jueves, 28 de mayo de 2026

    Lo que viene después de la boda

    ­A casi dos años
    de la fusión, ¿cuál es el mayor beneficio que obtuvieron
    Sandoz y Ciba?

    ­Profundidad en la investigación, mayores reservas y recursos,
    amplitud de portafolio y consolidación de la presencia global en los
    distintos sectores del negocio de una manera bastante balanceada. La agilidad
    con que se hizo la fusión en la Argentina nos permitió alcanzar
    las sinergias de manera bastante eficaz. Novartis en su conjunto creció
    13%, y eso no está nada mal para un primer año de fusión.
    Pero lo más interesante es que las ganancias ­antes de intereses
    e impuestos­ aumentaron 98%. Y el resultado corporativo después
    de impuestos fue casi el triple.

    ­Teniendo en cuenta que el objetivo era alcanzar un nuevo posicionamiento
    en los sectores más dinámicos donde compite la compañía,
    ¿están conformes con lo logrado?

    ­Los directivos responsables nunca podemos estar conformes; debemos tener
    un afán de superación inagotable. Sin embargo, reconociendo que
    existe bastante lugar para mejoras, contamos con una presencia francamente superior
    a la que hubiéramos tenido de permanecer separados. Y no me refiero a
    una simple suma de negocios, sino al alcance logrado y a los aspectos que ayudan
    a nuestra capacidad de financiamiento, que es bastante buena. En un año
    tan difícil como éste, Novartis Argentina consiguió US$
    170 millones y sabemos que, a pesar de la turbulencia bursátil y de la
    escasez de recursos monetarios, podríamos obtener más fondos sin
    dificultades.

    ­¿Qué sigue ahora?

    ­Las fusiones tienen dos capítulos: en primer lugar está
    lo que en el mundo financiero se llama sinergia, que son los ahorros. Este primer
    capítulo es doloroso pero tiene la ventaja de que existe un mapa para
    recorrerlo. No es la razón de ser de la fusión pero es un paso
    indispensable para tener una estructura gerencial esbelta que pueda manejar
    un negocio mucho mayor y consolidar una serie de cosas que no se necesitan por
    duplicado. El segundo capítulo es el de la potenciación. Aquí
    debemos demostrar que tenemos más capacidad para crecer que antes. En
    este caso no hay mapas y se navega en un mar ancho y turbulento. Es un proceso
    que no se da en meses sino en años. Pero tenemos un barco bien pertrechado,
    buenos instrumentos para enfrentarnos a esos mares desconocidos, suficiente
    combustible y una tripulación avezada, que ya tuvo que atravesar ese
    primer capítulo.

    ­Las estadísticas dicen que 50% de las fusiones fracasa.
    ¿Qué fue lo que impulsó el éxito del proceso en Novartis?

    ­Para empezar, se trató de una fusión de iguales desde una
    posición de fuerza. Segundo, y no menos importante, existía la
    voluntad de la alta gerencia de unirse, el compromiso de no caer en los divismos
    y ceder. En las conversaciones y discusiones con los organismos regulatorios
    se veía claramente la voluntad de fusionarse incluso haciendo sacrificios,
    escisiones, vendiendo activos y licencias. También tuvimos la suerte
    de que el mix que se dio era ideal, tanto desde el punto de vista de
    las competencias como generacionalmente. Otro factor decisivo fue comprender
    que la velocidad del proceso de fusión era fundamental, porque toda demora
    hace daño a la gente y aumenta la posibilidad de fracaso.

    ­Pero algo debe haber salido mal.

    ­Por supuesto. Aprendimos que hay que mantener el foco dirigido obsesivamente
    hacia el cliente y no tanto hacia nuestros problemas. Debido a ello, cada sector,
    en distinta medida, perdió oportunidades de negocios que podría
    haber aprovechado si se le hubiera dedicado más atención al cliente.
    Además, estoy seguro de que, con la experiencia adquirida, haríamos
    varias cosas de distinto modo. Por ejemplo, acelerar la fusión aún
    más, porque las demoras aumentan la incertidumbre y disminuyen la productividad,
    aunque muchos de los retrasos no fueron culpa nuestra sino impuestos por organismos
    regulatorios externos como la Federal Trade Commission, de Estados Unidos, y
    la Comunidad Europea. Por otra parte, a pesar de haber depositado mucha energía
    en el proceso, yo le pondría mucha más todavía si tuviera
    que pasar de nuevo por una experiencia de esa naturaleza.

    ­¿Cómo se define la estrategia de una empresa en un
    momento tan turbulento?

