martes, 23 de junio de 2026

    Una meseta con grietas

    Este año el mercado asegurador exhibirá un aumento estimado de 6%, lo que significa un crecimiento menor al de años

    anteriores. Las primas alcanzarían a $ 5.100 millones contra $ 4.800 millones de 1994, cuando habían registrado una

    expansión de 17%.

    A partir de marzo de este año, comenzó a advertise cierta quietud en el mercado: hasta ese mes el acumulado anual

    ascendía a $ 5.200 millones. El origen de esta desaceleración debe buscarse, fundamentalmente, en la retracción

    general de la economía, especialmente por el flanco de las Pymes y de la industria automotriz.

    El mayor volumen de negocios provino, básicamente, de la incorporación de las compañías de seguros de vida (tanto

    las que operan en el negocio tradicional como las previsionales), que en el segundo semestre del año ya empezaron a

    reflejar el impacto de la incorporación al mercado de las más importantes compañías internacionales que operan en este

    rubro. Según estimaciones de los analistas, éste será el segmento de mayor crecimiento en los próximos años.

    El sector muestra, a pesar de su moderado crecimiento, algunos puntos críticos. Un número importante de compañías

    registran severas dificultades, que sus directivos tienden a atribuir a la prolongada demora del Inder en liquidar las

    deudas que mantiene impagas desde hace varios años.

    El panorama se define a partir de la coexistencia de dos situaciones: la de empresas locales afectadas, en

    diferentes grados, por problemas financieros, y la de las compañías internacionales o vinculadas a ellas, que

    aunque mantienen acreencias por cobrar al Inder, pueden recurrir a aportes de capital de sus casas matrices o

    socios del exterior.

    Todo esto contribuye a que el mercado se incline progresivamente hacia las de mayor prestigio y solvencia

    financiera, aunque ello todavía no se reflejó en el número de empresas que actúan en el sector, que siguen en niveles

    superiores a los supuestamente requeridos por el mercado.

    La reducida dimensión de algunas empresas torna poco viable su supervivencia; si se considera la estructura que

    debe mantener actualmente una compañía del sector, las ventas anuales no deberían resultar inferiores a $ 10 millones.

    (Algunas compañías locales no alcanzan a facturar la tercera parte de esa cifra.)

    Los analistas del negocio sostienen que los clientes prestan ahora mucha más atención a la situación de las empresas

    con las que contratan sus pólizas. Cuando esta actitud se generalice, afirman, la depuración de la plaza será un hecho.

    Sin embargo, aunque resulta evidente que el mercado tiende a la concentración, ciertas empresas de menor

    envergadura podrán seguir existiendo a condición de que actualicen sus estructuras y ofrezcan nuevos productos

    integrales que permitan cubrir sectores que hoy están fuera del mercado asegurador.

    El mejoramiento de la eficiencia es, en cualquier caso, un imperativo ineludible. No es posible, sostiene el

    economista José Raúl Hererra, del estudio Proeco, que algunas empresas todavía realicen gran parte de las tareas

    administrativas en forma manual.

    Afianzar la Cultura

    La depuración definitiva del sector se concretaría después de que el Inder regularice totalmente su situación. A partir

    de ese momento la plaza ganará en transparencia y profesionalidad. Es necesario, afirma Herrera, afianzar la cultura

    del seguro en el país. Todavía hay una parte significativa de activos sin asegurar. Algo similar ocurre con las personas.

    Por esta razón, a partir de la llegada al país de las principales compañías internacionales, el mercado comienza a recibir

    información sobre un producto como el de seguro de vida, que a través de sus distintas alternativas permite, en períodos

    de estabilidad, cubrir dos variables importantes: el ahorro y la protección.

    Las dificultades financieras generadas por la falta de pago de las deudas por parte del Inder contribuyen a endurecer

    la competencia, lo que determina, según el presidente de Inca, Eugenio P. Marinaro, que el precio de las pólizas se

    ubique 30% por debajo de los valores técnicos, una situación que se advierte en los rubros de incendio, accidentes de

    trabajo y automotor. En este último renglón se agrega, según Marinaro, el problema de la responsabilidad civil, cuyo

    límite actual de $ 3 millones fijado por la Superintendencia de Seguros resulta totalmente desproporcionado, y para

    mantenerlo obliga a las empresas a fijar una prima que el mercado no puede sobrellevar.

    El presidente de La Buenos Aires, Gonzalo Aguilar, señala, por su parte, que en este período de recesión, la elevada

    carga fiscal obliga a las empresas aseguradoras a bajar fuertemente los precios para hacerse de caja. En los países

    desarrollados el IVA no grava al seguro y la presión fiscal total sobre las primas no supera 3 o 4%. En la Argentina es,

    por lo menos, 10 veces mayor al promedio de la vigente en los países más avanzados.

