El cáncer de riñón suele desarrollarse sin síntomas en sus etapas iniciales, una característica que dificulta la detección temprana y explica que muchos diagnósticos lleguen de manera incidental, durante estudios por imágenes solicitados por otros motivos. En Argentina, la enfermedad podría estar causando más de 2.500 muertes al año, y las proyecciones anticipan un crecimiento sostenido hacia las próximas décadas.
De acuerdo con las últimas estimaciones de GLOBOCAN/Cancer Tomorrow, para 2030 se espera que el país registre más de 2.800 muertes por cáncer de riñón. La misma fuente proyecta que, para 2050, la cifra ascendería a 4.285 muertes anuales. En la comparación regional, esas proyecciones ubican a Argentina como el tercer país con más muertes en América Latina y el Caribe.
La carga también aparece en el desglose de rankings para 2025. Según GLOBOCAN/Cancer Tomorrow, Argentina ocuparía el tercer lugar en América Latina y el Caribe en cantidad de muertes por cáncer de riñón. Mientras que en la región este tumor se ubicaría en el puesto 16 entre las causas de muerte por cáncer, en Argentina se posicionaría en el décimo lugar. En términos de incidencia, se estimó que sería el séptimo cáncer más frecuente.
Entre los factores que explican la detección tardía, los especialistas señalan que, por su ubicación en el cuerpo, los tumores pequeños no suelen ser detectables mediante un examen físico. En ese marco, recomiendan controles periódicos, en particular para quienes tienen antecedentes familiares, enfermedades hereditarias o problemas renales crónicos, y la consulta médica para evaluar la necesidad de estudios como ecografías, tomografías o resonancias.
Las causas del cáncer de riñón están vinculadas principalmente a alteraciones en el material genético de las células renales, que pueden ser hereditarias o adquiridas a lo largo de la vida. La mayoría de los casos corresponde a alteraciones adquiridas, asociadas al tabaquismo, la obesidad o la exposición a determinadas sustancias químicas que pueden dañar el ADN celular y favorecer el desarrollo de tumores.
“Dejar de fumar, hacer ejercicio regularmente, mantener una alimentación nutritiva, controlar la presión arterial y evitar la exposición a sustancias químicas de uso industrial son medidas clave de prevención”, dijo Gabriela Bugarin, directora médica de Oncología del laboratorio MSD.
Aunque al inicio puede pasar inadvertida, con el avance del tumor pueden aparecer signos como sangre en la orina, dolor persistente en un costado de la espalda baja, masa palpable, fatiga, pérdida del apetito, adelgazamiento involuntario, fiebre prolongada sin causa aparente y anemia. La presencia de alguno de estos síntomas no implica necesariamente cáncer, pero requiere consulta médica para determinar su origen.
El tratamiento depende del estadio, del estado general del paciente y del tipo de tumor. Cuando se detecta tempranamente, la cirugía suele ser la principal alternativa, aunque también pueden utilizarse ablación, radioterapia o vigilancia activa en determinados casos. En enfermedad avanzada o diseminada, pueden indicarse inmunoterapia, terapias dirigidas o, en algunos casos, quimioterapia, además de abordajes orientados a aliviar síntomas y mejorar la calidad de vida.
“La medicina ha avanzado de forma significativa y afortunadamente hoy más del 50% de los pacientes con cáncer renal en estadio temprano pueden curarse”, dijo Bugarin, directora médica de Oncología del laboratorio MSD.












