La discusión sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en el empleo suele concentrarse en tareas administrativas, creativas o de programación, pero los oficios técnicos siguen marcando un límite concreto para la automatización. Electricistas, instaladores y técnicos especializados sostienen un tipo de trabajo donde la destreza física, el criterio en el terreno y la reacción ante imprevistos continúan siendo determinantes.
Un sistema de IA puede escribir código, redactar un informe o proyectar un plano en segundos, pero no puede intervenir en un tablero eléctrico quemado, diagnosticar una fuga de fase a la madrugada o resolver un problema en plena obra. Esa distancia entre lo digital y lo físico se vuelve relevante para empresas y hogares, porque la disponibilidad de mano de obra calificada define tiempos de respuesta, continuidad operativa y costos.
En Argentina, esa resistencia a la automatización convive con una falta de personal técnico calificado. Manpower Group señaló que el 68% de los empleadores locales tiene serias dificultades para cubrir vacantes operativas. En paralelo, la escasez de electricistas, gasistas o soldadores matriculados también impacta en la economía de la construcción: el Banco Mundial estimó que la falta de profesionales eleva los costos de las obras entre 8% y 12% y estira los tiempos de los servicios, con esperas que ya superan los tres meses ante la falta de profesionales homologados.
El cuadro se agrava por la falta de recambio generacional. Estudios de firmas como Amanco Wavin alertan sobre una ausencia casi total de jóvenes de entre 18 y 25 años en estos oficios tradicionales, un vacío que los colegios de técnicos y cámaras de electricistas no logran compensar por el envejecimiento de sus padrones. En la base educativa, los datos del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) muestran un desgranamiento estructural: apenas la mitad de los estudiantes que ingresan a especialidades eléctricas o electromecánicas logra egresar con su título.
La tecnología, sin embargo, sí modifica el perfil requerido. “El error es creer que la tecnología viene a desplazar a los oficios. Lo que hace es elevar la vara de la exigencia”, dijo Dafne Rosenbaum, vicepresidente de Dayton. En esa línea, sostuvo: “El electricista actual necesita mucha más capacitación que antes: maneja testers digitales avanzados, interpreta sistemas automatizados complejos y debe alinearse a protocolos estrictos de seguridad”.
Rosenbaum también planteó que la IA puede ser soporte para diagnóstico o gestión de datos, pero no sustituye la ejecución: “Un software puede alertar sobre una anomalía o planificar un mantenimiento preventivo, pero no va a subir a una escalera a cambiar un componente”.
El impacto económico excede al trabajador independiente. Detrás de cada reparación opera una red de importadores, distribuidores, pymes logísticas y ferreterías, con demanda de equipamiento e insumos específicos que conectan a fabricantes globales con el mercado local. Un informe sobre el mercado de los oficios en Argentina (2026) agregó que quien desarrolla un oficio puede ganar desde $10.000 por una asistencia mínima o de urgencia hasta $10.000.000 por mes, y aclaró que la facturación no equivale a ganancia neta por costos de herramientas, amortización de vehículos, combustibles, seguros y aportes impositivos.