    Aguilar sostiene que, debido a los serios problemas que afectan al sector, se observa entre las empresas una clara

    insuficiencia de reservas que comienza a generar una cierta concentración en aquellas compañías que ofrecen mayor

    respaldo y solvencia, aunque el mercado continúa muy sensible a los precios de las primas.

    Debido a la elevada carga impositiva, continúa Aguilar, muchos clientes se ven forzados a disminuir la cobertura

    de sus activos. Esto influye cada vez más para que las empresas se inclinen por el autoseguro, una tendencia que se

    refleja en el hecho de que en todos los rubros se acentúa la gravitación de las coberturas mínimas.

    Marea Roja

    Las novedades del mercado llegaron, durante el último período, de la mano de las empresas internacionales, que se

    abstuvieron, en cambio, de participar significativamente en el sector de los seguros generales, que el año pasado operó

    con un quebranto promedio de 8% y en 1995 reiteraría un resultado negativo, aunque de una magnitud inferior: 3%.

    Piero Zuppelli, director ejecutivo del grupo Generali Argentina, sostiene que este año las pérdidas globales del

    mercado asegurador continuarán siendo elevadas: entre $ 250 y $ 300 millones, un fenómeno que atribuye a la falta de

    financiamiento del mercado. Ante las pérdidas que viene arrastrando el sector, los accionistas se muestran reticentes a

    seguir inyectando más dinero a las empresas, que por esas razones, se ven obligadas a dilatar los pagos. En otros casos,

    especialmente en lo que respecta a responsabilidad civil, apelan a la instancia judicial para demorar la liquidación de

    los siniestros. Esto se explica porque los tramitaciones suelen demorar varios años, durante los cuales mantienen el

    pago en suspenso.

    El director ejecutivo de la Asociación Argentina de Compañías de Seguros, Norberto J. Pantanali, sostiene que

    junto con la recesión general de la economía, se observa un aumento de los índices de siniestralidad en los

    sectores automotor y robo, que obliga a las empresas a contemplar esa situación en el valor de las primas. En el

    rubro automotor, las denuncias por robo alcanzaban en 1994 a 10,4 unidades por cada 1.000 vehículos, un nivel

    que ahora subió a 10,57, y con tendencia a seguir creciendo, después de cierta disminución que se había

    observado desde mediados del año pasado hasta marzo de 1995.

    En lo que respecta a las personas fallecidas en accidentes de tránsito también se registra un importante aumento. En

    1994 se registraron 9.000 muertes por esa causa y este año probablemente superen las 10.000, sobre la base de los

    antecedentes del primer semestre.

    Pantanali señala que existe preocupación en el sector acerca de la reglamentación de la nueva Ley 24.557 de

    accidentes de trabajo, que obliga a constituir las ART (Administradoras de Riesgo del Trabajo). Reconoce, sin embargo,

    que la nueva disposición tiende a disminuir sustancialmente la siniestralidad, a aumentar la previsión y a evitar la

    profusión de litigios que siempre caracterizó a este sector.

    Los objetivos de la Ley no pueden ser desconocidos por nadie. El problema que se plantea está relacionado con la forma de

    instrumentarla. La cantidad de enfermedades que las ART estarán obligadas a cubrir es un aspecto fundamental en ese sentido,

    tanto como el método para determinar la tabla que estipule las incapacidades en función de las lesiones de la persona

    accidentada, afirma Pantanali.

    El índice de 3% que estima la Ley como costo promedio de esta cobertura constituye, según Pantanali, sólo una

    expresión de deseos. La experiencia del sector asegurador demuestra que es muy dificil pensar en una prima promedio

    general de ese nivel. Si bien no es fácil calcularla todavía, estimamos que será muy superior y podría acercarse a 5%.

    Para Pantanali, todo dependerá de cómo se reglamente el autoseguro. Si se permite que los riesgos nobles (de poca

    siniestralidad) puedan ser autoasegurados por las empresas, las ART deberían hacer frente a los rubros de mayor

    siniestralidad, lo que inevitablemente deberá reflejarse en el costo de las primas.

    Con respecto a la cuestión del Inder, Pantanali opina que el sector sigue muy preocupado por la forma como se

    desenvuelve ese organismo, que no está actuando correctamente para llegar a concretar definitamente su liquidación.

    Los problemas fundamentales con la entidad se concentran en los rubros de responsabilidad civil y accidentes de

    trabajo, donde actualmente permanecen en trámite cerca de 35.000 juicios iniciados contra las compañías de seguros, en

    los cuales el Inder tiene distinto grado de responsabilidad como ex agente monopólico del reaseguro. La deuda potencial

    (run off) del Inder por este concepto es difícil de determinar porque los juicios aún no tienen sentencia firme.

