Reducir el tiempo frente a dispositivos digitales se convirtió en una meta frecuente, pero difícil de sostener cuando el intento se limita a un detox digital de tipo punitivo o restrictivo. En ese marco, toma forma el concepto de desconexión activa: en lugar de prohibir la tecnología, propone recuperar actividades capaces de competir por la atención y ofrecer disfrute, presencia y un motivo concreto para no volver de inmediato al celular.
La hiperconexión no se presenta como un problema exclusivo de la infancia. Adultos, jóvenes y chicos comparten atención fragmentada y fatiga cognitiva, lo que vuelve más complejo el desafío doméstico. En ese escenario, el juego de mesa analógico aparece como una pausa compartida, con el compromiso de soltar los dispositivos para todos los integrantes del hogar.
Exposición a pantallas y señales de malestar
El Monitoreo de uso de pantallas elaborado por el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires junto al ITBA, sobre más de 3.200 estudiantes secundarios, registró que los jóvenes pasan en promedio más de seis horas diarias frente a pantallas. En ese relevamiento, el 24,9% mostró riesgo de uso problemático del smartphone, mientras que el 31,2% presentó señales de ansiedad y el 38,1% de depresión.
Otro relevamiento, Kids Online Argentina 2025, de Unicef y Unesco, indicó que el 95% de chicos y adolescentes de entre nueve y 17 años cuenta con un celular propio con acceso a Internet y que el 46% percibe algún uso problemático relacionado con Internet, celulares o videojuegos. En el mundo adulto, el promedio de uso de redes sociales llegó a 13,4 horas semanales: el 44% admitió pasar más tiempo del planeado y el 49% reconoció que tomarse pausas de desconexión mejora de forma directa su bienestar mental.
El tablero como competencia por la atención
En ese contexto, los juegos de mesa modernos aparecen como alternativa para recuperar momentos de interacción presencial entre generaciones. Juan Del Compare, Marketing Manager de Devir Argentina, planteó que “sin duda observamos un mayor interés en los juegos de mesa modernos”.
Del Compare también vinculó ese crecimiento con rasgos de diseño. Por un lado, la atención inmersiva: “Jugar un juego de mesa moderno requiere de atención constante”. Por otro, la no eliminación de jugadores: a diferencia de títulos tradicionales que podían dejar participantes afuera a mitad de camino, en estos juegos todos juegan hasta el final.
La especialista en educación y cuidados digitales Lucía Fainboim, directora de la consultora Bienestar Digital, puso el foco en el rol adulto: “Tenemos que construirnos no solo como ejemplo, sino como mapa”. En talleres en escuelas primarias, Fainboim observó que los chicos valoran a las familias que reservan un momento para dejar el celular y compartir un juego de mesa.
Para incorporar estas pausas sin alterar la dinámica cotidiana, Del Compare señaló que hay opciones con partidas breves: “Los juegos modernos son tan variados que existen muchísimas opciones con partidas que duran 10 o 15 minutos, o incluso menos”. Entre tendencias en Argentina, mencionó propuestas familiares y el descubrimiento de dinámicas cooperativas, como La Isla Prohibida. Para dar los primeros pasos, Devir sugirió Fantasma Blitz, Trio y One Round, con partidas de entre 10 y 15 minutos orientadas al público familiar.












