“Siempre mantuve un perfil bajo, casi subterráneo, que corría paralelo a la obtención de premios y al desarrollo de un intenso trabajo en marketing político”, dice Carlos Souto, mientras señala una de las paredes de su sala de reuniones, tapizada de trofeos.
Su aproximación al mundo de la publicidad sucedió en Brasil, cuando la irrupción de la última dictadura militar lo empujó al exilio; tenía 21 años y cursaba el tercero de la carrera de ingeniería. Después de una breve estadía en Río de Janeiro recaló en San Pablo. “Siempre fui un tipo inquieto dice, abierto a múltiples experiencias, en especial a todo lo que tiene que ver con la creatividad, por eso el quehacer publicitario me atrajo rápidamente. Y realmente allá aprendí mucho”.
De regreso a la Argentina, recorrió un abanico de ocupaciones muy diversas. “Finalmente, en enero del ´93 me lancé con esta agencia, que fue fundada con un criterio definidamente outsider: un núcleo pequeño, flexible y muy adaptable”, relata. Y agrega: “Alguien me dijo una vez que somos una estructura moderna. Yo creo, en realidad, que no es antigua, es simplemene actual: tratamos de ponerle un espejo a las necesidades que se presentan y satisfacerlas”.
Su método de trabajo consistió básicamente en contratar muy buenos creativos para hacer tareas free lance: “Tengo el orgullo señala de decir que por aquí pasaron tipos de la talla de Carlos Bayala, Alvaro Fernández Mendy, Pablo del Campo y, por supuesto, Darío Lanis y Juan Cravero, que son los que hicieron esta pieza con la que acabamos de ganar el premio en Londres. El spot tiene mucho humor y parte de una cosa cotidiana, de la necesidad real de aprender inglés, por eso a la gente del Liceo Cultural Británico le dio un resultado excelente y levantaron la inscripción de modo notable”.
La agencia, que hace seis años empezó facturando US$ 350.000, hoy ronda los US$ 7 millones y emplea a 20 personas. “Uno de nuestros puntos fuertes es el marketing político, con el que empezamos hace cinco años”, señala Souto. Esa experiencia lo llevó a acompañar a Fernando de la Rúa en las campañas para la Jefatura de Gobierno de Ciudad de Buenos Aires y la interna de la Alianza, y desde allí integrar el equipo de la campaña que lo llevó a la Presidencia de la Nación, en el que jugaron un papel esencial David Ratto y Ramiro Agulla. “La experiencia de trabajar con esos dos monstruos fue increíble porque, además de ser geniales, son dos personas fuera de serie”, reconoce Souto.
Otro eje importante de la agencia es su departamento de negocios en Internet, al que le apuesta buena parte de sus fichas.
Quizá lo que mejor define la personalidad de Souto es la anécdota que explica la sigla que acompaña su nombre: “Cuando empezamos confiesa vimos que todo el mundo tenía algún alineamiento internacional que le ponía a la marca un aditamento aparentemente valioso, así que decidí agregarle las iniciales de una consultora de relaciones públicas que yo había tenido, The Clever Company. Todo el mundo se preguntaba ´¿qué cadena será esa?´; y bueno, así quedó”.