    ­Como principio general, cualquier compañía dice “éste
    es nuestro núcleo irreductible, nuestro músculo, lo que somos;
    mientras exista, existimos como compañía”. Dependiendo de las
    condiciones del negocio según los años y los países, se
    hacen inversiones de una manera flexible, manejándolas como un portafolio.
    Si hay una buena oportunidad en Japón, se invierte allí. Ahora
    no la hay, por supuesto. Sin embargo, un país con una mala situación
    puede ofrecer oportunidades especiales porque baja el precio de las adquisiciones,
    disminuye el costo de las operaciones o existe talento disponible que puede
    ser utilizado en investigación. De todos modos, donde aumenta el riesgo,
    y disminuyen las posibilidades de ganancia y de crecimiento, hay cierto repliegue
    estratégico sin tocar ese núcleo de identidad que es la compañía
    misma. Cuando suceden cambios drásticos es posible que la compañía
    deba replegarse en más de un sitio, aunque nosotros no estamos en el
    negocio del ahorro o de la retracción, sino del crecimiento a largo plazo.
    Puedo adelantar, por ejemplo, que Novartis Argentina no tiene ninguna intención
    de disminuir personal el año que viene sino que, por el contrario, algunos
    sectores incorporarán gente.

    ­¿Y si sobreviniera una catástrofe financiera?

    ­Si eso ocurre, y el financiamiento de los costos se multiplica por cuatro,
    tendremos que replegarnos en algunas actividades. Si nuestra capacidad de generar
    un retorno se encuentra comprometida, tendremos que bajar costos. Pero creo
    que la idea es mantenernos ágiles y reactivos en relación con
    el crecimiento que es nuestro objetivo.

    ­¿Concentración o diversificación?

    ­Cuando nos fusionamos dijimos que el leit motif de la fusión
    era la ciencia para la vida y que desde el punto de vista científico
    nos íbamos a concentrar en aquellas cosas que tienen que ver con los
    seres vivos. Por eso nos desprendimos del sector de química industrial.
    Ahora ese proceso probablemente se ha intensificado. Antes íbamos de
    productos de alto valor agregado dirigidos a públicos especializados
    ­el médico que prescribe o el productor que elige un protector para
    sus cultivos­ a artículos más sencillos como las galletitas,
    orientados al consumidor masivo. Hace un mes y medio, OTC Pharma, que maneja
    lo que se llama consumer health, decidió desprenderse de todos
    los productos de menor valor agregado y quedarse sólo con los que requieren
    mayor know how biológico, como la línea de alimentos para
    niños. Sin embargo, si bien es importante que exista una visión
    estratégica y que se adhiera a ella, no es menos esencial saber que si
    el mundo cambia radicalmente en 10 años, Novartis debe reservarse el
    derecho de adaptar su organización a los cambios. Una terquedad excesiva,
    tratando de imponer un modelo que no es viable sería un error.

    ­¿Cómo compatibilizan las necesidades de la compañía
    con las expectativas de sus empleados?

    ­Es una pregunta difícil que nos hacemos todos los días.
    Pero hay una cosa que es importante: si nuestro colaborador se identifica con
    nuestras aspiraciones y propuestas, ése es un primer paso, porque le
    da sentido a su vida profesional, que es una parte muy grande de su vida entera.
    Yo creo que para ello es fundamental que haya un entorno en el que la persona
    pueda decir “aquí vale la pena que yo ponga mi esfuerzo”. Es difícil
    que pueda motivar una compañía que sólo dice “queremos
    ganar plata y le vamos a pagar por eso”. Hay que tratar de transmitir que la
    empresa tiene aspiraciones bien altas. Si el objetivo fuera estrictamente financiero
    seríamos un banco, y si estuviera dirigido sólo a los accionistas
    seríamos agentes de bolsa. En cambio, si nos definimos con un perfil
    social como innovadores que queremos traer bienestar a todos los seres vivos,
    ya logramos un primer posicionamiento, dándole a nuestra gente la oportunidad
    de sentirse motivada en su trabajo, con una remuneración altamente competitiva
    en función de su performance.

    ­Está claro el beneficio que obtuvieron ustedes con la fusión,
    pero ¿qué provecho le dio a la sociedad?

    ­Una compañía fuerte con más capacidad de crecimiento
    a largo plazo: algo importante si tenemos en cuenta el papel protagónico
    que las empresas cumplen como instituciones en el mundo moderno. Que tengamos
    una compañía sana y con capacidad de crecimiento a largo plazo
    debería ser bueno per se, así como que mantenga puestos
    de trabajo y agregue valor a los accionistas y clientes. Pero, además,
    Novartis acaba de comprometer US$ 600 millones a la investigación biotecnológica
    en el área del agribusiness y ha fundado un instituto de investigación
    genética en California, para alcanzar un desarrollo aun mayor en un área
    tan importante para el futuro de la salud humana. Esto fue posible merced a
    la capacidad financiera que adquirió la compañía luego
    de la fusión. No obstante, ahora tenemos que demostrar que esos US$ 2.500
    millones destinados a investigación van a estar eficientemente invertidos
    y servirán para introducir productos innovadores.

    Héctor Casinelli



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