indicó que en los primeros cinco días desde el nacimiento ocurre la bajada de la leche y la madre puede tener febrícula y dolor, y que al retomar la actividad laboral se requiere tiempo, privacidad y espacios adecuados para extraerse leche y conservarla.

La especialista sumó el final de la lactancia como otra etapa movilizante que puede generar angustia y para la cual recomendó consultar estrategias con el ginecólogo o una puericultora.

En su planteo, el proceso no depende solo de quien amamanta: la familia, el equipo de salud y el ámbito laboral pueden incidir al evitar comentarios que generen inseguridad, facilitar el descanso y ofrecer condiciones para la extracción de leche.

Katovsky recomendó consultar con una puericultora o con el equipo médico ante dudas o dificultades, incluso si no se trata del primer hijo. Mencionó como motivos de consulta los pezones planos o umbilicados desde el embarazo, lactancia dolorosa, pezones lastimados, baja producción de leche, mastitis repetidas, mamas muy congestionadas con dificultad para drenarlas, dificultades para que el bebé aumente de peso o la necesidad de contención durante esta etapa.

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