    Pero están los que ya tuvieron sentencia judicial definitiva y las empresas debieron hacer frente a los compromisos

    con sus propios fondos. La deuda global del Inder por estos casos alcanza a $ 350 millones, que según Pantanali tiene

    carácter exigible.

    El ahogo financiero que provoca esta deuda podría llevar a la desaparición de muchos operadores, con el

    consiguiente problema social que ello generará por la desprotección de los asegurados y de terceros, afirma Pantanali.

    El Inder está causando un daño muy grande a la imagen interna y externa de la institución aseguradora en su conjunto.

    Las grandes compañías internacionales frenaron sus inversiones en la Argentina en los rubros tradicionales, porque

    están esperando el desenlace de esta situación.

    Socios para el Mercosur

    Si bien a nivel del Mercosur las relaciones entre las empresas aseguradoras avanzaron a un ritmo menor que en otros

    renglones, comenzaron a producirse asociaciones que constituyen los primeros eslabones de un proceso que con el

    tiempo será mucho más acelerado.

    La brasileña Bradesco Seguros (perteneciente al Banco Bradesco, uno de los más importantes de Latinoamérica)

    acaba de incorporarse al mercado local como socia de La Buenos Aires, que le vendió el paquete mayoritario de las

    acciones de una empresa de su propiedad que se encontraba inactiva: La Rosario. La compañía pasó a denominarse

    Bradesco, de la cual La Buenos Aires retiene 30% del capital.

    Para el director de la empresa local, Davis Leão Machado, en su primera etapa Bradesco se dedicará

    fundamentalmente a atender la cobertura de las empresas brasileñas que se instalen en la Argentina, y que podrían

    generar un volumen anual de primas de $ 10 millones. Esta suma estará constituida básicamente por el sector

    corporativo y el de los transportes, aunque también concretará la cobertura total de las necesidades de esas empresas.

    La Buenos Aires, del Grupo Roberts, vende anualmente $ 200 millones, es decir que los ingresos iniciales previstos en la

    asociación con Bradesco representarán en la primera etapa 5% de esta cifra.

    Como contrapartida, la casa matriz de Bradesco en Brasil atenderá los requerimientos de los clientes de La Buenos

    Aires en ese país.

    Para Machado, la asociación entre ambas empresas significa el comienzo de una alianza estratégica destinada a aumentar el

    volumen de los negocios con una estructura más eficiente y menores costos.

    Esta asociación descarta la posibilidad de que en forma inmediata La Buenos Aires se instale directamente en el Brasil.

    Si los negocios de las empresas argentinas instaladas en Brasil alcanzaran en el futuro un volumen muy superior al

    actual, podría gestarse un acuerdo en simetría con el actual: La Buenos Aires desembarcaría en la plaza brasileña de la

    mano de Bradesco, a la que considera su socio estratégico en el Mercosur.

    Riesgos de trabajo

    Un Filón de $ 1.000 Millones

    Las nuevas disposiciones que reglamentarán los accidentes de trabajo constituyen un paso orientado a reducir el

    denominado costo argentino. A partir de julio del año que viene, cuando el nuevo sistema entraría en vigencia con la

    constitución de las Aseguradoras del Riesgo del Trabajo (ART), el costo de las empresas para cubrir esta eventualidad

    quedaría limitado únicamente a la cuota que convengan con la ART. La entidad tendrá a su cargo todos los gastos

    relacionados con la atención del agente siniestrado. La nueva legislación establece normas muy claras para impedir la

    famosa industria del juicio.

    Todavía se desconocen los valores que las ART percibirán para cumplir sus objetivos. No hay antecedentes que permitan

    realizar una evaluación exacta de los riesgos. Ocurre algo similar a lo que se registró con las AFJPs, cuando en la etapa inicial

    del sistema debieron hacer frente a primas de pólizas de seguro de vida muy superiores a las actuales, que ya computan la

    experiencia acumulada en casi un año y medio de vigencia del sistema.

    Las nuevas entidades tendrán diferencias sustanciales con otras ya existentes. Su actividad será básicamente

    aseguradora. Por lo tanto, no tendrán una gran capacidad de ahorro, como es el caso de las compañías que cubren

    solamente el seguro de vida o de retiro.

    Serán fundamentalmente empresas de servicios; deberán cubrir todo lo relacionado con el seguro de vida, de salud y

    de sepelio.

    Contrariamente a lo que ocurre en Chile, donde el sistema tarifario es regulado por el Estado, en la Argentina será

    totalmente libre, lo que debería impulsar la competencia en precio y en calidad de servicio.

