Cristian Ribera, de 23 años, y Aline Rocha alcanzaron marcas inéditas para Brasil en los Juegos Paralímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 dentro del esquí de fondo sentado. Ribera obtuvo la medalla de plata en la prueba masculina de sprint sentado y se convirtió en el primer atleta sudamericano en subir al podio de unos Juegos Paralímpicos de Invierno. Rocha finalizó quinta en el sprint sentado femenino, un resultado que elevó el estándar para las mujeres brasileñas en esta disciplina.
El punto de partida de ambos se construyó lejos de la nieve. La preparación se sostuvo, en gran parte, sobre superficies secas: en Brasil entrenaron con esquís sobre ruedas, una modalidad utilizada en Europa durante el verano. “Durante casi todo el año entrenamos en asfalto”, comentó Ribera. En ese esquema, el atleta detalló que el año previo recorrió alrededor de 5.000 kilómetros como parte de su entrenamiento, con el objetivo de llegar a la nieve con capacidad de adaptación rápida.
El traslado de esa potencia al terreno invernal implicó cambios técnicos. En el pavimento, el impulso se apoya en el uso de bastones; en la nieve, el equipamiento se vuelve más sensible y exige un equilibrio que se domina con años de práctica. A esa exigencia se sumó el entorno: Ribera recordó su primera experiencia de entrenamiento en Suecia, en diciembre de 2016, cuando el invierno nórdico le generó un choque cultural por la falta de luz. “Eran alrededor de las 2:30 o las 3:00 de la tarde, y ya era de noche”, recuerda Ribera.
La curva de aprendizaje de Rocha tuvo un episodio todavía más extremo. En su primer evento internacional en Ucrania, las temperaturas descendieron hasta -28°C. La atleta sufrió choques en varias ocasiones, pero logró cruzar la meta y, con ese antecedente, abrió puertas para que otros deportistas paralímpicos brasileños llegaran a los Juegos Paralímpicos de Invierno.
En el camino hacia Milano Cortina 2026, ambos recibieron patrocinio de TCL, patrocinador mundial de los juegos olímpicos y paralímpicos en la categoría de equipos audiovisuales del hogar y electrodomésticos, como integrantes del equipo de TCL. El apoyo incluyó conocimientos especializados y equipos para el Centro Internacional de Transmisión, además de electrodomésticos —como lavadoras— para la Villa Olímpica. También se preparó un conjunto de televisores probados para resistir las condiciones del evento, utilizados para que los atletas pudieran comunicarse con sus seres queridos después de cada prueba, dentro del “Momento del atleta”.
El aporte tecnológico se integró a la rutina de entrenamiento y análisis técnico. “Los televisores mini LED de pantalla grande de TCL, con su increíble claridad, contribuyeron a que pudiéramos ver nuestras sesiones de entrenamiento”, explica Ribera. El atleta también describió el efecto psicológico del respaldo: “El impacto mental es muy fuerte, porque ahora podemos decir que somos colaboradores de TCL”.
Rocha reformuló su propia narrativa personal: dejó de pensar su vida como “un antes y un después del accidente que la puso en silla de ruedas” y pasó a ordenarla como “un antes y un después del deporte”. En paralelo, Ribera vinculó la visibilidad con una idea de representación: “Lo más importante es mostrarles a otros niños y a otras personas que podemos hacer lo que queramos”.












