Investigadores del Centro de Neurociencias Cognitivas (CNC) de la Universidad de San Andrés presentaron dos trabajos recientes que ponen el foco en cómo el entorno y los marcos conceptuales influyen en la comprensión y el cuidado de la salud cerebral, en el marco del Día Mundial del Cerebro, que se celebra el 22 de julio.
El primer hallazgo corresponde a un estudio internacional liderado por el CNC y publicado en *Nature Medicine*. El trabajo evaluó en conjunto 73 factores ambientales, sociales y políticos para estudiar su relación con el envejecimiento cerebral. Entre las variables consideradas figuran la contaminación del aire, la calidad del agua, la desigualdad socioeconómica, el acceso a la atención sanitaria y la estabilidad institucional.
El resultado central fue que la combinación de esos 73 factores explicó hasta 15,5 veces mejor el envejecimiento cerebral que el análisis de cada factor por separado. La conclusión plantea que el cerebro responde a la suma de las condiciones en las que viven las personas, más que a un único riesgo aislado.
El mismo estudio identificó condiciones del entorno que pueden acelerar hasta nueve veces el envejecimiento del cerebro. Entre los ejemplos mencionados aparecen respirar aire contaminado, vivir en una sociedad más desigual o atravesar escenarios de inestabilidad política. También se señaló que, en algunos casos, ese impacto podría ser incluso mayor que el de las enfermedades neurodegenerativas.
“Habitualmente, las recomendaciones en la consulta clínica se centran en el estilo de vida individual: hacer más ejercicio, mantener la estimulación cognitiva y cuidar la dieta”, dijo Agustina Legaz, investigadora del CNC de UdeSA y una de las autoras del estudio. “Es necesario poner mayor foco en políticas públicas orientadas a mejorar la calidad del ambiente y a fortalecer las instituciones democráticas”, agregó.
El segundo avance, publicado en *Neuroscience & Biobehavioral Reviews*, aborda un cambio de metáfora para pensar el funcionamiento mental. El trabajo propone reemplazar una de las imágenes más extendidas en neurociencia —la mente como una computadora que almacena y procesa información— por otra más dinámica: la música.
Según el estudio, una composición musical permite comprender mejor cómo el cerebro integra información, anticipa lo que ocurrirá, aprende y se adapta al contexto. “Las viejas metáforas funcionan bien cuando los dominios son similares”, dijo Agustín Ibáñez, investigador del CNC. Para el equipo, este cambio de enfoque podría abrir nuevas formas de investigar el cerebro e inspirar estrategias de diagnóstico, rehabilitación y futuras neurotecnologías.












