La industria alimentaria argentina empieza a incorporar proteínas obtenidas por fermentación como respuesta a la escasez mundial de proteína de suero y al aumento de la demanda global de alimentos con mayor aporte proteico. En ese escenario, AMG analiza el impacto local de una tendencia que ya gana espacio en mercados como India y otros países de Asia.
Un estudio citado por la compañía mostró que el calcio (44%) y las proteínas (42%) son los componentes más buscados por quienes lideran las compras en los hogares. Ese interés se traduce en un mayor consumo de alimentos ricos en proteínas, que ya se observa en categorías como yogures, snacks, bebidas, panificados, postres y golosinas.
A la presión de la demanda se suma la expansión de medicamentos GLP-1, como Ozempic, Wegovy y Mounjaro, que incrementaron la necesidad de proteína de suero. El cuello de botella para ampliar la oferta no se ubica en la producción de leche, sino en la capacidad industrial para filtrar y aislar la proteína del suero: un proceso que requiere inversiones y varios años para ampliar la capacidad instalada.
En ese marco, una de las alternativas que gana espacio es la proteína de levadura, obtenida a partir de la fermentación de *Saccharomyces cerevisiae* —la misma levadura utilizada en pan, cerveza y vino— para luego extraer y concentrar su proteína. AMG plantea que esta opción ofrece alto valor nutricional, no presenta alérgenos, tiene una huella ambiental más baja y un valor más competitivo.
La comparación de costos aparece como uno de los factores que aceleran la adopción. Mientras la proteína de suero cotiza actualmente entre US$ 20 y US$ 25 por kilo, la proteína obtenida por fermentación tiene valores de referencia de entre US$ 8 y US$ 10, lo que representa un ahorro potencial de entre 50% y 65% para determinadas aplicaciones industriales.
Las proyecciones también sostienen el movimiento hacia proteínas alternativas: las de origen microbiano (fermentación, donde entra la levadura) constituyen el segmento de mayor crecimiento proyectado, con una tasa cercana al 22% anual hasta 2033. En el caso específico de la proteína de levadura, el mercado aún es incipiente, pero muestra expansión: pasó de US$ 170,8 millones en 2025 a US$ 185,3 millones en 2026 y proyecta US$ 386,8 millones para 2035 (+8,5% anual).
En Argentina, cuatro de cada diez consumidores priorizan alimentos con mayor aporte proteico y los suplementos de proteína explican el 12% de su compra, de acuerdo con Kantar. En paralelo, el mercado local de alimentos funcionales crece a un ritmo del orden del 4% al 7% anual, con la proteína y el control de peso entre los segmentos más dinámicos.
Para fabricantes de alimentos —desde grandes compañías hasta pymes— la incorporación de proteína de levadura no requiere inversiones significativas en infraestructura y puede integrarse a formulaciones actuales sin modificar líneas de producción. “Hoy la principal inquietud de las empresas alimentarias es cómo incorporar más proteína sin alterar el sabor”, dijo Ignacio Aguirre, CEO de AMG.












