La Comunidad DEIB de la Asociación de Recursos Humanos de Argentina (AdRHA) presentó un informe sobre el impacto del suicidio en la región y el rol que pueden asumir las organizaciones en la prevención y el acompañamiento dentro del ámbito laboral, en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 700.000 personas mueren por suicidio cada año, lo que equivale a una muerte cada 40 segundos. En América, un estudio publicado en The Lancet Regional Health Americas relevó que entre 2000 y 2021 la tasa de mortalidad por suicidio en jóvenes de 10 a 24 años creció 38%, mientras la tasa mundial descendía. En 2021, 18.157 jóvenes murieron por suicidio en la región y el suicidio se ubicó como la tercera causa de muerte en ese grupo etario.
En Argentina, los registros oficiales muestran que en 2024 se produjeron más de 3.600 muertes por suicidio, de las cuales el 80% correspondieron a varones. Además, desde abril de 2023 el intento de suicidio es un evento de notificación obligatoria en el Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud. Entre esa fecha y octubre de 2025 se registraron 22.249 intentos en todo el país, un promedio de 24 por día.
Diferencias por género y edades
El volumen de intentos registrados permite dimensionar la magnitud del fenómeno y también identificar una oportunidad de intervención: por cada muerte se contabilizan aproximadamente 17 intentos que no terminan en fallecimiento. Los datos también muestran diferencias de género: mientras ocho de cada diez muertes corresponden a varones, el 61% de los intentos registrados fueron protagonizados por mujeres. La letalidad del intento es cinco veces mayor en varones, lo que se explica en buena medida por el método utilizado.
Por edades, las tasas más altas de intentos se concentran entre los 15 y los 19 años, mientras que las muertes se concentran en varones de 20 a 34 años, un rango etario que las organizaciones incorporan y acompañan cotidianamente.
Herramientas organizacionales para prevenir y acompañar
En este contexto, AdRHA planteó que las organizaciones no deben asumir responsabilidades clínicas, pero sí pueden desempeñar un papel en la prevención. Entre las medidas recomendadas se incluyeron: definir canales claros de ayuda y comunicación interna; contar con procedimientos escritos para actuar ante una emergencia; garantizar acceso a proveedores especializados en contención emocional y talleres de duelo; capacitar a líderes en habilidades básicas de escucha, empatía y derivación; y visibilizar la salud mental con información responsable.
También se contempló el acompañamiento en situaciones de duelo por suicidio, con criterios organizacionales como flexibilidad horaria, reorganización temporal de tareas, acceso a apoyo profesional y decisiones transparentes sobre qué se comunica al equipo y qué no.
Luis Etchenique, coordinador de la Comunicación DEI de la Asociación de Recursos Humanos de Argentina, sostuvo: “La prevención no depende solo de detectar síntomas, sino de sostener vínculos donde alguien pueda decir ‘no estoy bien’”.












