La transformación digital empezó a modificar el negocio inmobiliario y empuja una redefinición del rol del agente: deja de ser un intermediario para pasar a un perfil de asesoramiento estratégico, apoyado en herramientas de inteligencia artificial (IA) que permiten analizar grandes volúmenes de información, anticipar tendencias y ofrecer un servicio más eficiente y personalizado.
En un mercado cada vez más competitivo, la IA se aplica a la automatización de tareas administrativas, la optimización de procesos y la mejora del análisis del mercado. Ese corrimiento de funciones mecánicas busca liberar tiempo para que los profesionales se concentren en el acompañamiento de sus clientes en decisiones patrimoniales.
En ese marco, el presidente de la Cámara de Empresas de Servicios Inmobiliarios (CAMESI), Mariano García Malbrán, planteó que la preparación profesional será determinante para sostener el desempeño en un entorno con mayor adopción tecnológica. “La capacitación y formación de un agente inmobiliario son pilares fundamentales para construir una carrera exitosa en este competitivo mercado”, dijo García Malbrán, presidente de CAMESI.
La evolución del oficio abre paso al concepto de “agente aumentado”, un profesional que incorpora IA y otras tecnologías para ampliar capacidades operativas y mejorar la experiencia del cliente. Entre las herramientas mencionadas figuran la realidad virtual para mejorar visualizaciones; la tokenización mediante blockchain (libro de contabilidad digital compartido e inmutable) para inversiones fraccionadas; y los contratos inteligentes para transacciones más seguras. A esto se suma el análisis de datos, orientado a gestionar más propiedades, ofrecer experiencias altamente personalizadas y responder con mayor precisión a nuevas demandas.
Entre los efectos concretos, se destaca la posibilidad de ampliar el volumen de trabajo sin perder calidad. El uso de herramientas de IA en la gestión de propiedades permitiría administrar hasta el triple de unidades con un mayor nivel de personalización. También aparece un impacto sobre la productividad: la integración tecnológica podría ahorrar entre 10 y 15 horas semanales en tareas administrativas y mecánicas.
Otro eje es la hiper-personalización. A partir de *machine learning*, el agente puede conocer mejor los gustos del usuario y ofrecerle opciones antes incluso de que el cliente las solicite, con el objetivo de mejorar el recorrido de compra o búsqueda.
Aun con ese avance, el diferencial se apoya en atributos humanos vinculados a la confianza, la escucha activa y la comprensión de necesidades individuales. En este nuevo paradigma, el desempeño profesional se asocia a integrar tecnología con una mirada estratégica y una atención personalizada, además de sostener una formación sólida en mercado local, economía digital y finanzas; seguridad jurídica y cumplimiento regulatorio; y análisis de datos y marketing complejo. “La clave está en desarrollar no sólo habilidades técnicas”, dijo García Malbrán, presidente de CAMESI.












