miércoles, 22 de julio de 2026

Un estudio de la Universidad de San Andrés asocia el entorno al envejecimiento cerebral acelerado

Respirar aire contaminado, vivir en una sociedad más desigual o atravesar escenarios de inestabilidad política puede acelerar hasta nueve veces el envejecimiento del cerebro. Esa conclusión surge de un estudio internacional liderado por investigadores del Centro de Neurociencias Cognitivas (CNC) de la Universidad de San Andrés, recientemente publicado por la revista científica Nature Medicine.

El trabajo pone el foco en determinantes que exceden los hábitos individuales. Durante años, las recomendaciones para proteger el cerebro se concentraron en decisiones personales como hacer ejercicio, comer de forma saludable o mantener la mente activa. Sin cuestionar esas conductas, el estudio plantea que explican solo una parte del fenómeno y que el cerebro responde a la suma de condiciones en las que se vive.

Para llegar a esa conclusión, el equipo analizó en conjunto 73 factores ambientales, sociales y políticos. Entre ellos se incluyeron la contaminación del aire, la calidad del agua, la desigualdad socioeconómica, el acceso a la atención sanitaria y la estabilidad institucional. Al evaluar esa combinación, los investigadores comprobaron que explicaba hasta 15,5 veces mejor el envejecimiento cerebral que estudiar cada factor por separado.

Agustina Legaz, investigadora del CNC de UdeSA y una de las autoras, sintetizó el alcance del hallazgo en relación con la práctica médica: “Habitualmente, las recomendaciones en la consulta clínica se centran en el estilo de vida individual”.

En vísperas del Día Mundial del Cerebro, que se celebra el 22 de julio, Legaz planteó que el desafío es ampliar la mirada sobre la prevención y considerar intervenciones más allá de las conductas personales. “Es necesario poner mayor foco en políticas públicas orientadas a mejorar la calidad del ambiente”, señaló.

En paralelo, el CNC difundió otro trabajo reciente que propone revisar una de las metáforas más influyentes de la neurociencia: la mente como una computadora que almacena y procesa información. En su lugar, plantea una imagen más dinámica: la música. Publicado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews, el estudio sostiene que una composición musical permite comprender mejor cómo el cerebro integra información, anticipa lo que ocurrirá, aprende y se adapta al contexto.

Agustín Ibáñez, investigador del CNC, explicó el límite de la comparación con sistemas informáticos: “Las viejas metáforas funcionan bien cuando los dominios son similares”. En esa línea, sostuvo que el enfoque musical permite observar la cognición “en movimiento, en el espacio-tiempo” y que el cambio de paradigma podría abrir nuevas formas de investigar el cerebro e inspirar estrategias de diagnóstico, rehabilitación y futuras neurotecnologías.