    Cada ART deberá disponer de un capital mínimo de $ 3 millones. Se estima que operarán entre 15 y 20 entidades

    que pelearán por captar la mayor parte de la torta a repartir, estimada en $ 1.000 millones anuales.

    Las ART, sin embargo, no estarán solas. Tendrán que compartir el mercado con las empresas de seguros que

    actualmente explotan el rubro accidentes de trabajo, y que podrán seguir actuando en el sector, pero bajo condiciones

    muy distintas; esta sección deberá actuar como una unidad de negocios totalmente separada del resto de la empresa.

    Las propias empresas, según las normas aprobadas, estarán en condiciones de realizar su autoseguro, para lo cual

    también tendrán que cumplir exigencias muy estrictas.

    Seguros de vida El Plato Fuerte

    La importancia que está adquiriendo en el país el negocio de los seguros de vida, especialmente los individuales,

    impulsó a las principales empresas internacionales del rubro a instalarse en la Argentina y constituir la Asociación

    Aseguradores de Vida (Avida). Sus socios fundadores son Aetna, Caja de Seguros (ex Caja de Ahorros), ITT Cénit, La

    Buenos Aires-New York Life, Manantial, Metropolitan Life, Prinlife y Sur. La entidad está presidida por el gerente

    general de Aetna, Emilio B. Chanfreau, que ante MERCADO expresó que con la conformación de esta asociación la

    Argentina adquiere un ámbito gremial empresario específico para esta importante industria.

    A partir de los últimos años el sector alcanzó una marcada relevancia: las principales empresas a nivel mundial

    recién comenzaron a instalarse en el país a fines de 1993, con proyectos realmente importantes.

    Los planes de inversión de las empresas internacionales que arribaron al país durante los últimos dos años podrían

    sumar más de US$ 500 millones antes del año 2000, señala Chanfreau, y la cifra treparía más allá de US$ 600 millones

    a medida que se concrete la llegada de otras grandes compañías que ya anunciaron sus intenciones en este sentido.

    Las inversiones se destinarán básicamente a la capacitación del personal y a la constitución de las reservas técnicas.

    El interés demostrado por las principales empresas del exterior da la pauta de las favorables perspectivas que se

    atribuyen al sector. A fines de junio del año pasado, las pólizas de seguro de vida individual sumaban $ 30 millones, lo

    que, a un promedio de $ 1.000 anuales cada una, indicaba la existencia de apenas 30.000 pólizas.

    Se estima que en la Argentina, sobre una población activa de 14 millones de personas, más de 3 millones perciben

    retribuciones mensuales superiores a $ 1.000, lo cual demuestra, según Chanfreau, que el mercado potencial para el

    seguro de vida individual es enorme. Y esto se confirma plenamente por la circunstancia de que en los tres últimos años

    fue el rubro de mayor expansión dentro del mercado asegurador. Actualmente es el segundo segmento en importancia

    dentro del mercado total, con una gravitación de 17%, todavía muy lejos de los estándares internacionales, donde el

    seguro de vida individual tiene una participación similar al conjunto de los otros rubros.

    En el mercado local, el seguro de vida individual absorbe $ 800 millones anuales. Para acercarse a los niveles de

    países como España y Chile, debería llegar a $ 2.500 millones, sobre la base de que el mercado total asegurador ronda $

    5.000 millones.

    Este tipo de seguro tiene un gran poder de repotenciación, puesto que son los mismos clientes que se incorporan al

    sistema los que contribuyen a difundirlo entre su núcleo de amistades, afirma Chanfreau.

    Las empresas que actúan en este rubro disponen de un plantel estimado de 2.000 personas, que en los próximos años

    podría triplicarse, tanto por la expansión de las empresas que ya se encuentran operando como por las nuevas que

    tienen previsto incorporarse al mercado.

    Debido a las nuevas condiciones del mercado, los promotores deberán contar con un alto grado de profesionalidad

    para actuar como verdaderos asesores financieros.

    Las empresas nucleadas en torno de Avida, explica Chanfreau, tienen una característica que las identifica: en los

    países en que actúan cumplen estrictamente con las reglamentaciones en vigencia. Además desarrollan sus actividades

    con grandes reservas de capital, que les permiten hacer frente sin problemas a sus compromisos futuros, y proyectan sus

    operaciones a 10 o 15 años como promedio.

    Las disposiciones vigentes, por otra parte, las obligan a concretar sus inversiones en el país, lo que lleva a Chanfreau

    a pronosticar que pasarán a constituirse en los sostenes principales del incipiente mercado de capitales argentino,

    juntamente con las AFJPs.