El Instituto de Ciencias Aplicadas al Deporte (ICAD), con sede en Madrid, elaboró su primer informe, titulado Del club como comunidad al fútbol como industria, centrado en la evolución de los modelos de propiedad y gobierno de los clubes de América Latina y en la diversidad de arreglos que conviven en la región.
El documento reconstruye un punto de partida común: durante buena parte del siglo XX, los clubes latinoamericanos nacieron como asociaciones con orígenes diversos —inmigrantes, obreros, estudiantes o empleados de una misma empresa— y bajo una premisa compartida: “el club se organizaba a sí mismo, no era un activo de alguien”. En ese esquema, la ausencia de pagos por jugar impedía que terceros reclamaran una renta.
De la asociación al problema de la sostenibilidad
El informe ubica un quiebre con la profesionalización del fútbol, un proceso que “casi toda la región atravesó entre las décadas de 1930 y 1940”. En ese contexto, plantea: “Cuando el fútbol empezó a mover el dinero suficiente para que alguien pudiera vivir de él”, se volvió relevante discutir quién financiaría la actividad, quién la administraría y quién decidiría sobre su futuro. La profesionalización, además, convirtió la sostenibilidad económica en un problema central: instituciones creadas por vecinos, trabajadores, estudiantes y universidades comenzaron a administrar salarios, ingresos y deudas, mientras la expansión de la industria profundizó la tensión entre financiamiento y poder.
A partir de allí, el relevamiento expone caminos nacionales con rasgos propios. Brasil acompañó la apertura societaria con instrumentos tributarios y de tratamiento de deudas; Colombia facilitó la capitalización mediante una conversión voluntaria que terminó generalizándose; y Perú incorporó incentivos con difusión limitada. Argentina y Paraguay quedaron “entre la apertura estatal y la resistencia institucional”, y en Paraguay se registra una prohibición legal respaldada por clubes y federación.
Vetos, trayectorias y comparación internacional
El informe agrega que Bolivia habilitó estructuras societarias sin conversiones formales registradas; que en Uruguay se extendieron sociedades deportivas mientras Peñarol y Nacional mantuvieron su organización asociativa; que Chile avanzó en 2026 hacia nuevos controles sobre propiedad y conflictos de interés, aún en implementación; y que México construyó un fútbol comercializado sin un régimen societario único.
Entre sus conclusiones, el trabajo afirma que “el impulso a las sociedades anónimas deportivas encontró vetos federativos, judiciales y asociativos” y que, al cierre del informe, no se verificaban conversiones efectivas. También sostiene dos ideas: que América Latina no converge hacia un único modelo de club privado o forma jurídica central, y que las trayectorias no se explican solo por cambios legislativos, sino por crisis financieras, coaliciones políticas, capacidad de veto, legitimidad de actores que resisten y atractivo económico real del negocio.
En el tramo comparado, el documento contrasta la región con España, Alemania, Inglaterra y la MLS. Sobre España, destaca que la Ley del Deporte de 1990 obligó a los clubes profesionales a transformarse en sociedades anónimas deportivas, salvo cuatro excepciones por solvencia patrimonial, y que la Ley del Deporte de 2022 volvió a admitir la participación de clubes y sociedades en competiciones profesionales, al reconocer que el mandato original no había resuelto los problemas que prometía resolver.
Se puede acceder al informe completo en el sitio web de la organización desde aquí












